Secuencian el genoma de un habitante de Pompeya

Hace casi 2000 años la erupción del Vesubio devastó la ciudad italiana de Pompeya. En el año 79 d.C. tuvo lugar el desastre, que acabó con la vida de miles de personas que vivían en Pompeya, Herculano y otros asentamientos. Ahora, un grupo de científicos ha logrado secuenciar el genoma de una persona que vivió en Pompeya y pereció en la catástrofe.

La erupción del Vesubio se considera una de las catástrofes volcánicas más devastadoras de la historia de la humanidad. Sucedió en el 79 a.C., devastó Pompeya y acabó con la vida de miles de personas que vivían en la ciudad, en Herculano y en otros asentamientos, víctimas del intenso calor de las olas piroclásticas que el volcán envió a sus alrededores o asfixiadas por el gas, la ceniza y la piedra pómez que llovieron del cielo.

Ahora, un grupo de científicos ha logrado secuenciar el genoma de un hombre que se encontraba en la mitad de su vida cuando sucedió el desastre y ha descubierto, además de su perfil genético, que padecía tuberculosis.

Esto es todo un descubrimiento ya que siempre se ha pensado que las altas temperaturas que se dieron habrían destruido la matriz ósea en la que reside el ADN y por tanto el análisis de este sería inviable. Sin embargo, la ceniza que cubrió a las víctimas y preservó su destino durante casi dos milenios podría haber actuado como un escudo contra los factores ambientales que, como el oxígeno, inducen una mayor degradación.

Víctima de Pompeya
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Los intentos anteriores de analizar el ADN de los antiguos pompeyanos utilizaron técnicas de reacción en cadena de la polimerasa, devolviendo cortos segmentos de ADN de víctimas humanas y animales, y sugiriendo que al menos parte de la información genómica había sobrevivido a los estragos del volcán y al tiempo.

En la actualidad, los avances que se han producido en materia de secuenciación del genoma han hecho que la información que puede obtenerse de fragmentos de ADN que antes estaban demasiado dañados para ser viables haya aumentado drásticamente.

En su nuevo estudio, el arqueólogo Gabriele Scorrano, de la Universidad de Roma y sus colegas intentaron aplicar las técnicas nuevas a los restos de dos víctimas humanas del Vesubio. Las dos fueron encontradas en una habitación de un edificio que ahora se conoce como la Casa del Fabbro o Casa del Artesano. El primer individuo era un hombre, de entre 35 y 40 años en el momento de la muerte, que medía unos 164,3 centímetros. El segundo era una mujer, de más de 50 años cuando murió, que medía alrededor de 153,1 centímetros. Ambas alturas coinciden con las medias romanas de la época

De estos individuos, los investigadores extrajeron el ADN del hueso petroso del cráneo, uno de los más densos del cuerpo y, por tanto, uno de los que más posibilidades tienen de conservar ADN viable. Utilizando métodos idénticos, se extrajo y secuenció material de ambos huesos. Sin embargo, solo el del hombre produjo suficiente ADN para un análisis razonable.

El equipo comparó la muestra con los genomas de 1030 individuos antiguos y 471 modernos de Eurasia occidental. Los resultados sugieren que el hombre era italiano, ya que la mayor parte de su ADN coincide con el de personas del centro de Italia, tanto en la antigüedad como en la actualidad. Sin embargo, había algunos genes que no se observan en los habitantes de la península italiana, sino que se encuentran en la isla de Cerdeña. Esto sugiere, según los investigadores, que había un alto nivel de diversidad genética en toda la península italiana durante la época en que vivió el hombre.

La hipótesis tiene sentido dado lo mucho que se desplazaban los antiguos romanos y la cantidad de esclavos que importaban de otras regiones. La elevada proporción de genes asociados a la población italiana sugiere que el hombre era italiano, no un esclavo.

Curiosamente, el material genético obtenido de su hueso pétreo mostraba evidencias de la presencia de ADN de Mycobacterium tuberculosis, la bacteria que causa la tuberculosis. Un estudio minucioso de sus vértebras sugiere que padecía tuberculosis espinal, una forma especialmente destructiva de la enfermedad.

Esto es coherente con los registros escritos de Aulus Cornelius Celsus, Galeno, Caelius Aurelianus y Aretaeus de Capadocia. Y es que la aparición de un estilo de vida urbano y el consiguiente aumento de la densidad de población durante el Imperio Romano facilitaron la propagación de la tuberculosis, que probablemente no era infrecuente.

El avance abre la puerta a poder saber más sobre la vida de los habitantes de Pompeya, que murieron de manera espantosa y masivamente por la erupción del Vesubio. "Nuestro estudio, aunque limitado a un solo individuo, confirma y demuestra la posibilidad de aplicar métodos paleogenómicos para estudiar los restos humanos de este sitio único", escriben los investigadores en su artículo. "Nuestros hallazgos iniciales proporcionan una base para promover un análisis intensivo de individuos pompeyanos bien conservados. Apoyados por la enorme cantidad de información arqueológica que se ha recogido en el último siglo para la ciudad de Pompeya, sus análisis paleogenéticos nos ayudarán a reconstruir el estilo de vida de esta fascinante población del periodo imperial romano."

 

Referencia: Scorrano, G., Viva, S., Pinotti, T. et al. 2022. Bioarchaeological and palaeogenomic portrait of two Pompeians that died during the eruption of Vesuvius in 79 AD. Scientific Reports. DOI: https://doi.org/10.1038/s41598-022-10899-1

Mar Aguilar

Mar Aguilar

Me hubiera gustado ser médica pero le tengo terror a la sangre. Por eso, escribir sobre salud no me parece mal plan. También me interesa la nutrición. Disfruto viendo vídeos de YouTube con guiris preparando comida saludable y me encantan los animales.

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