Ramón y Cajal, entre tahúres, hipnotizadores y espiritistas

Santiago Ramón y Cajal es conocido mundialmente por sus aportaciones a la neurología y la neurociencia. Menos conocida es su curiosidad por disciplinas tan pintorescas como la hipnosis, el espiritismo o la parapsicología, lo que nos permite hablar de él como un escéptico. Estas fueron sus experiencias con las pesudociencias.

Santiago Ramón y Cajal es conocido mundialmente por sus aportaciones a la neurología y la neurociencia. Merecidamente se le concedió el premio Nobel en 1906 por su contribución pionera en estas ciencias. También es conocida su vertiente humanista y su interés por la filosofía o la literatura. De hecho, en 1905, publicó varios relatos cortos titulados Cuentos de vacaciones. Pero menos conocida, aunque no menos importante, era su curiosidad por disciplinas tan pintorescas como la hipnosis, el espiritismo o la parapsicología, y que nos permiten hablar de Ramón y Cajal como un escéptico. No en vano, el sugerente subtítulo de los mencionados Cuentos de vacaciones es: Narraciones pseudocientíficas.

Ramón y Cajal, desconfiado

Remontémonos a 1875. Cajal tiene 23 años y regresa de Cuba a España en un transatlántico rumbo a Santander en el que va a vivir una experiencia — descrita por él mismo en Recuerdos de mi vida —que por anecdótica no es menos reveladora de su carácter y espíritu escéptico.

En el barco conoce a un jugador de ventaja que con sus trampas ganaba en los juegos de cartas. Su «oficio» consistía en ir y venir continuamente de España a Cuba para desplumar a los incautos en las timbas que se organizaban durante el viaje. El tahúr le ofrece a Cajal que sea su socio. Le explica cómo marca las cartas durante el juego, lo que le permite detectarlas después y, cuando llega el momento apropiado, hacer una apuesta ganadora. Él solo tendría que hacer una apuesta fuerte en el momento en el que el tahúr le diera esas cartas ganadoras. La trampa estaba preparada para que Cajal ganara y, luego, se repartieran las ganancias. Todo quedaba disimulado al no ser el tramposo quien ganara.

Santiago Ramón y Cajal joven
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Sin embargo, Ramón y Cajal declina la oferta de su nuevo «amigo». «Pensaba, y pienso además, que solo existe una fuente racional y segura de prosperidad económica: el trabajo intenso, fecundado por la cultura intelectual. Lejos de compadecer al perdidoso en el juego, le considero como estafador frustrado, o cual gandul codicioso. Su honradez acaba casi siempre al perder el último centavo».

El escepticismo llevó a Cajal a darse cuenta de que el tahúr había intentado engatusarle con el clásico truco del «cazador cazado», base también de otros timos como el famoso de «la estampita». La víctima (o primo), creyendo ganar mucho dinero fácilmente engañando a otros, desembolsa una cantidad importante que ya no vuelve a ver.

«Pronto me felicité de mi desconfianza. Varios comerciantes ricos, invitados como yo a coincidir en las puestas con el citado gancho, quedaron desplumados. Los infelices habían liquidado en pocas sesiones de timba veinte años de trabajo honrado y de austeras economías. A uno de ellos tuvimos que costearle hasta el bote que le condujo al muelle».

Esa «desconfianza» (como él la llama) o intuición escéptica que le salvó de arruinarse en su regreso desde Cuba tal vez fuera la que después le llevó a investigar por sí mismo otro tipo de fenómenos como la hipnosis, el espiritismo o la parapsicología. Si lo que aquel tahúr le ofrecía era demasiado impresionante para ser verdad, las afirmaciones de hipnotistas, espiritistas o parapsicólogos también parecían demasiado extraordinarias como para creerlas sin más. El escéptico Ramón y Cajal no podía menos que comprobarlo por sí mismo.

Espiritismo y parapsicología

A partir de 1875, Ramón y Cajal comienza su doctorado y su investigación. Pero no todo fue investigación formal en el doctorado. Durante su estancia en Valencia va a desarrollar otra investigación informal, aunque no menos rigurosa, con respecto a la hipnosis, el espiritismo y la parapsicología. Una investigación que le llevó a abrir su propia casa a médiums y psíquicos para comprobar en primera persona sus afirmaciones extraordinarias. Él mismo las relata en la segunda parte de sus Recuerdos de mi vida (capítulo III) :« Para estudiarlas metódicamente, varios amigos, algunos de ellos tertulianos del Casino de la Agricultura, organizamos un Comité de investigaciones psicológicas. E inauguramos nuestras pesquisas con la busca y captura de sujetos idóneos. Por mi casa, convertida al efecto en domicilio social, desfilaron especies notabilísimas de histéricas, neurasténicos, maníacos y hasta de acreditados médiums espiritistas».

Hoy día puede parecer extraño que una persona de ciencia como Ramón y Cajal se interesase por estas cuestiones. Pero hay que entender el contexto de finales del siglo XIX y principios del XX. La filosofía positivista de la época ponía todo el peso del conocimiento en las ciencias positivas (de ahí su nombre), sobre todo la física, y recelará de todas las disciplinas que no se acomoden a ese modelo positivista. Un modelo que requiere de observación, experimentación y falsación y que cuestiona a la religión y lo sobrenatural. Al mismo tiempo, tiene lugar el auge de fenómenos como la hipnosis (Mesmer, Charcot…), el psicoanálisis (Freud), el espiritismo (Alan Kardec y las hermanas Fox) y otros fenómenos parapsicológicos. Todos atraerán el interés científico acerca de su credibilidad y provocarán un interés por investigarlos empíricamente, es decir, de forma escéptica. De hecho, escepticismo procede del griego skeptikós que significa investigación rigurosa. Cajal fue uno de esos científicos que no escapó a la tentación de comprobar por sí mismo qué parte de ciencia y qué parte de superchería había en ellos. Más todavía dado que la supuesta explicación de esos fenómenos remitían a facultades o poderes del cerebro, objeto de atención del español .

La hipnosis

Fue una de las prácticas estudiadas y aplicadas por Ramón y Cajal. En aquel momento también se la conocía como sonambulismo artificial o sugestión. Estaba en auge debido a figuras como Mesmer, Charcot, Liébeault, Bernheim o Beaunis, y ligada a teorías como las del magnetismo animal. La investigación llevó a Cajal a separar el grano de la paja. La hipnosis era un fenómeno real, si bien cargada de mitos y falsedades de los que se aprovechaban los hipnotizadores de feria y espectáculo y los pseudocientíficos con bata blanca. El propio Cajal practicó por sí mismo la hipnosis y dio fe de sus logros, aunque expresados en un lenguaje de la época y hoy obsoleto (« sopor, sueño… » ): catalepsia, alucinaciones, amnesia, anestesia por sugestión en el parto, etc.

Sin embargo, las conclusiones de Ramón y Cajal fueron ambivalentes: los efectos de la sugestión hipnótica, que bien utilizada podía ser eficaz en un contexto controlado, bien podían utilizarse con fines perversos por quienes no tuvieran reparos morales en hacerlo. «Declaro que los consabidos experimentos de sugestión causáronme un doble sentimiento de estupor y desilusión: estupor al reconocer la realidad de fenómenos de automatismo cerebral estimados hasta entonces como farsas y trampantojos de magnetizadores de circo; y decepción dolorosa al considerar que el tan decantado cerebro humano, la ' obra maestra de la creación ', adolece del enorme defecto de la sugestibilidad; defecto en cuya virtud, hasta la más excelsa inteligencia puede, en ocasiones, convertirse por ministerio de hábiles sugestionadores, conscientes o inconscientes (oradores, políticos, guerreros, apóstoles, etc.), en humilde y pasivo instrumento de delirios, ambiciones o codicias» .

Las habilidades hipnóticas de Ramón y Cajal llegaron a tal nivel que él mismo tuvo que tomar medidas: «La fama de ciertas curas milagrosas recaídas en histéricas y neurasténicos, divulgose rápidamente por la ciudad. A mi consulta acudían enjambres de desequilibrados y hasta de locos de atar. Ocasión propicia hubiera sido aquella para crearme pingüe clientela, si mi carácter y mis gustos lo hubieran consentido. Pero, satisfecha mi curiosidad, licencié a mis enfermos, a quienes, naturalmente, no solía pasar la nota de honorarios: harto pagado quedaba con que se prestaran dócilmente a mis experimentos».

La investigación empírica y aplicada sobre la hipnosis ha continuado después de Ramón y Cajal recogiendo su testigo. Curiosamente, también en Valencia, a través del Grupo de Trabajo de Hipnosis del Colegio Oficial de Psicólogos de esta Comunidad Autónoma, liderado por Antonio Capafons y continuado por la Asociación por el Avance de la Hipnosis Experimental y Aplicada (AAHEA).

Las pseudociencias

Si la investigación con la hipnosis daba buenos resultados, conforme se separaba la verdad del mito, otros fenómenos como el espiritismo y la parapsicología en sus diversas manifestaciones no tuvieron la misma suerte. « Durante aquellas épicas pesquisas sobre la psicología morbosa, solo se me resistieron tenazmente esos fenómenos extraordinarios, confinantes con el espiritismo, a saber: la visión a través de cuerpos opacos, la transposición sensorial, la sugestión mental, la telepatía, etc .» .

Ramón y Cajal no fue capaz de observar en condiciones de laboratorio ni uno solo de los supuestos fenómenos paranormales, pese al tesón con el que se consagró a intentarlo. Su conclusión fue rechazarlos de pleno: «¿Fracasaron quizá por imposibles? Tal creo hoy. Los secuaces de Allan Kardec [fundador del espiritismo moderno] y los partidarios de la fuerza cerebral radiante, dirán acaso que no tuve suerte. Sin embargo, puse en mis observaciones la mejor voluntad y no escatimé gasto ni diligencia para procurarme los sujetos dotados de virtudes más transcendentales. Pero bastaba con que yo asistiera a una sesión de adivinación, sugestión mental, doble vista, comunicación con los espíritus, posesión demoniaca, etc., para que, a la luz de la más sencilla crítica, se disiparan cual humo todas las propiedades maravillosas de los médiums o de las histéricas zahoríes».

Es muy significativa otra de sus conclusiones respecto a estos supuestos fenómenos paranormales y a quienes se los creen. « Lo admirable en aquellas sesiones no eran los sujetos, sino la increíble ingenuidad de los asistentes, que tomaban cual manifestaciones sobrenaturales ciertos fenómenos nerviosos (autosugestión sobre todo) de los médiums, o la mera coincidencia de hechos, o los efectos del hábito mental, o, en fin, los fáciles y conocidos ardides del cumberlandismo [lectura muscular], tan exhibido después en los teatros».

La estela escéptica de Ramón y Cajal

El interés escéptico por investigar lo que Ramón y Cajal llamaba «psicología morbosa» ha continuado tras él con otros escépticos. Fue James Randi quien décadas después recogió el testigo ofreciendo su famoso reto del millón de dólares a quien demostrara algún fenómeno paranormal en condiciones de laboratorio. Previamente, ya había denunciado a la parapsicología, o más bien a la mala praxis a la hora de estudiarla científicamente, con lo que llamó el Proyecto Alpha: magos entrenados por él mismo (como Banachek) que engañaron a científicos haciéndoles creer que sus trucos de magia eran auténticos fenómenos paranormales. Años antes, Ramón y Cajal ya había advertido de lo mismo en el contexto del examen del espiritismo. Las creencias previas pueden engañar incluso a un científico y hacerle aceptar como verdadero lo que no son sino meros fraudes: «No obstante, el aparato científico con que fueron observados, tenemos por sospechosos los fenómenos sobrenaturales relatados por W. Crookes, Zöllner, Flammarión, Lombroso, W. James, Luciani, etcétera, engañados por Eusepia Paladino y otros médiums no menos ladinos. Estas caídas de mentalidades que, en los dominios de la ciencia, demostraron poseer facultades críticas de primer orden, enseñan cuán peligroso es abordar el estudio de los fenómenos medianímicos —tan propicios al fraude y superchería— con el prejuicio de la comunicabilidad de los muertos con los vivos. Siempre que semejante estado de creencia falta, las artimañas ingeniosas de los médiums son sorprendidas hasta por los observadores menos sagaces».

James Randi, fundador de la principal asociación escéptica norteamericana, el CSICOP —similar al Comité de Investigaciones Psicológicas que formara Cajal para sus investigaciones en Valencia —, logró desenmascarar a Uri Geller y a muchos más. E l legado de ambos viene desarrollándose desde hace años en España por asociaciones como ARP ( Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico y Círculo Escéptic) .

 

Andrés Carmona Campo es Licenciado en Filosofía y en Antropología Social y Cultural.

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