¿Qué fue el 'Estallido Lorimer'?

A finales de septiembre de 2007 fuimos conscientes de que un nuevo fenómeno había aparecido en el cielo, algo que los astrónomos no sabían ni que existía.

Todo empezó cuando el estudiante de doctorado David Narkevik reanalizaba los datos recibidos hacía seis años en el radiotelescopio de Parkes, en Australia. Entonces se encontró con un peculiar pico de energía, una explosión tremenda que había durado tan solo 5 milisegundos a una distancia de 1.500 millones de años-luz. La cantidad de energía arrojada el espacio fue inmensa: en ese pequeñísimo espacio de tiempo se liberó tanta energía como las que producirían las dos centrales nucleares de Ascó en Tarragona durante 2 trillones de años. Curiosamente, esta anómala señal había sido descubierta por los astrónomos que tomaron en su tiempo el registro de la observación, pero fue desechada porque creyeron que era algún tipo de interferencia de radio terrestre; no les cupo en la cabeza que tan fenomenal estallido de energía tuviera un origen cósmico. Pero así fue. Aunque debemos comprender que se les pasara; como dijo Matthew Bailes, de la Universidad Swinburne de Melbourne, "normalmente el tipo de actividad cósmica que buscamos a esas distancias es muy débil y esta fue tan brillante que saturó el instrumental".

A pesar de lo que la quietud de nuestro cielo nocturno nos puede sugerir, el universo no es un lugar tranquilo, sino todo lo contrario. Hay estrellas que estallan al final de sus días haciéndose tan luminosas como todas las estrellas de la Galaxia juntas. Pero las explosiones más terribles que podemos observar son llamadas Gamma Ray Burst o estallidos de rayos gamma (GRB): en promedio, una vez al día, en algún punto del cielo y durante un espacio de tiempo que va desde la fracción de un segundo a los pocos minutos, el universo nos regala con una terrible explosión en alguna galaxia lejana: "algo" brilla tanto como 200.000 vías lácteas juntas. Así, el 23 de enero de 1999 los observatorios espaciales de rayos X y rayos gamma detectaron una impresionante fulguración de energía en un punto del cielo situado en la constelación del Boyero. A la Tierra llegaron dos oleadas de radiación 25 y 40 segundos después de comenzar la explosión. Después, durante los siguientes 50 segundos llegaron otros pulsos más débiles. Al final se hizo la calma. Calculada la energía liberada, el resultado es impresionante: si hubiera sucedido a tan sólo 2.000 años-luz de nosotros en el cielo hubiera aparecido una estrella dos veces más brillante que nuestro propio Sol.

Oculto tras esos nombres tan poco atractivos que usan los astrónomos para catalogar los eventos celestes, GRB 990123 es un ejemplo de las peores deflagraciones que suceden en el universo desde la Gran Explosión. Los GRB fueron detectados por primera vez el de 2 julio de 1967 por los satélites norteamericanos Vela 3 y Vela 4, que estaban destinados a medir la radiación gamma producida por las pruebas nucleares soviéticas. Ese día detectaron un flash de radiación gamma cuyo estructura no se ajustaba a la que era habitual de las explosiones atómicas. Tuvimos que esperar más de 30 años, a aquel 23 de enero de 1999, para poder fotografiar este cataclísmico fenómeno y, gracias a ello, identificar su origen: una debilísima galaxia situada a 9.000 millones de años-luz.

Su origen es desconocido y no hay un consenso sobre quién o quiénes pueden ocasionar tales deflagraciones. Muchos astrónomos piensan que se trata de objetos en colapso, un proceso parecido -pero cientos de veces más intenso- a las explosiones de supernova que marcan el final de la vida de una estrella. Nadie sabe cómo y por qué sucede, pero se supone que se produce cuando las estrellas de mayor masa de la galaxia colapsan para formar un agujero negro que rota a gran velocidad, en un proceso que dura de 10 a 20 segundos. Otra hipótesis es la de la colisión entre dos cadáveres estelares, las estrellas de neutrones. Imaginar un objeto así es complicado: una estrella de una vez y media la masa de nuestro Sol apelotonada en el interior de una esfera de diez kilómetros de diámetro y que rota sobre sí misma del orden de mil veces en un segundo.

Estallido Lorimer
Estallido Lorimer

Esta exótica colisión -no es fácil que algo así suceda- es una de las explicaciones ofrecidas por el astrónomo de la Universidad de West Virginia Duncan Lorimer, director del grupo que encontró este inusual fenómeno. También hay propuesta una explicación aún más llamativa, que sea "el último estertor de un agujero negro al evaporarse completamente". Lorimer se refiere a lo que se conoce como evaporación Hawking, en honor del científico que la describió por primera vez, Stephen Hawking.

Esta explosión en el rango de las ondas de radio descabaló a todo el mundo. Desde su anuncio los radioastrónomos han dirigido sus esfuerzos a encontrar más de estas misteriosas explosiones, bautizados como radioestallidos rápidos (Fast Radio Burst, FRB) similares a la que recibe (erróneamente) el nombre de "estallido Lorimer": en puridad, debía llevar el nombre del estudiante que la descubrió, David Narkevik. Esto hace recordar el escándalo que surgió cuando se dio el premio Nobel de Física de 1974 por el descubrimiento de las estrellas de neutrones a Antony Hewish en lugar de recibirlo quien realmente lo hizo, su estudiante de doctorado Jocelyn Bell.

Según una de las astrónomas del JPL, Sarah Spolaor, "nuestro equipo tuvo que rebuscar entre los datos generados durante 11 meses de observación, que cubrían una amplia zona del cielo, para encontrarlos”. Spolaor fue la científico que desarrolló el software para buscar esos elusivos pulsos de radio y no confundirlos con señales provenientes de teléfonos móviles, aviones... Estas explosiones provienen de algún lugar situado a 11.000 millones de años-luz de distancia,  lo que lo convierte en un proceso que tuvo lugar cuando el universo era joven, con unos 4.000 millones de años de edad.

¿Qué misterios encierra este nuevo fenómeno de los FRBs? Al igual que pasa con sus primos, los GRBs, ninguna de las explicaciones ofrecidas (choques de estrellas, evaporación de agujeros negros...) se ajustan a los escasos datos observados y por ello los radioastrónomos están preparando programas de observación para descubrir más de estos FRBs y arrojar luz sobre su origen. Como suele decirse, el universo nunca deja de sorprendernos.

 

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

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