¿Por qué algunas personas son más frioleras que otras?

En cualquier contexto cotidiano hay quienes tienen siempre demasiado frío o quienes siempre tienen demasiado calor. Pero, ¿a qué se debe esa diferencia de sensaciones térmicas que hace que unas personas sean mucho más frioleras que otras?

Por qué algunas personas son más frioleras que otras
¿A qué se debe que algunas personas sientan más frío o calor estando a igual temperatura? / iStock

En el trabajo, en casa, en el coche, en la universidad... . La discusión sobre poner o quitar el aire acondicionado o la calefacción nunca deja de estar a la orden del día. En cualquier contexto cotidiano hay quienes tienen siempre demasiado frío o quienes siempre tienen demasiado calor y llegar a ponerse de acuerdo se vuelve toda una odisea. Pero, ¿a qué se debe esa diferencia de sensaciones térmicas que hace que unas personas sean mucho más frioleras que otras?


En primer lugar, conviene señalar que no es lo mismo "tener frío" que "sentir frío". ¿Alguna vez te has parado a pensar por qué cuando te sube la fiebre, a pesar de que tu cuerpo tenga una temperatura muy alta, sientes muchísimo frío?

Lo primero está relacionado con una cuestión objetiva, con la temperatura a la que se encuentra nuestro cuerpo. La sensación de frío, sin embargo, es algo más compleja y atiende a varios factores. Comenzamos a percibir que nos sentimos fríos cuando los nervios de la propia piel envían señales al cerebro sobre la temperatura a la que se encuentra, pero no responden exactamente a lo baja que sea dicha temperatura. La sensación de frío más bien tiene que ver con la velocidad a la que dicha temperatura cambia.

Por eso, cuando saltamos a una piscina, nuestra primera sensación puede ser de un frío intenso, debido al cambio de temperatura brusco. Pero conforme pasamos tiempo dentro del agua, la sensación se mitiga, ya que, independientemente de que la temperatura a la que nos encontramos sea más o menos baja, se mantiene constante y nuestra percepción se regula: la temperatura corporal puede llegar a mantenerse elevada hasta una hora.

En realidad, esa primera impresión es una señal de alarma que nuestro cuerpo genera para avisarnos de que el cambio de temperatura se ha producido y garantizar que no suframos una hipotermia. De hecho, el sistema fisiológico actúa para que la sangre vaya hacia los órganos internos, los más vulnerables, protegiéndonos de un susto o incluso de una reacción letal.


Ahora, el modo en que cada uno recibe el shock tiene que ver con cómo nuestro cerebro procesa la información recibida, y dicha sensación es completamente subjetiva según nuestro modo propio de sentir. Ahí entra en juego, además, nuestro sistema límbico, responsable del estado emocional. Esto llega al punto de que, en ocasiones, podemos sentir frío o calor únicamente por haber visto a alguien demasiado abrigado o demasiado desabrigado, incluso en una película.

En cualquier caso, en la sociedad actual, con las calefacciones y los aires acondicionados, nos hemos acostumbrado a regular la temperatura ambiental de forma que esta sea la que se adapte a nuestro cuerpo y no nuestro cuerpo al entorno.

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