Roswell, el extraterrestre al que le falló el ABS

En julio de 1947 una nave procedente de otro planeta se estrelló en el desierto de Nuevo México, cerca del pueblo de Roswell, y, por supuesto, el gobierno americano se la agenció sin pedir permiso.

 

Al comenzar de la década de 1980 la ufología estaba de capa caída. Los extraterrestres habían dejado de interesar al gran público. La euforia ovni, que encontró su punto álgido durante los 1970, se había esfumado. La gente estaba cansada de escuchar las mismas historias de luces en el cielo, ecos en el radar y supuestos aterrizajes donde pobres venusinos bajaban a pasear sus mascotas o a hacer sus necesidades. Hasta los mismos extraterrestres se encontraban hastiados de tanta publicidad y habían desaparecido del cielo. Se necesitaba un nuevo revulsivo, algo que conmocionara y alertara al gran público.

En 1980 aparecía el libro The Roswell Incident escrito por uno de los creadores del falso misterio del triángulo de las Bermudas, Charles Berlitz, junto a un maestro con pretensiones de escritor llamado William L. Moore. En él resucitaban el rumor de la caída de un ovni en el desierto de Nuevo México en julio de 1947.

La historia ya había aparecido en 1950 de la mano de un columnista de la revista Variety llamado Frank Scully. Según él, el gobierno norteamericano había recuperado 34 cadáveres y tres naves en sendos accidentes sucedidos en Nuevo México y Arizona. Ninguno de los ufólogos de entonces se tomó estas historias en serio, pero treinta años después, cuando el tiempo convierte las leyendas en verdades demostradas, el cuento de la nave estrellada saltó a la fama. Y empezaron a aparecer testigos indirectos del incidente debajo de las piedras, que recordaban perfectamente sucesos ocurridos hacía más de cuarenta años.

Según Berlitz y Moore esto fue lo que ocurrió: entre las 9:45 y 9:50 de la noche del día 2 de julio de 1947, una nave extraterrestre pasó a gran velocidad por encima de Roswell en dirección noroeste, hacia la ciudad de Corona. A unos 125 kilómetros al noroeste de Roswell la nave se dio de bruces con una terrible tormenta eléctrica, realizó una corrección en su rumbo hacia el sudsudoeste, pero no pudo evitar ser alcanzada por un rayo, sufriendo graves desperfectos a bordo. Una gran cantidad de restos cayeron al suelo pero el platillo, averiado, se mantuvo en vuelo el tiempo suficiente para remontar las montañas antes de estrellarse en una zona al oeste de Socorro, en los Llanos de San Agustín. Los restos cayeron en el rancho de un ganadero llamado William W. Brazel, que los descubrió a la mañana siguiente cuando acudía a caballo a sus pastos. Mientras, los restos del platillo volante y su malograda tripulación que cayeron en los Llanos de San Agustín, a casi 200 kilómetros al oeste del rancho Brazel, fueron descubiertos por Barney Barnett, un ingeniero de caminos, que estaba allí porque tenía previsto realizar un trabajo a la mañana siguiente al accidente, el 3 de julio. Según declaraciones de unos amigos suyos, los Maltais, a los cuales había contado la historia en 1950, Barnett vio los cadáveres de los tripulantes. Enseguida llegó un camión, y un oficial del ejército le conminó a marcharse y guardar silencio. Se acordonó la zona y nadie más pudo acercarse a ella.

¿Impresionante, verdad? El problema es que no es la única historia del accidente. En 1991 los ufólogos Kevin Randle y Don Schmitt publicaron UFO Crash at Roswell. Según ellos la nave no se estrelló en los Llanos de San Agustín -donde supuestamente había dicho Barnett a sus amigos- sino en el rancho de Brazel, no lejos del lugar donde se hallaron los restos. Allí se encontró, además del platillo, los cadáveres de cuatro alienígenas muertos. Pero hay un ‘pequeño’ problema: en el diario de la mujer de Barnett aparece que a principios de julio de 1947 su marido se encontraba trabajando 400 kilómetros al oeste del rancho de Brazel. Para solucionar esto los inteligentes Randle y Schmitt afirman que Barney mintió a su mujer. Avispados los chicos.

 

Roswell
Roswell

A mediados de 1992 entran en acción otros dos ufólogos, Stanton Friedman y Don Berliner, que publican sus investigaciones con el título Crash at Corona. No hay contradicción entre los lugares del siniestro, Roswell o los Llanos de San Agustín, porque se estrellaron dos naves. En la del rancho de Brazel se encontraron cuatro ETs muertos y en la de los Llanos había tres muertos y uno vivo. Este nuevo escenario se basa en las declaraciones de un tal Gerald Anderson, que entonces tenía cinco años. Él y cuatro familiares suyos -curiosamente todos estaban muertos cuando decidió hablar- descubrieron los restos antes que Barnett. Y es que con le paso del tiempo aparece cada vez más gente en ese desierto.

Para acabar de enredarlo más, en 1993 Randle y Schmitt publican un nuevo libro, The Truth About the UFO Crash at Roswell. En él desmienten todo lo que se ha publicado hasta entonces, incluido su libro anterior. A la luz de “sólidos testimonios de testigos oculares y cierta interesante documentación”, revelan que el accidente se produjo el 4 de julio, dos días más tarde de la fecha 'oficial'. Además, el platillo y sus ocupantes no se encontraron en el rancho de Brazel sino 50 km al sur, cerca de Roswell. Así pues, tenemos cuatro escenarios distintos -mutuamente contradictorios- para un mismo caso.

Por suerte, al final se hizo la luz. A mediados de 1994 la organización ufológica Fund for UFO Research (FUFOR) publicaba un informe de 189 páginas escrito por Karl Pflock, Roswell In Perspective. Después de dos años de investigaciones Pflock afirmó que los restos de la nave extraterrestre eran, en realidad, “los de un gran globo del proyecto Mogul, catalogado de Alto Secreto.” ¡Por fin! Casi 50 años después, desde el mundo ufológico se atribuía el incidente a un globo que transportaba material de alto secreto.

Una de las cosas que más asustaba al gobierno norteamericano de la postguerra era que los rusos pudieran construir una bomba atómica y que no se enteraran de ello. Por eso, en 1945 empezaron diversos programas para detectar la explosión de bombas atómicas en Rusia. Uno de ellos era el Proyecto Mogul: un sensor de alta precisión situado en un globo a gran altura capaz de detectar las ondas de choque producidas por las explosiones. Fue uno de estos globos, más concretamente, parte del llamado Vuelo 4, el que cayó en julio de 1947 cerca de Roswell.

Lo más irónico de toda esta historia es que sí hubo un auténtico encubrimiento: se disfrazó de globo meteorológico lo que en realidad era un detector de explosiones atómicas.

 

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

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