¿Qué fue del tesoro de Lima?

El tesoro de Lima es una historia de aventuras donde encontramos traición, sangre y piratería. Por desgracia, es difícil discernir qué es leyenda y qué realidad. Lo único cierto es que un gran tesoro fue robado y nunca ha aparecido.

 

A principios del siglo XIX España comenzaba una guerra en la que iría perdiendo poco a poco el control sobre sus colonias en Sudamérica. Los líderes de la revolución, Simón Bolívar y José Francisco de San Martín tenían como objetivo entrar en la gran ciudad de Lima. Allí funcionarios y colonos se habían hecho con grandes cantidades de oro y piedras preciosas, especialmente el clero católico, que había acumulado muchos objetos de valor. Se cuenta que una de aquellas piezas era una estatua de oro macizo, de tamaño natural, de la Virgen María con el Niño.

En octubre de 1820 Lima, bajo mandato del virrey Joaquín de la Pezuela, no estaba a salvo de la guerra: por tierra el general San Martín y por mar Lord Cochrane (apodado por los franceses “el lobo de los mares”) lanzaron una ofensiva que acabaría con la toma del puerto de El Callao, que los españoles consideraban inexpugnable. Desesperado por preservar sus tesoros temiendo el saqueo de la ciudad por las tropas revolucionarias, el virrey tomó la decisión de enviar los tesoros a México para su custodia. La única manera de salvarlos era arriesgándose por mar. En aquel momento, el buque más poderoso que tenían los españoles en el Callao, y el único capaz de cruzar el océano hacia España, era la fragata La Esmeralda, pero había caído en manos de Lord Cochrane.

Un escocés y un tesoro

No todo estaba perdido. Un bergantín llamado Mary Dear bajo mando de un escocés, el Capitán William Thompson, se preparaba para zarpar. Pezuela contrató a Thompson, su tripulación y su barco. Durante dos días, todas las cosas más preciadas que contenía la ciudad, ducados de oro, joyas, piedras preciosas, obras de arte, libros y archivos, vajillas de oro y plata, candelabros de oro y objetos de culto de la catedral se cargaron en el Mary Dear; un total de 24 baúles cerrados a cal y canto. Junto a ellos subió un grupo de oficiales españoles, lo que hizo sospechar a Thompson que algo muy valioso iba en aquellos arcones. No era un pirata, pero una noche se dejó llevar y rindiéndose a las súplicas de su tripulación, los españoles fueron arrojados por la borda: la tripulación del Mary Dear se acaba de convertir en pirata y, como tal, decidieron ocultar el tesoro de Lima. ¿Dónde? en la ya famosa Isla del Coco; allí se quedarían hasta que estuvieran seguros de que podrían gastarlo sin problemas.

Captura del barco La Esmeralda y del puerto de El Callao
Captura de La Esmeralda y del puerto de El Callao

La isla de los piratas

En 1526, Juan Cabezas de Grado, navegante asturiano, descubrió en una expedición por el Pacífico un pequeño islote situado a 532 km de la costa de la actual Costa Rica. Conocido como Isla del Coco, resultó ser un lugar de lo más interesante para piratas, corsarios y bucaneros. Allí abundaba la madera, la comida y tenía manantiales de agua dulce, pero sobre todo estaba fuera de las rutas marítimas habituales. Muchos fueron los que escogieron aquella selvática isla para esconder el producto de sus saqueos: Henry Morgan ocultó allí las riquezas capturadas en Panamá, el capitán Edwar Davis escondió lo robado en la ciudad nicaragüense de León al igual que los cargamentos de varios buques españoles, interceptados en sus viajes desde Lima a Panamá, en ruta hacia España. William Dampierre, íntimo amigo de Lionel Wafer, cirujano bucanero y naturalista, nos han dejado descripciones de aquellos días en Cocos, cuando Davis y sus hombres enterraban sus tesoros y vivían en la isla.

Ese era el lugar donde Thomson decidió ocultar el tesoro robado. Ahora bien, llegar a puerto sin la carga ni los pasajeros no iba a ser nada fácil, y mucho menos con los barcos españoles pisándole los talones. Además, sabían que en aquella época el delito de piratería se castigaba con la muerte. Es en este punto donde la leyenda toma dos caminos: en una, tras haber puesto a salvo el tesoro en Coco, Thompson prendió fuego a su bergantín y simuló un naufragio. Se subió con sus sus tripulantes a los botes de remos y se dirigieron a la costa. Pero por esos quiebros del destino los cadáveres de los oficiales españoles asesinados habían salido a flote y recuperados; su artimaña fracasó. Fueron capturados y juzgados por piratería. La otra historia es que los españoles no se fiaban de Thompson y mandaron tras el a un barco corsario, el Peruvian (otros dicen que era la fragata Espí) que los capturó frente a las costas de Panamá. Sea como fuere, todo terminó igual: toda la tripulación fue ajusticiada salvo Thompson y su primer oficial, James Alexander Forbes; salvaría su vida si revelaran la ubicación del tesoro. Sin embargo, una vez en la isla del Coco se las ingeniaron para escapar. Nunca se les volvió a ver y el Tesoro de Lima desapareció de la historia.

¿Realidad o leyenda?

A partir de este momento la historia se hace aún más legendaria: se cree que Thompson regresó a Terranova con la ayuda de un barco ballenero y Forbes se estableció en California, donde se convirtió en un exitoso hombre de negocios, pero nunca regresó a la isla. Cuenta la leyenda que en su lecho de muerte Thompson decidió revelarle a su amigo John Keating el lugar exacto donde escondieron los más de 60 millones de euros que, hoy día, valdría el Tesoro de Lima: “Bájese del barco en la Bahía de la Esperanza, entre las dos islitas, en aguas de una profundidad de 9 metros. Camine 350 pasos hasta la orilla del riachuelo y luego gire hacia el norte/noreste por 850 yardas. Clave una estaca. La estaca con el sol poniente dibujará la silueta de un Águila con alas extendidas. En la extremidad entre el sol y la sombra, hallará una cueva marcada con una cruz. Allí está el tesoro”. Claro que ésta es una de las diversas instrucciones que han quedado para la historia. Se dice que Keating le contó el secreto a un intendente, Nicholas Fitzgerald, que era tan pobre que nunca pudo organizar una expedición a Cocos. La carta de Fitzgerald con las instrucciones de Keating se encuentra en una vitrina del Nautical and Traveller Club de Sydney (Australia), registrada con el número 18755.

¿Leyenda o realidad? Quién sabe. Lo cierto es que, 200 años después, muchos han ido a la Isla del Coco en busca del tesoro de Lima y han regresado con las manos vacías.

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

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