¿Qué fueron los ruidos repugnantes de La Habana?

Entre 2016 y 2017 personal diplomático estadounidense y canadiense en La Habana experimentaron problemas de salud inusuales e inexplicables que parecían estar relacionados con unos extraños sonidos.

 

Todo empezaba de forma repentina, con unos ruidos rechinantes que parecían venir desde un lugar específico. Algunos experimentaron como una presión o una vibración, otros como una sensación comparable a conducir un automóvil con la ventanilla bajada por la mitad. Estos ruidos, que uno de los afectados describió como “sonidos mecánicos”, duraban entre 20 segundos y 30 minutos, y siempre ocurría mientras los diplomáticos estaban en casa o en sus habitaciones de hotel. Lo curioso es que personas cercanas, familiares y huéspedes en habitaciones vecinas decían no escuchar nada.

Algunos afectados experimentaron efectos adversos en su salud, como cierto diplomático estadounidense no identificado que, según se dice, ahora necesita usar audífono. Las personas afectadas describieron síntomas como pérdida de audición, pérdida de memoria y náuseas. El Departamento de Estado afirmó que todo había sido causado por un ataque o la exposición a un dispositivo aún desconocido, y aunque no estaban culpando al gobierno cubano afirmaron que encontrarían al culpable.

En agosto de 2017 el gobierno estadounidense expulsó a dos diplomáticos cubanos como respuesta y en septiembre el Departamento de Estado comunicó que estaba retirando personal no esencial de su embajada en La Habana, y advirtió a los ciudadanos que no viajaran a Cuba. En octubre Donald Trump, dijo: “Es un ataque muy inusual, pero creo que Cuba es la responsable".

Pero la situación no estaba tan clara como el gobierno norteamericano quería dar a entender. En enero de 2018 Associated Press hizo público un informe del FBI en el que decía no haber encontrado pruebas de un ataque sónico, y en noviembre de 2018 la revista The New Yorker revelaba que la investigación del FBI había sido obstaculizada por la CIA y el Departamento de Estado por la razón que siempre se esgrime en estos casos: seguridad nacional. Al mismo tiempo, ese mismo mes de enero el Departamento de Estado convocó una Junta de Revisión de Responsabilidad, un mecanismo interno que tiene para estudiar los incidentes de seguridad que involucran a personal diplomático.

El 2 de marzo de 2018, el Departamento de Estado confirmó que iba a seguir manteniendo su embajada con el nivel mínimo de personal necesario para realizar "funciones diplomáticas y consulares básicas". Y entonces llegaron nuevas noticias de Canadá: una serie de pruebas realizadas en Pittsburgh a un número no especificado de diplomáticos canadienses mostraron pruebas de daño cerebral similares a las encontradas en sus homólogos estadounidenses. En la primavera de 2018, el Global Affairs Canada -el departamento que se encarga de las relaciones consulares y diplomáticas- retiró de Cuba a todo su personal junto con familias e informó que varios de los afectados en 2017 aún no habían podido volver al trabajo. En 2019 el gobierno de ese país anunció que estaba reduciendo el personal de su embajada en La Habana después de que a fines de diciembre de 2018 un decimocuarto diplomático presentara síntomas de lo que empezó a denominarse “el síndrome de La Habana”.

En febrero de 2019 varios diplomáticos canadienses demandaron al gobierno por negligencia. Durante el juicio el gobierno respondió que sus diplomáticos habían exagerado los síntomas y presentó un estudio llevado a cabo por una asesoría medioambiental independiente que no encontró ningún fenómeno inusual en la embajada. Reconocía que 14 de los demandantes sufrían algo parecido a una conmoción cerebral, pero no sabía cuál era la causa.

El gobierno cubano, obviamente, acusó de mentiroso al norteamericano y se ofreció a cooperar con Estados Unidos en una investigación en la que participaron dos millares de científicos y policías que entrevistaron a 300 vecinos de los diplomáticos involucrados, examinaron dos hoteles e hicieron profundos chequeos a personal no diplomático que podía haber estado expuesto. Se analizaron muestras de aire en busca de agentes químicos, se plantearon examinaron la posibilidad de que las ondas electromagnéticas fueran las culpables, e incluso investigaron si podían haber sido insectos, pero no encontraron nada que pudieran explicar los síntomas. Desde entonces el gobierno canadiense se ha dedicado a dar la callada por respuesta a lo que supuestamente está pasando en Cuba y 'recomienda' a sus empleados que guarden silencio sobre todo el asunto.

La Habana
La Habana

Los informes médicos, algunos publicado en revistas científicas, dividieron a los expertos: para unos estaba claro que algo pasaba mientras que otros tildaron esos estudios de chapuceros y poco rigurosos y que no podía deducirse nada de eso. Para algunos estábamos ante un caso de histeria colectiva; para otros, ante algo que se ve habitualmente en las consultas de neurología; y unos pocos decían que podían haber sido causado por algún tipo de ultrasonido o por microondas pues los afectados tenían daños cerebrales reales. El gobierno canadiense adelantó otra explicación: una exposición a altos niveles de un pesticida que contuviera organofosfatos, que se usa habitualmente en Cuba para mantener a raya a mosquitos portadores de enfermedades como el Zika. De hecho, en septiembre de 2020 se publicaba un artículo en la revista JAMA Neurology donde se describía el caso de una turista de 69 años que mientras regresaba en el avión de sus vacaciones en Cuba empezó a mostrar síntomas similares a los que describían los diplomáticos, y tuvo que ser ingresada en urgencias nada más aterrizar el avión. La conclusión de los médicos fue envenenamiento por organofosfatos.

Y mientras esta batalla se dirimía en la revistas médicas, en 2020 empezaron a aparecer otros diplomáticos estadounidenses en las embajadas de China y Rusia que decían presentar los mismos síntomas.

A día de hoy, ni el gobierno canadiense ni el norteamericano tiene idea alguna de lo que realmente pasó en La Habana entre 2016 y 2017.

 

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

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