¿Por qué Urano y Neptuno son los nuevos objetivos de la exploración espacial?

Los gigantes helados Urano, Neptuno y el satélite más grande de este último, Tritón, parecen centrar los próximos esfuerzos. Estos son los motivos:

 

Hay unas cuantas propuestas interesantes a nivel espacial en las próximas décadas. Si bien tenemos muchos ojos puestos en la vuelta a poner un pie en la Luna y seguir profundizando en la futura instalación de colonias en nuestro vecino planeta rojo, Marte, otro rincón del sistema solar está cogiendo fuerza.

 


Vámonos a Urano

Uno de estos ejemplos es Urano. La misión Uranus Orbiter and Probe (UOP) de la NASA, estudiaría el interior, la atmósfera, la magnetosfera, los satélites y los anillos de Urano. El orbitador también desplegaría una sonda atmosférica para caracterizar la atmósfera del planeta. El lanzamiento tendría lugar en 2031 utilizando un vehículo de lanzamiento Falcon Heavy de SpaceX con asistencia de gravedad en Júpiter que permita la llegada a Urano en 2044.


De hecho, una misión para explorar uno de los gigantes de hielo, Urano o Neptuno, fue una de las tres prioridades establecidas por el último Decadal Survey en 2010, junto con la luna Europa de Júpiter y una misión de regreso de muestras a Marte. Recordemos también que en los últimos años, la NASA propuso enviar una misión para explorar Neptuno y Tritón (la nave espacial Trident) que visitaría uno de los lugares más enigmáticos del sistema solar.

 


China está considerando ir a Neptuno

No es casualidad este destino. Las propuestas de misiones para estudiar el planeta gigante de hielo Neptuno y su misteriosa luna Tritón han estado en la lista de tareas pendientes de la NASA desde más de una década, pero no se había producido ningún movimiento aparente hasta hace poco. China también ha movido ficha.

China está contemplando un Explorador de Neptuno de propulsión nuclear para explorar el planeta gigante de hielo, Tritón y sus otros satélites y anillos. Esta misión fue objeto de un estudio realizado por investigadores de la Agencia Espacial Nacional de China (CNSA), la Academia de Ciencias de China (CAS), la Autoridad de Energía Atómica de China, la Academia de Tecnología Espacial de China y varias universidades e institutos.

El interés de las potencias mundiales por gigantes de hielo como Neptuno se debe a que son un tesoro potencial de descubrimientos científicos, explican los científicos. Además de su intrigante estructura interior (con lluvia de diamantes incluida), se cree que Neptuno desempeñó un papel importante en la formación del sistema solar. En definitiva, su composición incluye grandes cantidades de gas que formaron parte de la nebulosa protoestelar a partir de la que se formó nuestro sistema.

Por si esto fuera poco, la posición de Neptuno en el sistema solar nos indica dónde se formaron los planetas (y desde entonces migraron a sus órbitas actuales) cuando todo esto empezó.

 


¿Desde cuándo no vamos a Neptuno?


En 1989, la Voyager 2 de la NASA se convirtió en la primera nave espacial en visitar y fotografiar el planeta Neptuno, el octavo planeta desde el Sol. Desde entonces... nada más ha vuelto a acercarse al planeta. En ese momento de la historia se obtuvo la mayor parte de lo que sabemos ahora sobre este gigante de hielo y su sistema.


Ciertamente, la razón más convincente para visitar Neptuno quizá sea estudiar de cerca su luna geológicamente activa, Tritón. Es la luna más grande de Neptuno que podría tratarse de un planetoide arrojado desde el sistema solar exterior y capturado por la gravedad de Neptuno. Es un lugar oscuro y tembloroso (que está a unos -235°Celsius en su superficie, según la Voyager 2), pero casi no tiene cráteres visibles, por lo que su superficie debe estar renovándose constantemente. De ahí la conclusión de que se trate de un satélite geológicamente activo.


La Voyager 2 apenas consiguió fotografiar un 40% de la superficie de Tritón. Podría incluso tener un mundo oceánico de agua líquida bajo su corteza helada como Encélado o Europa.

Es hora de mandar una nueva misión a Neptuno. Exactamente cuándo podremos enviar una misión a Urano o Neptuno, dependerá de la posición relativa de Júpiter, lo que acortaría drásticamente la fase de crucero. Dado que Júpiter tarda 12 años en orbitar alrededor del Sol, solo podríamos proponer una misión cada 12 años.

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Referencia: NASA / CNSA

Sarah Romero

Sarah Romero

Fagocito ciencia ficción en todas sus formas. Fan incondicional de Daneel Olivaw y, cuando puedo, terraformo el planeta rojo o cazo cylons. Hasta que viva en Marte puedes localizarme en Twitter: sarahromero_ y en ladymoon@gmail.com

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