Río Tinto, Marte en la Tierra

Este río onubense, clasificado como un ambiente extremo debido a su acidez y alto contenido en metales pesados -tóxicos para la vida-, nos permite entender lo que pasó en el planeta rojo.

 

El río Tinto nace en la sierra de Padre Caro y recorre 90 kilómetros de Huelva para desembocar en la ría de la ciudad. Su marcado color rojo -de ahí su nombre- nos indica que se trata de un río, cuando menos, diferente.

La formación de óxidos de hierro masivos en el presente y pasado geológico del río Tinto le sitúa como un lugar ideal para estudiar los procesos que conducen a la sedimentación de compuestos de hierro tanto en la Tierra como en Marte: el descubrimiento en la región Terra Meridiani de extensos depósitos de óxidos de hierro –probablemente del tiempo en que por su superficie corría agua líquida-, semejantes a los encontrados en la cuenca del río Tinto, es lo que lo convierte en un modelo a pequeña escala de lo que pudo haber sucedido en Marte hace millones de años.

Fue ese intenso color rojo lo que llamó la atención hace bastantes años a un grupo de investigadores españoles dirigido por Ricardo Amils, de la Universidad Autónoma de Madrid. Sus estudios pudieron determinar que el principal componente de sus aguas es el hierro en estado férrico, el responsable de ese marcado color rojo. Evidentemente, en esas condiciones nadie podía imaginarse que algún ser vivo pudiera vivir allí. Además, todo el mundo daba por hecho que su coloración era debida a la fuerte explotación minera que ha habido en la zona desde el tiempo de los iberos, hace 5000 años. Sin embargo, el río les dio dos sorpresas: la primera, que en contra de todo lo imaginado, en las aguas del río había una amplia biodiversidad; la segunda, que los responsables de la 'contaminación' del río era los propios microorganismos que vivían en él. Su metabolismo procesa los sulfuros metálicos y originan ácido sulfúrico y solubilizan metales pesados. O dicho de otro modo: son seres vivos que comen hierro y tanto la acidez como la abundancia del hierro disuelto en el agua son sus 'caquitas'.

Ciertamente, el agua del río Tinto no es para echarle un trago un caluroso día de verano -cierto es que su color ya te quita toda las ganas de hacerlo-. Por dos motivos: su acidez extrema y el alto contenido de hierro y sulfatos. En algunos casos, los instrumentos de medida han dado valores próximos a 20 gramos por litro de concentración de hierro. Para hacernos una idea, el agua que extraemos de los pozos tiene una concentración de hierro entre 0,5 y 10 miligramos por litro; o sea, hablamos de valores mil veces superior a lo normal. Por otro lado, las altas concentraciones de sulfatos unido a la elevada acidez nos están diciendo que lo que corre por el cauce no es agua sino una solución de ácido sulfúrico. Por eso es fácil que se pensara que la vida no tenía cabida en el río, que ya desde su nacimiento presenta estas peculiares propiedades. ¿Cómo explicarlas? Para eso tenemos que mirar a ciertos factores muy particulares que solo se dan en esta región de la península ibérica.

Desde el punto de vista geológico el hierro y el sulfato que transporta proviene del subsuelo por donde pasa el agua subterránea que al subir a la superficie crea el río Tinto. De hecho, el interés minero que se ha tenido por esa zona desde tiempos inmemoriales es precisamente la existencia de yacimientos excepcionalmente ricos de sulfuros metálicos, que forman parte de una gran estructura geológica conocida como Faja Pirítica, pues está formada principalmente por pirita, un mineral de azufre y hierro; exactamente los componentes principales de la solución ácida del río Tinto. Y si miramos desde el punto de vista biológico encontramos que los microorganismos que allí habitan no obtienen energía de la luz solar ni de comerse otros organismos, sino de la oxidación de compuestos inorgánicos formados por el azufre y el hierro.

Por tan peculiar forma de alimentación los científicos los llaman quimilitótrofos, y lo hacen oxidando los yacimientos del subsuelo. Esto produce dos efectos: al oxidar el hierro de la pirita generan ión férrico que, en solución, da ese color rojizo al agua. Al liberarse el átomo de hierro, el sulfuro reacciona con el oxígeno del aire y el sulfato resultante acidifica el agua, lo que además facilita la solubilidad del ión férrico: por eso alcanza esas concentraciones tan altas de hierro que se han encontrado.

Pero la mayor sorpresa que ha proporcionado la investigación del río Tinto es la biodiversidad presente en sus aguas. De un río considerado muerto se pasó al descubrimiento de formas de vida extremófilas y de ahí al hallazgo de una amplísima diversidad biológica. De hecho, se ha podido comprobar que están representados gran parte de los grupos mayoritarios que forman el árbol de la vida: microorganismos pertenecientes al grupo de los animales, plantas, hongos...

¿Qué significa semejante diversidad en un ambiente de este tipo? Si comparamos estos microorganismos con sus congéneres no extremófilos encontramos que no son muy diferentes. Unido este hecho a que el proceso de adaptación a ese ambiente ha sido evolutivamente muy rápido, el río Tinto nos está diciendo que la vida no solo es robusta sino que se adapta a condiciones extremas muy rápidamente. Pero lo más importante está por llegar: gracias a este río es posible que nos ayude a definir cuáles son los requerimientos mínimos para el desarrollo de la vida.

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

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