¿Qué aspecto pueden tener los extraterrestres?

Con aspecto de insecto, como una masa viscosa, con exoesqueleto, un enano cabezón sin pelo, parecido a nosotros pero con orejas puntiagudas... la ciencia ficción y las películas nos han pintado a los extraterrestres de muy diferentes formas y tamaños. ¿Realmente se acercan a lo que podría ser? ¿Se puede predecir, con los conocimientos científicos que hoy poseemos, cómo sería un extraterrestre?

Estamos ante un complicado ejercicio de especulación científica. ¿Tendrán dos ojos o más? Nariz y boca seguramente, pues por algún lado deben introducir alimentos para mantenerse vivos y, quizá, tengan algo parecido a la respiración. ¿Pero cuántas narices y bocas tendrán? Nosotros, en un fallo flagrante de diseño, comemos y respiramos por el mismo conducto, pero la evolución en su planeta no tiene porqué haber cometido semejante error. Por cierto, el organismo del extraterrestre deberá deshacerse de los productos sobrantes de la alimentación, así que algo parecido a un ano también debe tener.

La altura del posible extraterrestre es más fácil de predecir, porque tanto ella como el tamaño los determina la gravedad del planeta. A mayor gravedad, mayor sensación de peso. Eso implica que si los seres humanos hubiéramos aparecido en un planeta con 10 veces la gravedad de la Tierra nuestros huesos deberían ser más gruesos para sostener el peso del cuerpo. Pero eso juega contra nosotros, porque si son mayores, su masa será mayor y, por tanto, seremos más pesados. Por ende, nuestro sistema muscular debería ser verdaderamente potente para poder movernos, lo que implica también más masa. Luego, en lugares de alta gravedad, no queda más remedio que reducir el tamaño si queremos que nuestro imaginario ET sobreviva.

¿Qué nos puede decir la teoría de la evolución sobre cómo sería un ET? En enero de 2011 la revista Philosophical Transactions A publicó una serie de artículos sobre vida extraterrestre. Entre ellos había uno del paleontólogo de la Universidad de Cambridge Simon Conway Morris donde planteó que con todo lo que sabemos de evolución hay una serie de restricciones a aplicr al aspecto de los extraterrestres.

Por un lado está su bioquímica. Estará basada en el carbono y no podrá diferir demasiado de la nuestra, pues la química orgánica es la misma en cualquier punto del universo; las moléculas podrán ser otras, pero la química subyacente será la misma. Igual podemos decir de las células, que deberá tenerlas. Resulta imposible de creer que la compleja maquinaria de la vida no necesite de un espacio cerrado y bien definido. ¿Y su aspecto?Aquí la cosa no es tan porque en la definición del cuerpo entran en juego cuestiones ambientales. Las novedades evolutivas surgen a partir de caracteres antiguos y además hay que tener en cuent el azar: los mamíferos dominan la Tierra porque la casualidad puso un asteroide en rumbo de colisión con nuestro planeta.

Según Morris, aunque el aspecto no se pueda definir con propiedad, si que tendrán algunas características de las que podemos estar razonablemente seguros. Una de ellas es la simetría bilateral pues es una forma sencilla de construir cuerpos. Las simetrías radial y triple son más complicadas, y en la Tierra nunca han llegado muy lejos. Ahora bien, no es descartable que puedan tener una organización modular, como los artrópodos. Una segunda característica es que, si queremos que sean inteligentes, deben tener algún apéndice libre para poder manipular el entorno, y dos es mejor que uno. Otra característica es un elevado metabolismo, capaz de generar la gran cantidad de energía que consume el cerebro (en los humanos es del 30%), lo que hace pensar en algo parecido a que sean seres de sangre caliente.

Por otro lado, un ser inteligente necesita disponer de un buen sistema de almacenamiento de información, un cerebro. De igual modo debe tener sensores para poder relacionarse con el entorno, similares a nuestros ojos, oídos y narices, y localizados cerca del cerebro, para que la información llegue deprisa y pueda procesarse con rapidez. Ahora bien, el rango de visión puede variar, pero no mucho: quizá vean más en la zona infrarroja del espectro, o quizá en la ultravioleta. Más por debajo, por ejemplo en la longitud de onda de las microondas o en las ondas de radio, sería imposible por cuestiones puramente físicas: necesitarían tener unos ojos del tamaño de nuestras parabólicas. Y tampoco se pueden ir muy por encima del ultravioleta, pues esta radiación es letal para las moléculas orgánicas de la vida; en el caso de los rayos X, al ser muy penetrante, no habría retina que los detuviera. Por supuesto debe tener dos ojos: la visión binocular es fundamental para percibir la profundidad. ¿De qué tipo? La mejor opción es los de los mamíferos, con una lente central. Podrían tener ojos compuestos, como los insectos, pero al carecer de cristalino tendrían que ser demasiado grandes para obtener una calidad de visión similar. Otra opción sería el esquizocroal, un tipo de ojo compuesto formado por varias lentes separadas por una membrana blanca, la esclerótica. Este tipo de ojo era exclusivo de los Phacopina, un suborden de los extintos trilobites, y que parece que era útil en condiciones de poca luminosidad. ¿Servirá para mundos con poca intensidad de luz?

Morris opina que la vida en planetas similares al nuestro podría evolucionar de manera parecida a la nuestra. Para justificar su opinión aboga porque en otros planetas la vida ha podido seguir una evolución convergente, es decir, que distintas especies llegan a soluciones parecidas de manera independiente. En nuestro planeta hay muchos ejemplos de ello, como el ojo, que se cree que evolucionó más de medio centenar de veces. De este modo, la evolución convergente hace que sea inevitable la aparición de proteínas, ojos, extremidades e inteligencia.

Ahora bien, no todos los científicos piensan que haya humanoides pululando por el universo, como si fuera un episodio de Star Trek; la diversidad de vida en la Tierra es enorme y que los humanos tengamos el aspecto que tenemos y que no sean unas arañas inteligentes las que usen smartphones es solo cuestión de pura chiripa evolutiva. “¿Por qué deberían parecerse a nosotros? Ninguna otra criatura lo hace, salvo los simios” dice el científico del SETI Institute Seth Shostak. Al famoso escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke que hubiera humanoides en otros planetas le parecía una idea ridícula: “En ningún lugar de la galaxia hay criaturas que confundiríamos con seres humanos, excepto en una noche muy oscura”.

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

Continúa leyendo