¿Por qué recordamos tan bien nuestro primer beso?

Algunas personas recuerdan su primer beso romántico durante toda la vida. La neuropsicología puede ayudarnos a entender por qué.

 

El 13 de abril se celebra el Día Internacional del Beso, en conmemoración del beso más largo de la historia jamás registrado, que duró 58 horas. Sus protagonistas, los tailandeses Ekkachai y Laksana Tiranarat, mantuvieron sus labios pegados durante más de dos días, obteniendo el récord Guinness mundial. Sin duda, tuvieron que entrenar mucho para ganar el campeonato de besos, que se celebra todos los años en febrero coincidiendo con el día de San Valentín.

Seguro que la pareja de Bangkok no olvida fácilmente ese día. Como tampoco olvidan muchas personas sus primeros besos. No hace falta que batan ningún récord, es suficiente con que sean los primeros besos. Algo tienen de especial que su recuerdo se fija en la memoria de muchas personas.

 

Experiencias distintas, memorias distintas

La experiencia cotidiana, desde lo más anodino hasta lo más significativo, es capaz de modificar nuestro encéfalo y cambiar nuestro comportamiento, ajustándolo a lo más útil y necesario. La experiencia es, pues, la fuente de la memoria. Aunque mejor deberíamos decir “de las memorias”, pues las hay de muchas clases.

La memoria a corto plazo nos sirve para registrar información de uso inmediato. Se defiende muy bien guardando recuerdos durante minutos. Para recordar cosas que han ocurrido desde hace unas cuantas horas hasta hace muchos años, necesitamos la memoria a largo plazo.

La memoria episódica, un tipo de memoria a largo plazo, es la que nos permite retener en el recuerdo nuestras experiencias autobiográficas, acompañadas de información sobre qué pasaba en el entorno, qué sentíamos y qué pensábamos mientras vivíamos tales experiencias.

Si bien la memoria es un proceso muy complejo, y los recuerdos se almacenan en redes neuronales localizadas por toda la corteza de asociación cerebral, hay áreas que están más involucradas que otras en la formación de la memoria.

Hablando de nuestros primeros besos, el hipocampo ocupa un lugar de honor. Es una estructura cerebral doble (hay un hipocampo en cada hemisferio), que se sitúa en el lóbulo temporal. Llamado así porque su forma recuerda a los caballitos de mar, es fundamental para la formación de recuerdos del tipo “qué-dónde-cuándo”, característicos de la memoria episódica, el tipo de memoria que nos permite rememorar algo tan bonito como nuestro primer beso.

 

Recuerdos privilegiados

No todos los recuerdos autobiográficos se graban con igual eficacia. ¿Por qué el primer beso suele estar entre los que sí? La respuesta tenemos que buscarla en la intensidad emocional con la que experimentamos los sucesos.

La memoria del primer beso, en tanto que memoria episódica, se construye a partir de la asociación en el espacio y el tiempo de los elementos, objetos y eventos que estaban a nuestro alcance en ese momento tan especial: cosas como dónde estábamos sentados, la ropa de nuestra pareja, el tacto de su piel, el olor de su perfume, el sabor de sus labios…, y también si era de día o de noche, si sonaba una canción o se oía el canto de los grillos, por ejemplo.

Los estímulos externos que rodean al primer beso son captados por los órganos sensoriales, y se codifican en nuestro cerebro mediante cambios bioquímicos y modificaciones estructurales en varios grupos de neuronas, poblaciones de células que constituyen una huella de memoria, y que volverán a activarse cada vez recordemos el beso.

 

Esquema del cerebro con el hipocampo en naranja
Esquema del cerebro con el hipocampo en color naranja claro - Fuente Freepik

Dicho proceso de codificación se puede ver reforzado con la alta implicación de la amígdala, una estructura cerebral formada por varios núcleos anatómicos que está relacionada con el procesamiento de las emociones. El nerviosismo, las expectativas, el placer, el miedo ante lo desconocido del primer beso, provocan un torrente de sustancias y hormonas que intensifican la experiencia, contribuyendo a su mejor consolidación y reactivación en la memoria.

Lo mismo sucede con experiencias emocionalmente negativas: tenderán a recordarse más que las experiencias con menor carga emocional. Hasta cierto punto. Si las emociones son extremas, como en el caso de una agresión sexual, la consolidación de la memoria puede verse gravemente afectada, apareciendo la amnesia.

Así pues, tiene sentido que el primer beso sea registrado como importante para el individuo, justamente por la intensidad con la que ha sido experimentado y, luego, evocado. En algunas personas se convierte en un “recuerdo privilegiado”, que puede permanecer con ellas toda la vida.

Sin embargo, no pasa nada si no recuerdas tu primer beso, no todo el mundo lo hace. Justamente porque la memoria episódica depende del estado emocional del individuo, es también sensible al olvido y las interferencias. Por esto puede que tengas grabado el sabor de tu primer beso, pero no recuerdes qué día fue, dónde se produjo la magia o qué ropa llevabas. En el proceso de rememorar, solemos llenar los huecos con falsos recuerdos. Algo interesante si esa primera vez fue un desastre y queremos “adornarla”.

El aprendizaje que nos brinda nuestro primer beso es un proceso neurobiológico que tendrá influencia en cómo reaccionaremos ante los besos posteriores. Una vez adquirida esa información, seremos capaces de utilizarla en futuros encuentros románticos, si bien, tal vez, nunca los otros besos nos resulten tan especiales. 

 

Referencias:

Bradley, M. M. 2014. Emotional memory: A dimensional analysis. In Emotions (pp. 111-148). Psychology Press.

Jimenez, J.C. et al. 2020. Contextual fear memory retrieval by correlated ensembles of ventral CA1 neurons. Nat Commun 11, 3492. DOI: 10.1038/s41467-020-17270-w

LaBar, K. S. et al. 2006. Cognitive neuroscience of emotional memory. Nature Reviews Neuroscience, 7(1), 54-64.

Lefkowitz, E. S. 2018. Never been kissed: Correlates of lifetime kissing status in u.S. University students. Archives of Sexual Behavior. DOI:10.1007/s10508-018-1166-y

Sugar, J. et al. 2019. Episodic memory: Neuronal codes for what, where, and when. Hippocampus, 29(12), 1190-1205.

Luis Cortés Briñol

Luis Cortés Briñol

Formado en filosofía y antropología, con un barniz en biología, neuropsicología y bioestadística. Soy escritor, guionista y documentalista. Intento introducir la filosofía allá donde voy, aunque no hace falta (pues está en todas partes). Vivo en una biblioteca

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