¿Sabías que Alexander Bell dedicó gran parte de su vida a tratar la sordera?

Alexander Graham Bell se hizo famoso por patentar el teléfono en Estados Unidos, en 1876, pero tuvo otra faceta menos conocida: sus contribuciones a tratar la sordera.

 

Este 8 de septiembre se conmemora la fundación, hace 132 años, de la Asociación Norteamericana para Promover la Enseñanza del Habla a las Personas con Sordera, hoy conocida como Asociación Alexander Graham Bell para Personas con Sordera. Esta fecha sirve para recordar el legado de Alexander Graham Bell que, a una intensa vida como inventor, unió su compromiso con la educación oral de los niños con pérdida de audición.

Bell el inventor

Nacido en Edimburgo (Reino Unido) en 1847, Alexander Graham Bell fue un científico, inventor y profesor de personas con sordera que abrió el futuro para sus congéneres con sus aportaciones al mundo de las telecomunicaciones y a la tecnología de la aviación. Aunque fue él quien obtuvo la patente del teléfono en Estados Unidos en 1876, el invento había sido obra del italiano Antonio Meucci. Siguiera o no las ideas de Meucci, la empresa que fundó, la Bell Telephone Company, contribuyó a la implantación de este medio de comunicación.

En su hoja de servicios figura el registro de 18 patentes individuales y 12 más con sus colaboradores. Por citar algunas, 14 fueron por el teléfono y el telégrafo, 4 por el fotófono, una por el fonógrafo, 9 por vehículos aéreos y 2 por celdas de selenio. También se le atribuye la invención del detector de metales. Otro de los datos poco conocidos de Alexander Graham Bell es que en 1888 fue uno de los fundadores de National Geographic Society y 1898 asumió la presidencia de la institución.

Graham Bell también creía que todos los niños con pérdida auditiva merecían la oportunidad de aprender a hablar. Por eso dedicó gran parte de vida a que estos niños desarrollaran sus habilidades de escucha, habla y lectura. La entidad creada por él prosigue su trabajo para proporcionar a los educadores y terapeutas conocimientos especializados y formación de alta calidad.

Sus aportaciones a la enseñanza para personas con sordera son poco conocidas, pero resultan fundamentales hoy en día. Firme defensor de la educación oral, sus tesis se situaron frente a las de Edward Gallaudet, que abogaba por la lengua de signos. Ambos mantuvieron una intensa relación epistolar en defensa de sus postulados. Bell era un hombre pragmático que no dudó en usar el lenguaje de signos u otros medios para establecer comunicación con adultos sordos. Sin embargo, con los niños apostaba por una educación estrictamente oral, sin ningún tipo de signos. La Asociación Alexander Graham Bell para Personas con Sordera e Hipoacusia (Estados Unidos) continúa su labor en el tiempo.

Alexander Graham Bell
Alexander Graham Bell

La sordera de su madre

La preocupación por el mundo de los sordos le venía de familia. Tanto su abuelo como su padre y su tío estuvieron asociados con la enseñanza de la locución. También ejercieron como locutores. Además, su madre, Eliza Grace, presentaba una pérdida auditiva progresiva y se quedó sorda cuando AG Bell tenía 12 años, lo que explica el interés por los estudios sobre la escucha y el habla, tanto en investigaciones como con inventos para favorecerlas. El padre desarrolló un método para enseñar a representar la posición de los órganos del habla en los sonidos articulados, llamado discurso visible. Alexander Melville enseñó a su hijo Alexander Graham y a sus hermanos el lenguaje de signos, sistema al que le dio importancia, aunque siempre se mostró partidario de la lengua oral.

Siguiendo la estela de su padre, impartió clase en la escuela privada para sordos de Susana E. Hull, en Londres. El progenitor fue invitado por la Boston School for Deaf Mutes para que difundiera sus métodos a los profesores. Pero le cedió el puesto a su hijo. Alexander viajó a Boston (Estados Unidos) en 1871. El programa cosechó tal éxito que repitió experiencia en la Escuela Americana para Sordomudos en Hartford y la Escuela Clarke para Sordos en Northampton, donde se dedicó a enseñar a hablar. Un año después abrió su propia escuela en Boston, Fisiología Vocal y Mecánicas del Habla, que tuvo una gran acogida entre la comunidad de personas sordas.

Mabel se llama mi amor

En 1875, con 27 años, Graham seguía trabajando como profesor de sordos. Una de sus alumnas era Mabel Gardiner Hubbard, diez años menor que él. Se había quedado sorda a los cinco años como consecuencia de la fiebre escarlata. Era hija de Gardiner Greene Hubbard, que fundó la Escuela Clarke para la audición y el habla a raíz del problema de su hija.

En 1877 se casaron. Tuvieron cuatro hijos. Las fiebres le habían afectado al oído interno y al equilibrio, pero este hándicap no impidió que acompañara a su marido en muchos viajes. Muere Graham Bell el 2 de agosto de 1922, diez meses después lo haría Mabel.

El Laboratorio Volta y la sordera

De Inglaterra a Canadá y de aquí a Estados Unidos. Este es el recorrido de la peripecia vital de Alexander Graham Bell, quien en 1882 se nacionalizó estadounidense. La familia tenía su residencia en Washington, al lado de lo que es hoy el Laboratorio Volta. Detrás estaba la casa de los carruajes y de los criados. Y allí quiso hacer un laboratorio, el laboratorio Volta, con los 10.000 dólares que ganó por el Premio Volta pudo afrontar la obra y mudar los carruajes y los criados a otro lugar.

En el laboratorio, recopiló una gran cantidad de libros relacionados con la sordera hasta conformar una interesante biblioteca. Tras la remodelación del edificio, fundó en ese lugar en 1890 la Asociación Norteamericana para Promover la Enseñanza del Habla a las Personas con Sordera. El objetivo de la entidad, servir de modelo en la atención a familias y niños con sordera e hipoacusia, se mantiene hoy en día con el foco puesto en la terapia auditivo-verbal y en la audiología pediátrica. En la actualidad AG Bell cuenta con un equipo profesional que se encuentra en la sede histórica de la organización, el Laboratorio Volta de Washington, D.C. y en Madrid, España.

Antonio M. Figueras

Antonio M. Figueras

Es licenciado en Filología Hispánica y Periodismo, desarrollando gran parte de su carrera profesional en medios de comunicación. En la actualidad ejerce como consultor de comunicación, es poeta y novelista.

Continúa leyendo