¿Por qué el periodo que va de los 15 a 30 años es el más memorable de tu vida?

Cuando recordamos los momentos más especiales de nuestra vida, estadísticamente casi todos ellos se concentran en un intervalo de tiempo muy concreto de apenas 15 años de duración.

Mujer haciendo un puzle
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En un estudio llevado a cabo por Dorthe Berntsen y David Rubin se preguntó sobre los momentos más importantes o trascendentales de una vida a un grupo de personas. De los diez sucesos más mencionados, seis de ellos tenían lugar de promedio entre los 15 y los 30 años de edad.

Los diez acontecimientos más memorables fueron: tener hijos, contraer matrimonio, empezar la escuela, empezar la universidad, enamorarse por primera vez, sufrir la muerte de otros, empezar la jubilación, irse de casa, la muerte de los padres y empezar el primer trabajo.

Lo más sorprendente para los investigadores fue constatar que más de la mitad de los momentos más dignos de ser recordados de una persona hubiera ocurrido en un lapso de tiempo tan corto, de apenas quince años. Es decir, que nuestros recuerdos más especiales están constreñidos a menos del 20 por ciento de lo que se considera una vida de duración normal. Esos momentos fueron: contraer matrimonio, empezar la escuela, empezar la universidad, enamorarse por primera vez, irse de casa y empezar el primer trabajo. Muchas veces, incluso, se incluía “tener hijos”.

Choque de reminiscencia

Los psicólogos denominan a este fenómeno Reminiscence Bump (Choque de reminiscencia) y su clave reside en la novedad. Según explica la psicóloga británica Claudia Hammond en su libro Time Warped: Unlocking the Mysteries of Time Perception (El tiempo retorcido: descifrando los misterios de la percepción del tiempo), la juventud es una época de primeras veces: primeros besos, primeras relaciones sexuales, primer trabajo, primeros viajes sin padres, etc.

Debido a su impacto, pues, esta clase de recuerdos se mantienen más frescos y son rememorados con más detalle. También el hecho de recordar en detalle un suceso hace que se nos antoje más reciente. Eso explica también que durante la vejez nos sea más sencillo recordar nuestra niñez y juventud, antes que sucesos acaecidos hace menos tiempo.

Finalmente, la novedad es la principal razón de que el tiempo transcurra más lentamente y, por ello, al hacernos cada vez más mayores, el tiempo también parece discurrir a mayor velocidad. La vida, al volverse más rutinaria y estar menos jalonada de experiencias novedosas, ofrece menos detalles a la hora de recordarse, es decir, parece menos llena de momentos, de minutos, de horas, de días.

Para demostrar este efecto de distorsión en la percepción del tiempo, otro estudio, realizado por Vani Pariyadath y David Eagleman, del Baylor College of Medicine, enseñaba a un grupo de participantes una serie de imágenes. La mayoría de ellas eran idénticas, pero a veces aparecía una imagen nueva que rompía la monótona cadencia.

A pesar de que todas las imágenes se enseñaron durante el mismo intervalo de tiempo, los participantes no lo percibieron así. Los participantes aseguraban que la imagen nueva se mostraba durante más tiempo. A juicio de los investigadores, esto ocurría porque la novedad parecía expandir el tiempo nivel psicológico.

Lo novedoso, lo trascendental, lo importante, lo que podría cambiar nuestras vidas son instantes más memorables y, por extensión, transcurren a un ritmo más lento. Por esa razón también el tiempo pasa más lentamente cuando sufrimos dolor, y transcurre mucho más rápidamente cuando lo pasamos bien o estamos distraídos.

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