¿Qué es el tiempo?

Tiempo es lo que marca el reloj, aunque eso no es decir gran cosa. Si reflexionamos un poco más veremos que, por mucho que intentemos buscar una respuesta, ninguna nos satisfará completamente.

 

El tiempo es un concepto difuso y esquivo. Resulta sorprendente que algo tan familiar sea tan difícil de definir. Solo una cosa está clara: la palabra tiempo la asociamos a cambio. La naturaleza de ese cambio, su significado, que en las diferentes culturas han interpretado de muy diferente manera, sigue siendo una de las grandes incógnitas de la ciencia.

Por cierto, no tenemos instrumentos que midan el paso del tiempo. Usamos el movimiento para medirlo, que es un intermediario: no existen los “tiempómetros”. A pesar de todo, el tiempo pasa y lo vemos todos los días en nuestro reloj y en las hojas del calendario. “As time goes by”, era la canción que pedía tocar Humphrey Bogart en la película Casablanca, pero no se puede colocar bajo la lente del microscopio ni hacer experimentos con él. Además está íntimamente relacionado con otro concepto igualmente esquivo, el espacio.

Ambos, espacio y tiempo, nacieron hace alrededor de 13 900 millones de años, el momento mágico en que este universo comenzó a existir debido a una Gran Explosión. Antes de esto no había absolutamente nada: “El concepto de tiempo comienza con la Gran Explosión del mismo modo que la medición de la latitud empieza en el Polo Norte. Y no se puede ir más al norte del Polo Norte”, dice el cosmólogo de la Universidad de Helsinki Kari Enqvist.

Para los físicos, donde el tiempo desempeña un elemento central en su trabajo, es un tema que la mayoría suele obviar. Arthur Eddington, uno de los astrofísicos más importantes de principios del siglo XX lo expresó con claridad: “Lo importante del tiempo es que pasa”. Hoy ese sentimiento sigue siendo el mismo. Para la física el tiempo es la cuarta dimensión: especificar la posición de un objeto requiere dar las tres coordenadas espaciales y el tiempo. Al quedar con un amigo no sólo le decimos dónde, sino también cuándo.

Ahora bien, si durante siglos se había creído que el tiempo era algo absoluto, idéntico para todos los observadores del universo, en 1905 todo cambió. Ese año, Albert Einstein nos descubrió que no se trata de algo totalmente desligado del espacio sino que forma parte de lo que él llamó el continuo espaciotiempo, y demostró que el fluir del tiempo depende de la velocidad del observador. Por muy horrible que pueda parecernos esta idea, así se ha demostrado en multitud de experimentos. Eso sí, y tenemos suerte, esto sólo ocurre a velocidades cercanas a la de la luz. En nuestra vida cotidiana no lo percibimos y por eso es difícil que seamos conscientes de la relatividad del tiempo.

¿Y si no hay tiempo?

Hay físicos como Julian Barbour, Stuart Kauffmann o Lee Smolin que piensan que el tiempo no es un aspecto fundamental del mundo. Todo viene debido a que en la física cuántica, la física de lo muy pequeño, el tiempo da problemas. En primer lugar, no hay nada que se parezca a un reloj perfecto en el mundo subatómico: todos los posibles relojes están sujetos a la llamada incertidumbre cuántica, lo que hace que su funcionamiento sea impredecible –incluso podrían marchar atrás–. De hecho, a nivel subatómico el tiempo carece de significado. Esto nos lleva a situaciones sorprendentes como, por ejemplo, que podríamos eliminar un suceso de la historia simplemente haciendo una observación en el presente. ¿Nos damos cuenta de lo que significaría en nuestra vida cotidiana?

Según Julian Barbour el tiempo desaparece si se tiene en cuenta la gravedad a nivel subatómico. Para este físico el universo no es otra cosa que una gran colección de momentos y cada uno de ellos, una colección de cosas. A la colección de todos estos momentos lo llama el montón. No tiene sentido querer ordenar temporalmente esos diferentes momentos, simplemente están y punto. Nada cambia en el tiempo porque no hay tiempo, que es solo una ilusión creada por nuestro cerebro.

Para entenderlo imagine que quiere ver la película Lo que el viento se llevó en un reproductor de DVD. Pero está estropeado y de forma aleatoria salta hacia adelante y hacia atrás: primero está viendo la secuencia donde Scarlett jura que jamás volverá a pasar hambre y a continuación aparece cuando conoce a Rhett Butler. Para usted nada tiene sentido pero los protagonistas no ven en ello ningún problema. En cada secuencia ellos hacen lo que tienen que hacer, y siempre lo hacen. Si pudiera parar la película y preguntarles acerca de lo que piensan en ese momento, ellos le responderían exactamente lo mismo que si usted estuviera viendo la película en un DVD sin estropear: en cada secuencia ellos tienen siempre los recuerdos que les corresponde a esa secuencia. Del mismo modo, cada momento en el espacio-tiempo es como cada una de las secuencias de la película: lo que es usted en cada momento, que es el ahora, es producto de su experiencia en ese momento. Su vida, que en el fondo no es más que es su memoria y sus recuerdos, es un conjunto de diapositivas que provocan la sensación de paso del tiempo que todos tenemos. Es más, esta sensación no requiere de la existencia de diapositivas previas, de momentos previos: todo está contenido en esa diapositiva particular del universo.

Referencias:

Barbour, J. (2020) The Janus Point: A New Theory of Time, Basic Books

Smolin, L., Mangabeira Unger, R. (2014) The Singular Universe and the Reality of Time: A Proposal in Natural Philosophy, Cambridge University Press

 

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Astrofísico y doctor en física teórica. Miembro del Comité Editorial de Muy Interesante, es autor de catorce libros, más de 300 artículos y creador de una treintena de proyectos de divulgación científica. Es colaborador habitual en prensa, radio y televisión, y consultor para exposiciones temporales y museos.

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