Stargate, el programa de la CIA para espiar usando poderes paranormales

Durante más de 20 años la CIA financió un programa de investigación llamado Stargate para comprobar si las personas que dicen tener poderes paranormales eran de utilidad en algún campo de espionaje.

 

La información es poder. El miedo a perder la hegemonía mundial en algún campo potencialmente peligroso hace que se financien investigaciones que pueden parecer que a quien las encarga se le ha ido la pinza. Así, en 1984 el Instituto de Investigación del Ejército pidió a la Academia Nacional de Ciencias (NAS) un estudio de todas aquellas técnicas que permitiesen aumentar el rendimiento de sus soldados como el uso de poderes psíquicos, la visualización, el aprendizaje durante el sueño... El comité encargado de evaluar estas técnicas, compuesto por catorce expertos -casi todos ellos psicólogos- concluyó que no encontraba “ninguna justificación científica en las investigaciones realizadas durante 130 años para considerar la existencia de fenómenos parapsicológicos.” Evidentemente el informe, publicado en diciembre de 1987, no sentó nada bien en círculos parapsicológicos. Se le acusó de parcialidad porque dos de sus principales evaluadores, Ray Hyman y James Alcock, eran conocidos escépticos. Pero en realidad lo que había hecho el Instituto de Investigación del Ejército fue pedir una segunda opinión, pues en 1985 ya había recabado un informe sobre la investigación en parapsicología a John Palmer, un conocido parapsicólogo.

Pero todo lo sucedido era poca cosa comparado con lo que con el cambio de década iba a sacar a la luz. En Noviembre de 1995 la Agencia de Inteligencia para la Defensa (DIA) revelaba la existencia de un proyecto Alto Secreto bajo el nombre clave de Stargate, suspendido y desclasificado durante la primavera de ese año. Los apasionados creyentes en lo paranormal se frotaron las manos: era la prueba palpable del interés de los servicios de inteligencia por los fenómenos psíquicos, y seguramente proporcionaba una prueba a favor de su existencia.

Experimentos en visión remota

Todo comenzó a principios de los años 70, cuando la CIA financió un programa para ver si la llamada ‘visión remota’ podía tener interés para sus operaciones. Un experimento en visión remota consiste en lo siguiente: en una habitación aislada se coloca al ‘dotado’ y se le pide que se concentre en la imagen que está mirando otra persona en otro lugar, y la dibuje o la describa. Después se comprueba si ha dado una descripción acertada del objetivo. Esta investigación fue realizada en el Stanford Research Institute, bajo la dirección de dos conocidos parapsicólogos, Harold Puthoff y Russell Targ. Además, se utilizaron a otros dotados para ver si podían proporcionar información real y de utilidad para la CIA. A finales de la década de los 70, la CIA abandonó el programa y la DIA tomó el relevo, lo amplió y le puso el nombre clave de Stargate. Durante veinte años el gobierno norteamericano se gastó más de 270 millones de pesetas de entonces en el proyecto. Estaba dividido en tres partes: la primera consistía en monitorizar lo que otros países estaban haciendo en el campo de la guerra psíquica y del espionaje; la segunda, el ‘Programa de Operaciones’, consistió en mantener en nómina del gobierno a seis 'dotados' para que las diferentes agencias del gobierno utilizasen sus servicios; y el tercero era la investigación de laboratorio llevada a cabo primero en el Stanford Research Institute y luego en el Science Applications International Corporation (SAIC) de California.

La desclasificación del programa a principios de 1995 permitió un análisis externo de sus resultados. Debido a cierta polémica respecto al programa, un comité del Senado decidió transferirlo de vuelta a la CIA. La CIA, antes de decidir el destino del programa, contactó con el Instituto Americano de Investigación (AIR) para que lo evaluara. El AIR contrató a una estadística de la universidad de California y parapsicóloga, Jessica Utts, y al escéptico Ray Hyman para analizar las investigaciones del SAIC, mientras que el propio AIR revisaría el Programa de Operaciones. El análisis del AIR sobre el trabajo de los psíquicos con objetivos reales fue devastador: “Nuestra conclusión es que en este momento sería prematuro suponer que tenemos una demostración convincente de los fenómenos paranormales”. Aún más, “la visión remota no ha mostrado tener valor en operaciones de inteligencia” y que “no hay motivo para seguir financiando la componente operacional de este programa”.

Por otro lado, Utts y Hyman coincidieron en su análisis en que los mejores experimentos produjeron resultados positivos por encima de lo esperado por azar. ¿Teníamos el fin una prueba sólida de que la percepción extrasensorial existía? Por desgracia tenía una importante falla: el juez que decidía los aciertos era el investigador principal y no alguien que no tuviera nada que ver con el programa. Habría que esperar a que se utilizaran jueces independientes para poder decidir la importancia de estas investigaciones. A partir de aquí Utts y Hyman no se pusieron de acuerdo. A pesar de ello, para Utts era prueba suficiente de la existencia de poderes psíquicos; para Hyman, no. No hasta que investigadores independientes reprodujeran los resultados y hasta que la parasicología “ofrezca una teoría positiva que nos permita decidir cuándo lo psi está presente y cuándo ausente”.

Nunca se volvió a intentar, por lo que jamás sabremos hasta qué punto los resultados obtenidos fueron un indicio de algo que está por descubrir.

Referencias:

Mumford, M D.; Rose, A M.; Goslin, DA. (1995). An Evaluation of Remote Viewing: Research and Applications. The American Institutes for Research

McMoneagle, Joseph (1997). Mind trek: exploring consciousness, time, and space through remote viewing, Hampton Roads Pub

Jacobsen, A (2017), Phenomena: The Secret History of the U.S. Government's Investigations into Extrasensory Perception and Psychokinesis. Little, Brown.

 

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Astrofísico y doctor en física teórica. Miembro del Comité Editorial de Muy Interesante, es autor de catorce libros, más de 300 artículos y creador de una treintena de proyectos de divulgación científica. Es colaborador habitual en prensa, radio y televisión, y consultor para exposiciones temporales y museos.

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