¿Por qué se encoge Mercurio?

Mercurio no tenía suficiente con ser el planeta más pequeño del sistema solar, sino que además se ha encogido varios kilómetros desde que se formó. Un proceso similar se evidencia en la Luna y el opuesto sirvió como sustento a una de las teorías más estrambóticas de principios de siglo XX.

 

Mercurio es el planeta más pequeño del sistema solar. No contento con ello, ha encogido desde que se formó. Porque ya que era el más pequeño, lo era con diferencia. Por supuesto este encogimiento ha ocurrido a escalas geológicas, durante miles de millones de años y ha sido tan sutil, que no habríamos sido capaces de percibirlo directamente en las pocas décadas que llevamos observándolo de cerca y en detalle. Este encogimiento no lo hemos descubierto comparando valores pasados y presentes del radio de Mercurio, sino observando las consecuencias que este proceso ha dejado sobre la superficie del planeta. Concretamente observando los pliegues que pueblan su superficie.

Cuando se formó, Mercurio estaba mucho más caliente como resultado de las incontables colisiones de rocas y planetesimales que acabaron dándole su tamaño actual y como resultado del bombardeo de meteoritos que sufrió tras su formación. Desde entonces ha ido enfriándose. Primero la superficie y más tarde el interior del planeta. Lo mismo ha ocurrido por supuesto con el resto de planetas y cuerpos rocosos del sistema solar. La diferencia entre Mercurio y Venus,  Marte o la Tierra ha sido cuantitativa, más que cualitativa. Es decir, al ser Mercurio considerablemente más pequeño que los otros tres planetas rocosos, se ha enfriado mucho más rápido. Tanto que sobre su superficie se han formado pliegues de varios cientos de kilómetros de longitud y de hasta tres kilómetros de alto, como resultado de la compresión del interior del planeta cuando la superficie ya era completamente sólida.

Mercurio
Mercurio

De la misma forma que la piel de un uva se arruga en el proceso de transformación en una pasa, la superficie de Mercurio se arrugó cuando su interior se enfrió y contrajo. Estos pliegues aparecen además sobre otras estructuras, como cráteres o llanuras de lava, atravesándolas y superponiéndose a ellas, indicando que han ocurrido con posterioridad. Creemos que este proceso fue importante hasta hace unos 3 600 millones de años, aunque también se han detectado pliegues menores, de apenas unos kilómetros de longitud y decenas de metros de altura con edades de unos 50 millones de años. Esto sugiere que el proceso de contracción del interior de Mercurio sigue ocurriendo a día de hoy.

En total calculamos que Mercurio podría haberse contraído hasta 7 kilómetros desde que se formó. Aunque esto sea mucho para escalas humanas, debemos recordar que el planeta tiene un diámetro de casi 5 000 kilómetros, por lo que esta reducción apenas ha supuesto poco más de un 0,1 % de su tamaño. Esto sirve además de contraste con la antigua teoría, de más de un siglo atrás, que pretendía explicar la tectónica terrestre antes de que Wegener propusiera su deriva continental. A principios del siglo XX era bien sabido que los continentes terrestres se habían movido en el pasado y seguían moviéndose en el presente, de forma que no siempre habían ocupado la posición actual. Por ejemplo, era bien sabido ya desde mediados del siglo XIX, que Sudamérica y África habían estado unidas en el pasado.

Sin embargo, no se acababa de entender qué mecanismo podía reunir la energía necesaria para conseguir algo tan dramático como mover un continente entero. Una de las propuestas más populares de la época era la idea de que, desde su formación, la Tierra había ido calentándose y, como consecuencia, expandiéndose considerablemente. Esta hipótesis proponía por tanto que, más que moverse los continentes, era la propia superficie de la Tierra la que se había expandido. En sus orígenes toda la superficie habría estado dominada por los continentes y durante la expansión se habrían ido creando las superficies oceánicas que ocupaban los “huecos restantes”. Según esta antigua teoría, la Tierra habría aumentado su tamaño en cientos o incluso miles de kilómetros. Como vemos del caso real de Mercurio, estas escalas serían imposibles (además de que lo que ha hecho la Tierra es enfriarse, no calentarse).

Pliegues similares a los observados en Mercurio han sido detectados en la Luna, por la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter, de la NASA. Estos son más pequeños, con una elevación media la mitad de la medida en Mercurio. Además, se estima que la contracción de la Luna por enfriamiento debería ser considerablemente menor que en el planeta, por lo que estos pliegues podrían tener su origen, al menos parcialmente, en otra parte, como en fuerzas geológicas sobre el terreno que ocupan dichos pliegues.

Este enfriamiento del interior de Mercurio es también el responsable de que el planeta no tenga un campo magnético apreciable en la actualidad. Este mismo proceso ha tenido lugar en el resto de planetas rocosos, siendo considerablemente más lento en Venus y la Tierra por su mayor tamaño. Sin embargo en Marte, que estaría a medio camino entre Mercurio y la Tierra, el enfriamiento ha hecho desaparecer el campo magnético, y de sus océanos de agua líquida.

Referencias:

L. S. Schleicher et al, 2019, Wrinkle ridges on Mercury and the Moon within and outside of mascons, Icarus, Volume 331, https://doi.org/10.1016/j.icarus.2019.04.013.

José Luis Oltra de perfil

José Luis Oltra (Cuarentaydos)

Soy físico de formación y viajero de vocación. Divulgo ciencia allí donde me lo permiten, aunque principalmente en youtube y tiktok bajo el nombre de Cuarentaydos. Por aquí me verás hablando de la física del universo, desde las galaxias y estrellas más grandes hasta las partículas subatómicas que las componen.

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