¿Sabías que el mensaje de un nazi va camino de las estrellas?

Las sondas espaciales Voyager llevan en su interior un disco -y su correspondiente tocadiscos- con imágenes, el llanto de un bebé, el sonido de un beso, música rock, saludos en diferentes lenguas... y el mensaje de paz de un nazi.

 

En algún lugar cerca de los límites de nuestro Sistema Solar se encuentra viajando hacia las estrellas dos sondas espaciales gemelas, las Voyager 1 y 2. Lanzadas en 1977 y su misión era obtener imágenes y otros datos de importancia para los planetólogos que dedican su vida a estudiar los gigantes gaseosos de nuestro Sistema Solar: Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.

Una vez concluida su misión científica, las naves comenzaron su viaje hacia el espacio vacío, lejos del Sistema Solar. Y en eso están. En febrero de 2022 la Voyager 1 se movía a una velocidad de 61 185 kilómetros por hora y se encontraba a 23 000 millones de kilómetros de lo que fuera su hogar. Por su parte, la Voyager 2 se movía a más de 55 000 kilómetros por hora y a caso 20 000 millones de kilómetros de la tierra (19 500 millones de km; 12 100 millones de millas) de la Tierra al 10 de febrero de 2022. Y si en agosto de 2021 la Voyager 1 había entrado oficialmente en el medio interestelar (la región del espacio exterior más allá de la influencia del viento solar), la Voyager 2 hizo lo propio en noviembre de 2018. Pero todavía les queda un largo trecho para salir del Sistema Solar. Según la NASA, "si definimos nuestro sistema solar como el Sol y todo lo que orbita a su alrededor, la Voyager 1 permanecerá dentro de los confines del Sistema Solar hasta que cruce la nube de Oort dentro de 14 000 a 28 000 años”.

Estas sondas nos muestra en toda su extensión el problema fundamental del viaje espacial: las enormes distancias a recorrer. Las Voyager se encuentras a unas 20 horas-luz de nosotros; eso es a la vuelta de la esquina en el Cosmos y representa menos de 1/2000 la distancia a la estrella más cercana, Proxima Centauri, situada a 4,2 años-luz. La sonda Voyager ha tardado 45 años en llegar donde está ahora y tardará la friolera de 40 000 años en pasar cerca de una estrella: en concreto, lo hará a 1,6 años-luz de una de nombre poco inspirador, Gliese 455, situada a 17 años-luz de nosotros. Ninguno de nuestros descendientes podrá escuchar transmisión alguna de la nave: casi sin energía, en 2025 los instrumentos que aún funcionen se apagarán y las sondas quedarán, por siempre, mudas viajando por un silencioso universo. Después de 2036, ambas sondas estarán fuera del alcance de la Red del Espacio Profundo de la NASA.

Una vez las Voyager hayan cruzado los límites externos de nuestro Sistema Solar se convertirán en la tarjeta de visita de una antiquísima civilización que vivió en el tercer planeta de un sistema solar cuya estrella es una enana amarilla. Porque en ellas llevan un mensaje dirigido a posibles seres extraterrestres. O, ¡quién sabe! Quizá la encuentren nuestros descendientes que decidieron viajar a las estrellas. Si es que para entonces aún no nos hemos extinguido.

Una botella en el océano cósmico

El principal responsable de este curioso proyecto fue el conocido Carl Sagan. Este astrofísico estadounidense editó la grabación de un disco donde los extraterrestres podrán escuchar saludos en 55 lenguas humanas, una muestra del lenguaje de las ballenas, el llanto de un bebé, un beso, el registro sonoro de un electroencefalograma con las meditaciones de una mujer enamorada y 90 minutos de música: mariachis, flautas sikus peruanas, raga hindú, un canto nocturno de los indios navajo, un canto de iniciación de una mujer pigmea, una pieza shakuihachi japonesa, así como música de Bach, Beethoven, Mozart, Stravinsky, Louis Armstrong y Chuck Berry, que interpreta su célebre Johnny B. Goode. Eso siempre y cuando los extraterrestres sepan interpretar las instrucciones necesarias para montar el tocadiscos y poner el disco. Porue fáciles, lo que se dice fáciles de entender, no lo son. Con todo si una hipotética nave captura algún de las sondas y los extraterrestres consiguen escuchar el disco, a lo mejor nos contestan como insinuaron en el programa Saturday Night Live: “por favor, envíen más 'Johnny B. Goode'”.

Pero quizá lo más irónico de todo sea el mensaje de paz de la humanidad dirigido a esas supuestas avanzadas civilizaciones extraterrestres. Fue grabado por el entonces Secretario General de las Naciones Unidas, Kurt Waldheim. Irónicamente, el 27 de abril de 1987, el Departamento de Justicia y el Departamento de Estado de los Estados Unidos anunciaron que una investigación realizada por la Oficina de Investigaciones Especiales demostraba que Waldheim había participado en la transferencia de prisioneros civiles a las SS para explotarlos como mano de obra esclava, en la deportación masiva de civiles y judíos de las islas griegas y de la ciudad de Banja Luka (Yugoslavia) a campos de concentración y exterminio, en la difusión de propaganda antisemita, en la tortura y ejecución de prisioneros de guerra aliados y en las ejecuciones en represalia de rehenes y civiles.

Para entonces ya era demasiado tarde para hacer volver a las Voyager a casa…

Referencia:

Ferris, T. (2017) "How the Voyager Golden Record Was Made". The New Yorker, 20 de agosto



Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

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