¿Por qué se levantaron las alineaciones megalíticas de Carnac?

Uno de los complejos megalíticos más misteriosos de Europa son las alineaciones de Carnac. A lo largo de 4 kilómetros, siete alineaciones de piedra son los testigos mudos de unos monumentos que hasta la fecha de hoy nadie sabe ni quién ni para qué se erigieron.

 

No muy lejos de España, a unos 1 170 kilométros, se encuentra Carnac, uno de los complejos megalíticos mas famosos de Europa. Situadas al sur del departamento de Morbihan en la Bretaña francesa, entre el municipio de Carnac -nombre de origen celta que designa un lugar donde hay montículos de piedra- y el de La Trinité-sur-Mer se extienden, a lo largo de más de 4 kilometros, siete alineaciones de imponentes, irregulares y silenciosas piedras.

Los megalitos de Carnac son monumentos arquitectónicos construidos o con grandes piedras verticales clavadas en el suelo, llamados menhires (cuya disposición en línea se denomina alineaciones y cromlech cuando forman círculos), o con gigantescas piedras unas en vertical y otras en horizontal como si fuera una enorme mesa de piedra; de ahí su nombre en bretón, dolmen. Por supuesto son muchas las leyendas sobre estas construcciones y no menos las hipótesis que intentan explicar su origen.

Algunas leyendas surgieron en los primeros siglos del cristianismo en Francia, como la leyenda de Saint-Cornély, que cuenta la desventura de los soldados romanos que terminaron petrificados y transformados en menhires cuando perseguían al santo. Más tardías, surgen las leyendas relacionadas con el ciclo artúrico. De hecho, tradicionalmente se cuenta que la razón por la que las piedras están colocadas en línea recta es porque eran una legión romana que Merlín convirtió en piedra. Durante la Segunda Guerra Mundial los nazis se interesaron por las alineaciones de Carnac: en el otoño de 1940, supervisado por Alfred Rosenberg -ideólogo principal del nazismo y responsable político de los territorios ocupados por Alemania en Europa Oriental- y con ayuda de la Luftwaffe, se realizaron estudios topográficos de la zona y excavaciones en Kerlescan que, finalmente, la guerra interrumpió. Claro que quizá su origen se lo debamos a Ordenalfabétix, el vendedor de pescado de la aldea de Astérix, como aparece en el cómic “Astérix en Hispania”.

El complejo de Carnac esta integrado por varias alineaciones y cromlechs, de oeste a este, siendo las principales las de Le Ménec. Es el complejo más extenso, con más de 1000 menhires alineados en 11 filas, y dos cromlechs en cada extremo. Otros los tenemos en Kermario, Kerlescan y le Petit Ménec. Pero no todos los menhires de Carnac forman parte de una alineación: el Gigante de Manio, un menhir de 6,5 metros de altura con forma de dedo en el que hay grabadas cinco serpientes, está aislado en un claro y bajo él se han encontrado enterradas cinco hachas pulidas.

El misterio no está, evidentemente, en cómo se levantaron sino quién y para qué.

Los arquitectos de Carnac

En 1750, el conde de Caylus, uno de los padres de la arqueología en Francia, estableció que los megalitos databan de antes de la época de los galos y romanos. Unos años después, el general de división de la Revolución Francesa François de Pommereul planteó la hipótesis de que tuvieran un origen celta. Pero fue en 1860 cuando un anticuario escocés, James Miln, realizó una de las primeras excavaciones arqueológicas en la zona. En los estratos que rodeaban las construcciones encontró restos de carbón, fragmentos de sílex tallado, pedernal... Piezas que, evidentemente, pertenecían a una civilización anterior a la romana o la celta. De hecho, la datación de algunos de esos restos  por termoluminiscencia (método utilizado en arqueología para datar piezas que, como las cerámicas, han sido sometidas a calentamiento) han situado su construcción en el Neolítico sobre el 4 000 a.C. extendiéndose hasta 2 000 - 1 500 a.C., es decir, hasta principios de la Edad de Bronce. El Neolítico (que en Europa se extendió del 6000 al 2000 a.C.) supuso la sedentarización de numerosos grupos humanos que se iniciaron en la agricultura, la cría de animales, el uso de herramientas, las artes del fuego y los ritos religiosos. Si bien, hay quien plantea, como hace el arqueólogo Neil Oliver en su documental para la BBC “A History of Ancient Britain”, que las alineaciones podrían ser anteriores, por cazadores-recolectores del mesolítico. En cualquier caso, y aunque se sabe que los menhires son de granito local, hoy no tenemos una idea muy clara de qué llevó a aquella gente a erigir semejantes complejos líticos. Y no solo eso, tampoco sabemos para que servían, la razón de esa alineación o si quizá representaban algo.

¿Por qué se erigieron?

Son muchas las propuestas que pretenden resolver esas incógnitas, desde ser considerados lugares de culto con una función sagrada y funeraria a santuarios a los que los peregrinos acudirían para 'recargarse espiritualmente' en determinadas épocas del año. Los cromlechs pueden haber sido erigidos por los campesinos neolíticos como santuarios dedicados al Sol, siendo las alineaciones caminos sagrados para acceder a ellos. Al estar orientados según la posición del Sol durante los solsticios de invierno y verano, se piensa que pudieron estar relacionados con el estudio de los fenómenos astronómicos. También se ha hipotetizado que algunas alineaciones fueran calendarios que permitirían marcar los ciclos agrícolas, esenciales para saber cuando sembrar o el momento de la trashumancia de los rebaños. Las mediciones las habrían hecho basándose en la observación de los movimientos del Sol en Kerlescan y Kermario y de la Luna en Le Ménec. Tamibién es posible que los menhires tuvieran diferentes propósitos: estelas conmemorativas y delimitadores de territorios, en los que su altura simbolizaría el poder de su comunidad, o simplemente como forma conmemorativa de veneración de un difunto...  Muchas son las hipótesis, pero ninguna la elegida.

Referencias

Giot, P. R. (2005), Les alignements de Carnac, Ouest-France Eds

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

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