¿Qué es la experiencia religiosa?

¿Por qué vemos ridículas las creencias religiosas de los demás y no las nuestras? ¿Por qué aceptamos unas creencias que, en el mejor de los casos, son anti-intuitivas y para las cuales no tenemos ninguna prueba de que sean ciertas? ¿Qué las hace plausibles para algunos seres humanos, pero no para todos?

 

Resulta obvio que no podemos dudar de la amplitud y la diversidad del hecho religioso en la cultura humana, pero no sabemos porqué existe. Para el antropólogo Stewart Elliot Guthrie, de la Universidad de Fordham, la religión es un extensión del “antropomorfismo sistemático” que poseemos los seres humanos, esto es, que atribuimos características humanas a cosas o eventos no-humanos debido a que cualquier información ambigua o poco clara la interpretamos siempre en términos de supervivencia.

Para entenderlo imaginemos que paseamos por un bosque durante la noche. En cierto momento nos llama la atención una sombra: ¿es una roca o uno de los osos que suele haber por los alrededores? Lo inteligente es pensar que es un ser vivo y salir corriendo: no perdemos nada si nos equivocamos, pero sobreviviremos si tenemos razón. Lo mismo sucede con la fe religiosa: es un tipo de estrategia de supervivencia a la que se ha adaptado nuestro cerebro.

Para el biólogo evolutivo David Sloan Wilson esta adaptación no está asociada a la supervivencia del individuo, sino a la del grupo. Defiende que la religión es producto de la evolución cultural a través de un proceso de selección de grupo: las ideas religiosas aportan cohesión y cooperación consiguiendo de esta forma que el grupo tenga más probabilidades de supervivencia.

Por otro lado tenemos al antropólogo Pascal Boyer, que basa sus ideas en el concepto de modularidad de la mente de la psicología cognitiva: en nuestro cerebro alojamos distintos algoritmos mentales, en parte definidos por los genes, que gracias a la selección natural han ido apareciendo para resolver diversas situaciones específicas, como el huir de las sombras. Boyer argumenta que la religión es una exaptación, una consecuencia colateral que ha aparecido al usar “todo tipo de capacidades específicas humanas” que había sido desarrolladas para resolver otros problemas diferentes.

O dicho de otro modo, la fe religiosa, al igual que la capacidad para pintar cuadros o componer canciones, nace de distintos módulos cognitivos que se crearon para una finalidad determinada pero que, con el paso del tiempo, comenzaron a ser utilizadas con otro fin, en este caso, la creencia religiosa.

Neurociencia y religión

Por otro lado, a la neurociencia le preocupa descubrir si hay algo en nuestro cerebro que nos haga ser religiosos. Al parecer la experiencia religiosa, sobre todo la experiencia mística, está relacionada con el sistema nervioso autónomo, responsable de regular la respiración, la presión arterial, la temperatura corporal o la frecuencia cardíaca, y a su vez está muy relacionado con el sistema límbico del cerebro, responsable de las emociones y los afectos.

Curiosamente, en la década de los 70 el psiquiatra Arthur J. Deikman acuñó el término de psicosis mística al descubrir la gran similitud que había entre las experiencias psicóticas y las místicas. Andrew Newberg, de la Universidad de Pensilvania, ha dedicado gran parte de su tiempo a hacer tomografías del cerebro de monjes tibetanos y franciscanos mientras rezan o meditan, descubriendo que en esos momentos el cerebro desactiva las zonas que regulan la personalidad y se intensifica la actividad del encéfalo en la parte frontal. Además se da un descenso de la actividad en los lóbulos parietales, cuya función es orientar nuestros cuerpos en relación al mundo: eso da lugar a percepciones espaciales anormales y posibilita la experiencia mística.

Por su parte, investigadores del Instituto Karolinska de Estocolmo, publicaron en 2003 un artículo donde relacionaba los niveles de serotonina, y sobre todo el receptor 5-HT1A, con la espiritualidad de los individuos: es mayor cuanto más baja es la densidad de receptores de serotonina. Sin embargo, en 2011 otro grupo de científicos publicaban que en sus ensayos no habían encontrado esa correlación. ¿Realmente existe una base química para creer? Si una sustancia que segrega nuestro cuerpo es capaz de hacernos tener visiones místicas, ¿podrían inducirse artificialmente si ingerimos “hongos sagrados”?

Médicos de la Universidad Johns Hopkins sometieron a distintos voluntarios a diferentes dosis de psilocibina, un alcaloide presente en muchas especies de hongos, y el 61% tuvieron experiencias místicas completas. Es más, tras dos meses de ingesta el 79% de los participantes afirmaron que se sentían mucho más satisfechos con su vida, y sus familiares y amigos confirmaron que habían visto en ellos un cambio a mejor. Todas estas investigaciones apuntan claramente en un sentido: si podemos inducir sentimientos religiosos en una persona, entonces estos no tienen nada que ver con la existencia de un mundo espiritual, sino con el funcionamiento y la química del córtex. Si para los psicólogos evolucionistas el sentimiento religioso es producto de la evolución del cerebro, los neuroteólogos nos dicen cómo pueden generarse.

Aunque, en realidad, todos estas investigaciones no nos dicen nada acerca de por qué creemos, sólo de cómo responden nuestros cerebros a la experiencia religiosa. Lo que parece innegable es que hay algo en la circuitería de nuestro cerebro que nos hace propensos a creer, pero no sabemos mucho más. Como escribió hace décadas el prolífico divulgador científico Martin Gardner, el sentimiento religioso “lo entiendo tan poco como puede entender la ciencia la esencia de un fotón”.

 

Referencias:

Borg, J., Andrée, B., Soderstrom, H., Farde, L. (2003) The Serotonin System and Spiritual Experiences, Am. J. Psychiatry, 160 (11) 1965-1969

Boyer, P. (2002) Religion Explained: The Evolutionary Origins of Religious Thought, Basic Books

Karlsson, H., Hirvonen, J., Salminen, J. et al. (2011) No association between serotonin 5-HT1A receptors and spirituality among patients with major depressive disorders or healthy volunteers. Mol Psychiatry 16, 282–285 

Wilson, D. S. (2002). Darwin's Cathedral: Evolution, Religion and the Nature of Society. Chicago: University of Chicago Press

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Astrofísico y doctor en física teórica. Miembro del Comité Editorial de Muy Interesante, es autor de catorce libros, más de 300 artículos y creador de una treintena de proyectos de divulgación científica. Es colaborador habitual en prensa, radio y televisión, y consultor para exposiciones temporales y museos.

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