¿Qué es una ''revista depredadora'' y qué daño hace al mundo científico?

Las revistas científicas se han de caracterizar por el más exquisito rigor en la exposición de sus datos y conclusiones. Pero algunas prefieren hacer negocio, sin importar lo que en ellas se diga.

Uno de los puntos esenciales en la labor científica es la comunicación de los resultados. No solo es indispensable transmitir los nuevos conocimientos científicos adquiridos a la sociedad, que será en última instancia la que se beneficiará de ellos, sino también, y en primer lugar, a otros científicos mediante lo que denominamos artículos científicos o papers. Estos escritos se envían a revistas especializadas en el campo en que se enmarca la investigación, y para ser publicados deben superar un tedioso proceso que llamamos revisión por pares o, siendo más correctos en la traducción del inglés peer review, revisión por iguales. Estos pares o iguales, llamados revisores, no son sino otras personas expertas en el mismo campo de estudio, que revisan —o deberían revisar— cuidadosamente la metodología empleada en el estudio, los resultados obtenidos, y las interpretaciones que de ellos se obtienen. Discuten aquellos puntos en los que no están conformes o piensan que hay carencias de rigor, y si todo va viento en popa, tras dos o tres vueltas por los revisores, la revista terminará aceptando el artículo para su publicación. 

Este proceso de revisión paritaria es esencial, y aunque dista mucho de ser perfecto, hay revistas que lo llevan bastante a rajatabla. Por ejemplo, para evitar conflictos de intereses como pueden ser favoritismos que ablanden el proceso o venganzas personales que lo entorpezcan, algunas revistas mantienen el anonimato tanto de los autores del estudio como de los revisores. Esto redunda, finalmente, en que la calidad de los artículos aumente, y con ello, la fuerza de las pruebas científicas que se exponen en ellos.

Pero no todas las revistas son iguales. En el mundo de las editoriales científicas existen muchos, muchísimos claroscuros. Muchos de ellos, muy turbios. Aspectos que con frecuencia terminan permitiendo que en la producción científica se cuelen artículos que pretenden aseverar cosas que son, en realidad, falsas. Seguro que se recuerda aquella polémica —mil veces refutada— de que la vacuna triple vírica podía provocar autismo, aquella otra —más refutada aún— que decía que las plantas transgénicas provocaban cáncer, aquel que decía que la mano humana era producto de un diseño, o los cientos y cientos de artículos aparentemente científicos que —sin pruebas reales— afirman que la homeopatía es eficaz. A ese tipo de publicaciones, el autor Ben Goldacre lo denominó, en su libro homónimo, Mala ciencia

Entre los mayores productores de mala ciencia encontramos a las revistas depredadoras, también conocidas en inglés como predatory journals. Lo primero que hacen es bombardear a investigadores con ofertas de publicación. Ofrecen supuestos descuentos, informan de que sacarán números monográficos sobre el tema que se domina, ofrecen datos de impacto que generalmente son falsos, etcétera. Algunos investigadores caen sin darse cuenta, aunque cada vez menos. Iniciativas como la lista de Beall exponen las revistas predadoras, impidiendo que los investigadores incautos caigan en la trampa. Otros, sin embargo, en un mundo en que a veces importa más el volumen de producción científica que su calidad, lo buscan. 

Estas revistas tienen un modelo de negocio que, por otra parte, es bastante común en las revistas científicas reales. Si quieres publicar en mi revista, tendrás que pagar, a cambio de que el artículo quede en acceso abierto. Pero, a diferencia de las revistas científicas, que antes de publicar el artículo pasan el filtro de la revisión por pares, las revistas depredadoras no tienen ese molesto y muy necesario inconveniente. Ni el editor, ni ningún revisor se lee el artículo antes de ser publicado. El autor envía el artículo a la revista, paga su factura, y arreglado queda.

Es de este modo cómo, por ejemplo, artículos generados enteramente por ordenador, con una gramática perfecta, pero sin ningún sentido, pueden llegar a ser publicado en revistas con el muy convincente nombre de The open information science journal —Revista abierta de ciencias de la información—. Muchos autores han enviado, frecuentemente desde pseudónimos, artículos deliberadamente absurdos a revistas predadoras solo para desenmascarar sus malas prácticas; por ejemplo, un estudio que describe una relación entre la presencia de aves que se parecen a peces y la ausencia de hongos tóxicos —sí, en serio—, pero que esa correlación no se observa con pizzas, particularmente, con cuatro quesos, pollo, anchoas y champiñones, a pesar de tener aves, peces y setas. Y sí, esa publicación es real.

Cada vez que se lee un artículo científico ha de hacerse con un espíritu crítico. Aunque una publicación científica en una revista seria y revisada por pares suele ser indicativo de ciertas garantías, los autores, los editores y los revisores siguen siendo humanos, y pueden equivocarse, tratar de mentir o exagerar. El riesgo de estos sucesos se minimiza cuando el proceso de revisión por pares está bien realizado, y gracias a ello disponemos de una gran producción científica de conocimientos sólidos y muy bien asentados que han logrado que hoy podamos comunicarnos en tiempo real con alguien que vive en nuestras antípodas, curar enfermedades que hace un siglo eran letales, conseguir vacunas a una enfermedad nueva en meses, o hacer que un dron vuele por la superficie de Marte. Pero entre toda esa buena ciencia se infiltran con frecuencia artículos que parecen serios, pero que no han superado una revisión por pares —o que la ha superado, pero no ha sido más que una pantomima—.

Por eso es esencial tener buena capacidad de pensamiento crítico cuando se lee algo, incluso cuando lo que se está leyendo parece un artículo científico.

 

REFERENCIAS 

Beall, J. (2017) ‘What I learned from predatory publishers’, Biochemia Medica, 27(2), pp. 273–278. doi:10.11613/BM.2017.029.

Beall’s List (2021) ‘Beall’s List – of Potential Predatory Journals and Publishers’, 8 December. Available at: https://beallslist.net/ (Accessed: 25 January 2022).

Gilbert, N. (2009) ‘Editor will quit over hoax paper’, Nature [Preprint]. doi:10.1038/news.2009.571.

Goldacre, B. (2012) Mala ciencia: no te dejes engañar por curanderos, charlatanes y otros farsantes. Barcelona: Espasa Libros.

Grudniewicz, A. et al. (2019) ‘Predatory journals: no definition, no defence’, Nature, 576(7786), pp. 210–212. doi:10.1038/d41586-019-03759-y.

Stervander, M. and Haelewaters, D. (2020) ‘Fishiness of Piscine Birds Linked to Absence of Poisonous Fungi but not Pizza’, Oceanography & Fisheries Open access Journal, 12(5). doi:10.19080/OFOAJ.2020.12.555850.

 

 

Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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