Revelan los genes del habla compleja

Bastaron unos pocos cambios evolutivos en los genes para conseguir una voz como la humana, según una investigación reciente.

Habla compleja

Los científicos no han dejado de preguntarse cómo y cuándo los seres humanos empezamos a ser capaces de hablar. Pues bien, un reciente análisis de nuestro ADN ha revelado una serie de cambios evolutivos que resultaron claves para modificar la forma de nuestras caras y laringes y que debieron resultar decisivos para crear las condiciones que permitieron la aparición del habla compleja.
Estas alteraciones no se debieron a grandes mutaciones masivas en nuestro paquete de genes. Más bien, ocurrieron una serie de pequeños cambios en la actividad de genes ya existentes y que compartíamos con nuestros inmediatos ancestros los homínidos.
A estos cambios en la actividad y la expresión de los genes parece deberse el que nuestras caras se hayan vuelto más planas en comparación con las de mandíbulas más prominentes de los simios y homínidos que nos precedieron. Las alteraciones genéticas también reesculpieron la laringe y la hicieron moverse más hacia el interior de la garganta, lo que permitió a aquellos primitivos humanos producir sonidos más complejos, variados y sutiles.
El estudio, llevado a cabo por Liran Carmel y sus colegas de la Universidad Hebrea de Jerusalén, ofrece una mirada inédita sobre las alteraciones y evoluciones que sufrieron nuestros rostros y el tracto vocal a nivel genético y que allanaron el camino para desarrollar el sofisticado lenguaje hablado que hoy damos por supuesto. Sin embargo, para otra corriente de antropólogos, tan importantes o más que las variaciones genéticas fueron los cambios en el cerebro. Y es que cabe la posibilidad de que algunos de nuestros ancestros más primitivos pudieran de alguna manera hablar, pero de una forma más ruda, hasta que esos cambios físicos faciales permitieran mejorar de forma cualitativa las características del habla humana.

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Liran Carmel, que es genetista, biólogo evolucionista y bioinformático, y su equipo de la Universidad Hebrea de Jerusalén analizaron ADN de gente de dos poblaciones actuales y de cuatro humanos que vivieron hace unos 50.000 años. También estudiaron algunos humanos extintos, concretamente dos neandertales y un denisovano, y material genéticos de seis chimpancés y datos procedentes de una base de datos de gente viva en la actualidad. Se centraron en aquellos genes que se volvieron más o menos activos a lo largo de la evolución. Se fijaron en si los genes tenían grupos de metilos asociados para identificar los cambios epigenéticos. Y es que normalmente los genes metilados suelen volverse inactivos mientras que los no metilados se activan, por lo que los cambios en los patrones de metilación son un indicador para rastrear la actividad genética y sus alteraciones.

Mecanismo habla compleja

Imagen: "Cambiando el rostro. Nuestra cara y tracto bucal cambiaron a lo largo de la evolución, dándonos la capacidad de formar el lenguaje complejo". En rosa, la lengua; en amarillo, el hueso hioides; en naraja, la epíglotis y en verde, las cuerdas vocales.

En los humanos modernos se presentaban alteraciones drásticas en la actividad de los genes asociados a la forma del rostro y la estructura de la laringe, en comparación con nuestros ancestros. Concretamente, los genes ligados a las cuerdas vocales y el desarrollo de la laringe eran los que más habían cambiado en relación a los antiguos homínidos y primates. Por ejemplo, el gen NFIX es mucho menos activo en humanos. Este gen interviene en la protrusión de la mandíbula y el desarrollo de la laringe, lo que sugiere que ha sido decisivo para que el rostro humano se achatara y nos permitiera obtener la configuración facial óptima para el habla, ya que los componentes horizontales y verticales del tracto vocal tienen la misma longitud, como se ve en el diagrama.

Referencias e Imagen:

Gokhman, D. 'Recent Regulatory Changes Shaped Human Facial and Vocal Anatomy'. (2017). Doi: https://doi.org/10.1101/106955

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