¿Quién fue Kaspar Hauser?

Uno de los personajes más misteriosos de la historia fue un joven que apareció como por ensalmo en la ciudad alemana de Núremberg en 1828. Todo en su vida era misterioso, hasta su muerte, apuñalado en un jardín por un desconocido.

 

En el cementerio de la pequeña ciudad bávara de Ansbach hay una peculiar lápida: “Hic jacet Casparus Hauser. Aenigma sui temporis/ignota nativitas/occulta mors (Aquí yace Kaspar Hauser. Enigma de su tiempo/nacimiento desconocido/muerte misteriosa). Bajo ella se encuentran los restos de un joven de 21 años que murió apuñalado en diciembre de 1833.

Hauser aparece en la historia el 26 de mayo de 1828 en Núremberg, cuando el maestro zapatero Beck lo encontró cuando salía de una taberna. Caminaba a trompicones, confuso y aturdido, y farfullando de manera incomprensible. De aspecto aniñado mostró dos cartas que llevaba con él. Una de ellas –escrita por su supuesta madre-, decía que había nacido el 30 de abril de 1812 y que se llamaba Kaspar, y que su padre, fallecido, era un soldado del sexto regimiento de caballería. La otra, anónima y fechada 16 años más tarde, estaba dirigida al capitán von Wessenig del sexto regimiento. El encabezamiento rezaba: “desde la frontera bávara”, y decía que se le había confiado cuando era un bebé para que fuera cuidado y educado en la fe cristiana y ahora se lo enviaba porque el chico quería ser soldado y le encarecía a que lo recogiera... o lo colgara. Un análisis grafológico posterior determinó que ambas cartas habían sido escritas por la misma mano.

Al poco tiempo de llegar a Núremberg permaneció bajo custodia del alcalde Andreas Hiltel, y fue entonces cuando comenzó a relatar parte de su historia. Contaba que había vivido en un lugar oscuro y que dormía sobre paja; que un hombre le dejaba pan y agua pero a veces sabía amarga, y era en esas ocasiones cuando solía despertarse con el pelo y las uñas cortadas. Ese hombre, que nunca vio, le enseñó a escribir su nombre y a caminar. Además, el extraño supuestamente le enseñó a decir la frase "Quiero ser un soldado de caballería, como lo era mi padre" (en dialecto bávaro antiguo), pero Hauser afirmó que no entendía lo que significaban estas palabras.

Dibujo hecho por Kaspar Hauser
Dibujo hecho por Kaspar Hauser

Una vida misteriosa

Al final las autoridades lo entregaron en custodia al maestro de escuela, filósofo y poeta Friedrich Daumer. Con intereses ocultistas, Daumer intentó arrojar luz sobre el chico haciendo experimentos homeopáticos y de mesmerismo, muy de moda por entonces. El 17 de octubre de 1829 Daumer lo encontró herido en la bodega de la casa: dijo que un hombre encapuchado había intentado matarle. Daumer no le creyó; tenía la sospecha de que era un muchacho con una tendencia nada disimulada a mentir y exagera. Cuando el muchacho no supo justificar claramente el supuesto atentado que había sufrido la sospecha se convirtió en certeza. El maestro pensó que había sido el mismo Hauser quien se habría infringido la herida.

Desde que apareció no cesaron los rumores acerca de su origen: unos decían que era un niño salvaje, otros que tenía un origen principesco asociado a la noble casa de Baden, y muchos lo consideraron un timador. En 1830 lo encontramos viviendo con la familia Biberbaschs, donde el 3 de abril sufrió un misterioso accidente con una pistola que se disparó accidentalmente y le hirió en el lado derecho de la cabeza. Las autoridades volvieron a tomar cartas en el asunto y le asignaron como su nueva casa de acogida la del Barón von Tucher, que no tardó en quejarse de la vanidad y mentiras de Hauser. En 1831 el caso atrajo la atención del filántropo inglés Lord Philip Henry Stanhope, y pidió su custodia. Stanhope se gastó grandes sumas de dinero intentando resolver el enigma de su origen: creía que tenía origen húngaro porque Hauser recordaba a algunas palabras en ese idioma. Se dedicó a investigar hasta la más mínima indicación que el propio Kaspar le comentaba, como cuando dijo que la condesa húngara Maytheny era su madre. Todo fue en vano. Tras la muerte de Hauser Stanhope publicó el resultado de su investigación: “confieso abiertamente que he sido engañado”.

En diciembre de ese año Stanhope lo trasladó a Ansbach para ponerlo bajo la protección de un recto y pedante maestro de escuela llamado Johann Georg Meyer, relación que rápidamente se malogró debido a las constantes mentiras de Hauser. Fue ese mismo año cuando Kaspar consiguió un puesto como copista en un despacho de abogados mientras que su vida era la comidilla de todos sus vecinos.

El 9 de diciembre de 1833, Hauser tuvo una discusión muy fuerte con Meyer. Stanhope esperaba visitar Ansbach en Navidad y Meyer le dijo que no sabía qué iba a pasar. Y la tarde del 14 de diciembre de 1833 Kaspar llegó a casa con una herida en el lado derecho del pecho. Dijo que un hombre le había atacado en el jardín del palacio Residenz Ansbach al tiempo que le daba un saquete. La policía lo encontró: era violeta y en su interior había un mensaje que solo se podía leer frente a un espejo. Su contenido desvelaba la procedencia de Hauser: la frontera de Baviera y que la iniciales de su nombre eran M.L.Ö. Pero no convenció a nadie. El tribunal de investigación sospechó que él mismo había redactado la nota: ciertos errores gramaticales, propios de Hauser, aparecían en ella. El tribunal concluyó que Kaspar se había apuñalado a sí mismo... y se pasó. Murió el 17 de diciembre de 1833.

El recuerdo de Kaspar aún permanece inmutable en el jardín del Residenz Ansbach: “Hic occultus occulto occisus est: aquí un misterioso fue asesinado de manera misteriosa”.

Referencia:

Bondeson, Jan (2005). The Great Pretenders: The True Stories Behind Famous Historical Mysteries, ‎ W. W. Norton & Company

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

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