¿Qué está pasando en el Mar Menor?

Hace pocas semanas, las imágenes de un nuevo episodio de mortandad masiva de peces en el Mar Menor daban la vuelta al mundo. ¿Cuál es el origen de la famosa ‘sopa verde’? ¿Hay solución?

Mar Menor
Fotografía: Victoria González

Para muchos, la historia del Mar Menor es la crónica de una muerte anunciada: mucho antes del colapso de 2016, las aguas cristalinas de la laguna ya estaban soportando multitud de impactos hasta que llegó un momento en el que, simplemente, el ecosistema no pudo aguantar más.

La famosa ‘sopa verde’ en que se convirtió el Mar Menor tiene su origen en un proceso denominado eutrofización y que es el resultado del aporte masivo de nutrientes a un cuerpo de agua. “El exceso de nutrientes es absorbido por el fitoplancton del agua, que prolifera hasta formar una malla muy densa en la superficie que evita que llegue la luz al fondo de la laguna”, nos explica el catedrático de Ecología de la Universidad de Murcia Miguel Ángel Esteve. “Como consecuencia, todas las plantas que de forma natural se encontraban ancladas en el fondo de la laguna (fitobentos) dejan de recibir luz para hacer la fotosíntesis y acaban muriendo. A la vez, el fitoplancton muerto se va depositando en el fondo, y toda esa materia orgánica junta demanda muchísimo oxígeno, un elemento cada vez más escaso puesto que el fitobentos ya no está fotosintetizando”. Una especie de círculo vicioso que genera, en el fondo de la laguna, las famosas condiciones de anoxia de las que tanto hemos oído hablar. “Estas condiciones anóxicas, en función de la estratificación del agua, pueden extenderse a toda la laguna”, nos explica Esteve. “Sin entrar en detalles muy técnicos, el resultado es que cuando esta falta de oxígeno se extiende a toda la laguna en periodos prolongados puede ser mortal para los organismos que respiran en el agua. Si la anoxia es generalizada, como ha ocurrido en el Mar Menor, la mortandad es masiva”.

¿Por qué se produce la eutrofización?

Durante muchos años, el Mar Menor sufrió los impactos de la minería de metales pesados y de la actividad urbanística, pero actualmente las presiones provienen, fundamentalmente, de la agricultura intensiva. Esteve ha publicado varias decenas de trabajos sobre el Mar Menor y su entorno ecogeográfico y nos explica que su grupo ha desarrollado modelos matemáticos para determinar el peso relativo de todas las posibles causas de eutrofización de la laguna: “Hemos observado que la actividad agraria intensiva (sobre todo agricultura y, más secundariamente, ganadería) puede suponer en torno al 85 % de todos los nutrientes que entran al Mar Menor. El otro 15 % proviene de fuentes urbanas, pero el origen del colapso es fundamentalmente agrario”, señala.

El investigador nos explica que los vertidos agrarios consisten, fundamentalmente, en nitratos, y que los fosfatos solo entran con los aportes de origen animal o con las grandes avenidas. En cuanto a los vertidos urbanos, “tuvieron un papel destacado en el Mar Menor hasta hace 25 años, tanto por mal diseño de las depuradoras como por roturas y pérdidas fugitivas, pero esto ahora mismo tiene un papel secundario”.

 

El papel de las DANA y las olas de calor

Cuando se produjo el primer evento de mortalidad masiva de peces, en octubre de 2019, muchos atribuyeron su origen a las fuertes lluvias que habían tenido lugar semanas atrás. Y, de la misma forma, los episodios de 2021 se han relacionado con el calor. ¿Son factores determinantes, o más bien la gota que colma el vaso en un ecosistema que ya está en desequilibrio? Para la mayoría de expertos, sería más bien lo segundo: “Todo ayuda, pero el enfermo ya está enfermo. El Mar Menor tiene una enfermedad crónica por toda esa cantidad de nutrientes que recibe de forma cotidiana. La DANA supone una entrada masiva de más nutrientes, hace de escoba y barre todos los abonos que estaban en la superficie de los cultivos. Es un aporte extra de nutrientes y suele producir estratificación, de forma que la parte profunda del Mar Menor se desconecta de la superficie debido al cambio de salinidad y se genera una enorme bolsa de anoxia en el fondo”, indica Esteve. “En 2019 ya existía esa bolsa de anoxia, pero ese proceso fue tan intenso que se activaron las bacterias del azufre y los sulfatos del agua pasaron a sulfuros, que son muy tóxicos. Debido a los vientos, esas aguas pútridas del fondo, sin oxígeno y cargadas de sulfuros, emergieron en superficie y mataron a los peces que vimos saltando hacia las orillas en una especie de suicidio asistido”.

 

Los servicios ecosistémicos del Mar Menor

En una ocasión, Esteve afirmó que “el Mar Menor nos regaló más de dos décadas de servicios ecosistémicos de más, por su capacidad de resiliencia”. La laguna llevaba años soportando todo tipo de presiones e impactos, pero gracias a su capacidad de tamponar ese aporte masivo de nutrientes, el colapso se retrasó hasta 2016. “Por un lado, los humedales periféricos absorberían gran parte de los nutrientes, pero sobre todo es destacable el papel del fitobentos, de todas esas algas y plantas vasculares del fondo de la laguna que crecieron mucho y absorbieron la mayor parte de todos los nutrientes que llegaban desde el Campo de Cartagena. De forma muy secundaria, también la enorme explosión de medusas ayudaría, ya que muchas tienen zooxantelas que filtran nitrógeno”, nos explica el experto. “En todo caso, el agua del Mar Menor se mantuvo cristalina durante mucho tiempo, hasta que llegó un momento en el que todos esos mecanismos no fueron suficientes para soportar la elevada carga de nutrientes, y se produjo la explosión de fitoplancton”. Con la famosa sopa verde, el Mar Menor pasó de tener aguas cristalinas a aguas turbias, “el proceso de eutrofización culminó con esta crisis y con el colapso del funcionamiento histórico del Mar Menor. Este funcionamiento se ha dado la vuelta como una tortilla: ya no está controlado por las plantas del fondo (fitobentos), sino por las plantas unicelulares del cuerpo de agua (fitoplancton)”.

 

¿Hay vuelta atrás?

Una de las grandes preguntas sobre la crisis del Mar Menor es la reversibilidad del proceso: ¿ha llegado el ecosistema a un punto de no retorno? Aunque hay dudas, Esteve nos indica que en los debates prevalece una posición optimista: “si se consiguiera eliminar la causa - los aportes extra de nutrientes-, la capacidad de resiliencia histórica del Mar Menor se convertiría en capacidad de restauración y el fitobentos recuperaría el control de la laguna”.

Las soluciones que propone su equipo van a la raíz del problema, que es el exceso de actividad agraria intensiva. “La cifra no se conoce con exactitud, pero de los aproximadamente 60 000 regadíos que hay en el entorno de la laguna, unos 10 000 serían ilegales. Si eliminas estos últimos, ya quitas una fuente de abonos y fertilizantes. Lógicamente, también habría que regular la entrada de abonos que procedieran de la actividad agraria legal, hay que bajar la carga de nutrientes”.

 

Renaturalizar el Campo de Cartagena

Como complemento, los expertos insisten en la necesidad de renaturalizar el Campo de Cartagena: “En torno al 7 % de su superficie debería estar ocupada por setos naturales, y hay que revegetar las ramblas que actualmente están roturadas para la actividad agraria. De esa forma tendríamos una especie de malla natural pegada a los cultivos que extrae nutrientes, evapotranspira agua y, además, también hace de retención cuando llegan las grandes avenidas”. Esteve insiste en el importante papel de los humedales: “funcionan como riñones del sistema al extraer parte de los nutrientes antes de llegar al agua. Hay que restaurar los saladares y los humedales, crear un cinturón en toda la periferia de la laguna interna que retenga las aguas de las avenidas y haga una labor de desnitrificación”. En cuanto a las aguas de la rambla del Albujón, que ahora mismo es el principal colector de todas las aguas que terminan vertiendo al Mar Menor, el investigador indica que habría que intentar, con biorreactores y con el papel de los propios humedales, rebajar la carga de nutrientes que portan.

Implantar todas estas medidas supone un reto complejo, pero los expertos confían en que, de conseguirse, se podría revertir el proceso para recuperar el equilibrio y las históricas aguas cristalinas de este ecosistema único en Europa.

Victoria González

Victoria González

Bióloga de bota. Tengo los pies en la tierra y la cabeza llena de pájaros. De mayor quiero ser periodista.

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