Seres vivos mutantes del accidente de Chernóbil

Aunque la explosión del reactor supuso la muerte de una gran cantidad de plantas y animales, la vida volvió a colonizar la zona de exclusión, formando un ecosistema único.

 

El 26 de abril de 1986, en Chernóbil (Ucrania), sucedió el mayor y más grave accidente nuclear de la historia, por encima del sucedido en Fukushima. La central nuclear sufrió una fusión del núcleo, que causó una gran explosión de hidrógeno que hizo volar la tapa del reactor. Una nube radiactiva de 162 000 kilómetros cuadrados se expandió por Europa y alcanzó América del Norte.

Este accidente representa la mayor liberación de material radiactivo al medioambiente de la historia, con un volumen 500 veces superior al de la bomba atómica de Hiroshima.

Para poder reducir la exposición humana a esta fuente de radiación, tras el accidente, se evacuó el área y se estableció una zona de exclusión de 30 kilómetros de radio en torno a la planta, en la cual quedó prohibida la presencia de asentamientos y actividades.

Sin embargo, la vida silvestre seguía ahí. Y sufrió las consecuencias del accidente.

Distribución de la radiación en Europa en mayo de 1986 (Moller et al., 2006)
Distribución de la radiación en Europa en mayo de 1986 (Moller et al., 2006)

Vida tras la catástrofe

La intensa radiación ionizante causó daños generalizados en el ADN de los seres vivos expuestos a ella y, con ello, la biodiversidad se vio mermada. Sin embargo, no  todos los seres vivos sufrieron consecuencias negativas. Ciertas poblaciones se han recuperado del desastre, y existen signos de adaptación a la radiación. El debate científico sobre los efectos a largo plazo de la exposición a niveles moderados de radiación ionizante continúa.

En las comunidades de microorganismos, no se observan cambios en la diversidad de bacterias entre zonas con altos y bajos niveles de radiación. Sin embargo, la composición de especies sí cambia. Se han encontrado bacterias y arqueas resistentes a la radiación en la zona de exclusión, que están poco o nada representadas en las zonas más limpias. Destacan algunas especies capaces de reducir el uranio.

Las plantas: supervivientes adaptables

Las plantas fueron las que más cantidad de lluvia radiactiva retuvieron desde el principio; entre el 60 y el 90% de los isótopos radiactivos fueron inicialmente interceptados por el denso dosel de pinos. Los primeros signos de lesión fue el amarillamiento y la muerte de las acículas, que comenzó a las dos semanas del accidente. Como acabaron cayendo al suelo, la mayor parte de los isótopos migró a la hojarasca en menos de dos meses, y allí quedó acumulada durante 7 años.

Se observaron cuatro zonas de vegetación afectadas de distinta forma. Por un lado, la radiación fue letal en una extensión de 600 hectáreas. En un área de 3800 hectáreas hubo una mortandad parcial —entre la mitad y tres cuartos de los árboles se secaron—, y los que se mantuvieron vivos dejaron de crecer y reproducirse durante más de 5 años. Una tercera zona de 11 900 hectáreas sufrió un daño moderado, con cese del crecimiento y esterilidad femenina parcial. La zona que menos daño sufrió cubría el resto del bosque de la zona de exclusión, y aunque también hubo inhibición del crecimiento, se observó que la reproducción continuaba.

Las plantas herbáceas, por su parte, recibieron menos radiación y de forma más paulatina, lo que les permitió adaptarse a la radiación. Aún así, durante el primer año, la floración y la reproducción quedaron severamente afectadas.

En general, hubo una mayor tasa de mutaciones en la cubierta vegetal, que causaron deformidades en el crecimiento. Se observaron ramificaciones de tallos, duplicaciones de racimos, cambios en el color y el tamaño de las hojas y flores, y gigantismo.

Animales: mutación o extinción

Entre los animales también fueron abundantes las mutaciones. Muchas provocaron su muerte y graves daños en sus poblaciones. Pero la vida se abre camino, y una perturbación puede suponer nuevas puertas al proceso evolutivo.

En algunas poblaciones de ranas supervivientes se ha encontrado una historia evolutiva reciente independiente en comparación con otras poblaciones europeas. En estas ranas se ha observado una elevada tasa de mutación mitocondrial. Se piensa que pudieron compensar el impacto de las mutaciones nocivas gracias a que contaban con enormes nidadas repletas de huevos. La presión selectiva actuaría con fuerza sobre ellas, de ahí que las poblaciones tengan pocos individuos muy mutados.

También en las aves se han observado mutaciones. En la golondrina común se han detectado casos de albinismo parcial y asimetría en las plumas. Estas mutaciones, muy raras en la naturaleza, se han multiplicado por cinco en el área de exclusión.

Golondrina normal (izquierda) y con albinismo parcial (derecha) (Moller et al., 2006)
Golondrina normal (izquierda) y con albinismo parcial (derecha) (Moller et al., 2006)

La mayor parte de mamíferos que sufrieron el accidente no vivieron mucho tiempo. Sin embargo, la zona no tardó en colonizarse de nuevo por roedores, lobos, corzos, alces, jabalíes y ciervos, procedentes de áreas cercanas menos afectadas.

En las inmediaciones de Chernóbil, actualmente el grupo de mamíferos más abundante es el de los roedores. La velocidad tan alta de reproducción y las camadas muy numerosas los hace muy aptos para soportar los efectos de la radiación crónica.

Sin embargo, eso no les hizo inmunes a las mutaciones. Más del 20% de los topillos nórdicos (Microtus oeconomus) de la región sufren de anemia hipercrómica. También se han observado problemas hepáticos, endocrinos y renales.

La naturaleza sigue adelante

Los efectos de las mutaciones y alteraciones en animales, plantas y microorganismos tiene un reflejo en el ecosistema. El papel de los procesos evolutivos desencadenados por el desastre de Chernóbil hace 36 años aún no se comprende completamente, y se necesitarán más observaciones a largo plazo para entender las dinámicas ecológicas que se deriven.

Los estudios a gran escala han permitido, sin embargo, obtener información única sobre las respuestas de la naturaleza en diferentes niveles de organización biológica —desde el nivel molecular hasta el ecosistémico—, y en condiciones de contaminación radiactiva cambiante, desde prácticamente nula hasta niveles letales.

Esta información permite comprender los riesgos ambientales de la radiación ionizante. En este sentido, Chernóbil se ha convertido en un sitio de pruebas único en el mundo.

Mientras tanto, en la zona de exclusión la vida se abre camino, desarrollándose ecosistemas únicos, adaptados a la presencia crónica de esa radiación.

 

REFERENCIAS:

Geras’kin, S. A. et al. 2008. Effects of non-human species irradiation after the Chernobyl NPP accident. Environment International, 34(6), 880-897. DOI: 10.1016/j.envint.2007.12.012
IAEA. 2016, noviembre 7. Frequently Asked Chernobyl Questions [Text].
International Atomic Energy Agency; IAEA.
Moller, A. et al. 2006. Biological consequences of Chernobyl: 20 years on. Trends in Ecology & Evolution, 21(4), 200-207. DOI: 10.1016/j.tree.2006.01.008
Videvall, E. et al. 2022. Impact of ionizing radiation on the environmental microbiomes of Chernobyl wetlands [Preprint]. Ecology. DOI: 10.1101/2022.01.17.476627
Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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