¿Se puede vivir solo con medio cerebro?

Algunas afecciones médicas hacen que, por increíble que parezca, vivir con medio cerebro sea la mejor solución.

 

Nuestro cerebro es capaz de hacer cosas asombrosas. Leer este artículo, por ejemplo, forma parte de ese conjunto de tareas de nuestro día a día que, sin darnos cuenta, exigen poner en acción un considerable número de estructuras cerebrales y procesos cognitivos, desde reconocer estímulos visuales, hasta recordar el significado de los símbolos, descodificarlos y razonar su sentido. Una pequeña gran proeza de la evolución.

Hasta con daños graves, el cerebro puede seguir haciendo su trabajo de forma bastante eficaz. Incluso cuando esos daños suponen carecer de una parte del cerebro, a veces la mitad.

De modo que la respuesta a la pregunta de si se puede vivir con medio cerebro, es un rotundo sí. No es nada frecuente, siendo por lo común el resultado de una cirugía.

Está claro que la idea de renunciar a una parte de nuestro cerebro, no nos resulta precisamente agradable. Por desgracia, hay algunas afecciones neurológicas, así como ciertas malformaciones, que nos ponen en un gran aprieto.

Entre esas patologías están las epilepsias graves que no responden bien al tratamiento farmacológico. A veces las convulsiones las causan enfermedades como la encefalitis de Rasmussen o un trastorno congénito vascular llamado síndrome de Sturge-Weber.

En unos pocos casos, cuando las demás medidas terapéutica no resultan eficaces, se recomienda una medida que, de entrada, asusta: desconectar o extirpar la mitad del cerebro, para detener las convulsiones relacionadas con la enfermedad.

 

Hemisferectomía, apagando medio cerebro

Aunque ahora está en desuso, hasta hace décadas la intervención solía implica extirpar todo el hemisferio dañado. Cuando eso sucede, se habla de hemisferectomía anatómica.

La primera hemisferectomía documentada de este tipo la llevó a cabo el fisiólogo alemán Friedrich Goltz, en 1888. Claro que su paciente no era una persona, sino un perro.

Fue el neurocirujano estadounidense Walter Edward Dandy quien, en 1923, realizó una hemisferectomía anatómica a una persona afectada de un tumor cerebral maligno, en la Universidad Johns Hopkins.

En aquel entonces, los gliomas, tumores desarrollados en el cerebro y la médula espinal, se consideraban incurables. El cirujano observó que ciertos tumores ocasionaban hemiplejía contralateral, es decir, la pérdida de la función motora en el lado del cuerpo contrario al del hemisferio dañado.

Dandy supuso que el tejido hemisférico no era útil, y decidió extirparlo por completo. De los cinco pacientes que operó, dos de ellos murieron tres meses después, por una reaparición del cáncer, pero hubo otro que vivió más de tres años. Todo un hito para la época, aunque hoy en día los tratamientos han cambiado.

Volviendo a los casos graves de epilepsia que comentábamos más arriba, la hemisferectomía funcional es la técnica preferida en la actualidad. Consiste en cortar secciones del hemisferio afectado (y el cuerpo calloso, que une ambos hemisferios), para evitar que las crisis epilépticas se propaguen. Sería algo así como desconectar neuronalmente el hemisferio enfermo.

Cerebro
Cerebro. Fuente Wikicommons

Hoy en día, las hemisferectomías funcionales son una intervención que se realiza con gran éxito, logrando un buen control de las convulsiones en los casos de epilepsias severas y mejorando la clínica de pacientes con lesiones hemisféricas extensas.  

Como es natural, una operación así tiene sus inconvenientes, como son la pérdida del control de la mano opuesta al hemisferio desconectado o extirpado, así como la pérdida de la mitad del campo visual en cada ojo.

Pero lo más llamativo es que desconectar medio cerebro, incluso aunque sea el hemisferio izquierdo (el más relacionado con el control del lenguaje, la sintaxis y la semántica), no impide a los pacientes hablar, estudiar y llevar su vida con normalidad.

¿Cómo es posible?

 

Plasticidad cerebral, el gran secreto   

Que el cerebro sea plástico significa que es capaz de adaptarse, de moldearse y de verse afectado dinámicamente por el ambiente. Ello nos permite desarrollarnos y reorganizar el cerebro conforme tenemos experiencias a lo largo de nuestro ciclo vital. Los procesos de consolidación de la memoria, el aprendizaje y la recuperación tras el daño cerebral, dependen de la plasticidad.

Gracias a la gran plasticidad del cerebro, el hemisferio funcional puede reorganizarse para compensar la ausencia de la mitad del cerebro tras la hemisferectomía. Tal capacidad sigue sorprendiendo a los expertos, que hasta hace relativamente poco tiempo seguían teniendo la concepción estática de que el cerebro maduraría hasta la adolescencia, para mantenerse estable en edades posteriores.  

Solía pensarse que, si se extirpaba el hemisferio más tarde de los dos años de edad, el niño operado no volvería nunca a hablar. Afortunadamente, no es así. Sí ocurre que la plasticidad de los cerebros infantiles es mucho más poderosa que la de los cerebros adultos, razón por la que las desconexiones hemisféricas se realizan, con preferencia, a una edad muy temprana.

Regiones cerebro
Fuente: Wikicommons

La misma plasticidad cerebral que permite a los niños aprender todo tan rápido, es la que reduce las probabilidades de problemas del lenguaje cuando viven solo con su hemisferio derecho funcional.

Si las impactantes imágenes de resonancias magnéticas con medio cerebros corresponden a personas adultas sanas y con vidas normales, es gracias a que las funciones importantes que lleva a cabo nuestro cerebro no se asignan a regiones cerebrales únicas y distintas, sino que se apoyan en múltiples regiones. Si una estructura se daña, las otras pueden compensarla, tomando el relevo.

Evolutivamente hablando, podría tener sentido que un órgano tan importante como es el cerebro esté preparado para soportar cambios y adaptaciones de semejante envergadura. Pues, en lo tocante a la biología, vivir con medio cerebro es mejor que no vivir.

 

Referencias:

Kim, J. S. et al. 2018. Hemispherotomy and functional hemispherectomy: indications and outcomes. Journal of epilepsy research, 8(1), 1. DOI: 10.14581/jer.18001

Kliemann, D. et al. 2019. Intrinsic functional connectivity of the brain in adults with a single cerebral hemisphere. Cell reports, 29(8), 2398-2407. DOI: 10.1016/j.celrep.2019.10.067

Maier, M. et al. 2019. Principles of neurorehabilitation after stroke based on motor learning and brain plasticity mechanisms. Frontiers in systems neuroscience, 13, 74. DOI: 10.3389/fnsys.2019.00074

McGovern, R. A. et al. 2019. Hemispherectomy in adults and adolescents: Seizure and functional outcomes in 47 patients. Epilepsia, 60(12), 2416-2427. DOI: 10.1111/epi.16378

Luis Cortés Briñol

Luis Cortés Briñol

Formado en filosofía y antropología, con un barniz en biología, neuropsicología y bioestadística. Soy escritor, guionista y documentalista. Intento introducir la filosofía allá donde voy, aunque no hace falta (pues está en todas partes). Vivo en una biblioteca

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