¿Podría mudarse la humanidad a otro planeta?

Probablemente podamos colonizar algún planeta del sistema solar en el futuro, pero no encontraremos ningún planeta capaz de sustituir a la Tierra completamente.

 

Desde 1970 se celebra cada 22 de abril el Día de la Tierra, un movimiento social que lucha por preservar nuestro planeta y su entorno natural, para garantizar que seguirá presente y en buen estado para las generaciones futuras. Esto va desde reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para combatir el calentamiento globalque estamos provocando, hasta reducir la cantidad de residuos (biodegradables o no) que acabamos tirando a nuestros ríos, bosques, mares y océanos.

Nuestro planeta es un gran ecosistema y nuestras acciones pueden tener graves consecuencias sobre él. Además, preservar el entorno natural trae beneficios para casi cualquier ámbito de la actividad humana, incluido el ámbito económico. Incontables procesos mantienen un precioso equilibrio que hacen de este planeta el único capaz de albergar vida tal y como la conocemos.

Sin embargo, en el cine de ciencia ficción y en las fantasías de optimistas tecnológicos a veces se muestra la siguiente situación: un planeta Tierra devastado por las acciones humanas e incapaz de sostener nuestra sociedad por más tiempo y un nuevo mundo descubierto y por explorar donde la humanidad podría disfrutar de una segunda oportunidad. Muchas veces se atribuye a Marte este potencial paradisíaco. Otras veces corresponde a exoplanetas de los que apenas conocemos más que su masa, tamaño y la distancia a la que orbitan a su estrella.

En cualquier caso, estas fantasías no son más que eso, fantasías. La realidad es que, spoiler, ningún planeta es capaz de darnos cobijo mejor que la Tierra y muy probablemente ningún planeta será jamás capaz de hacerlo, por muy avanzada que esté nuestra tecnología. Esto no quiere decir que no podamos, en un futuro, colonizar otros mundos e incluso construir algo parecido a una sociedad en ellos. Lo que quiere decir es que ninguno de estos planetas podría sustituir a la Tierra, por mucho que la contaminemos y estropeemos. Veamos por qué.

Los seres humanos y todos los seres vivos con los que compartimos la Tierra hemos evolucionado a lo largo de más de cuatro mil millones de años para habitar esta roca concreta, que órbita a esta estrella concreta y a la distancia concreta a la que lo hace. Las condiciones de la Tierra no se han mantenido constantes a lo largo de todo este tiempo, pero dentro de su variabilidad jamás se han asemejado a las condiciones que encontramos actualmente en ninguno de los objetos del sistema solar.

La Tierra tiene una gravedad muy específica, recibe una cantidad de energía solar concreta, tiene una atmósfera con una composición muy específica y su clima varía dentro de unos parámetros de temperatura, humedad, etc, con cierta amplitud, pero concretos también. Además en la Tierra tenemos grandes cantidades de agua líquida fácilmente accesibles, tenemos un suelo en el que podemos plantar, sin más consideraciones, cualquier planta que necesitemos consumir y una infinidad de condiciones que hacen posible nuestra vida sobre ella.

Imagina que te mudas a una nueva casa. Esta casa se encuentra en otro continente, en un país sin infraestructuras donde nadie habla tu idioma y además son gente antipática que jamás se prestará a ayudarte. Por supuesto cuando he dicho casa quería decir que te mudas a un terreno vacío en lo alto de una montaña, donde el suelo es tóxico, donde hacen siempre -50 ºC y donde el aire es irrespirable (si es que tienes el lujo de que haya aire). Te concederé un helicóptero para que puedas llevar hasta allí tus bártulos. Por supuesto no sólo necesitarás trasladar tus muebles y pertenencias, sino también la maquinaria necesaria para construir tu casa, para generar energía suficiente para hacerla habitable y además una manera de generar provisiones nuevas o de almacenar grandes cantidades de ellas hasta que lo consigas.

Por tanto, aunque aumentáramos la temperatura media de la Tierra 10 ºC o aunque un apocalipsis nuclear provocara una extinción masiva o cualquier otra catástrofe ambiental que podamos imaginar, la Tierra seguirá conservando la mayoría de factores que la hacen habitable y sin duda los tendrá en mayor medida que cualquier otro cuerpo celeste.

De este hecho surgen los eslóganes que nos recuerdan que “no hay un planeta B”. No hay una segunda opción, una reserva o un backup. Explorar el sistema solar, por supuesto, crear bases autosuficientes en otros planetas, con mucho esfuerzo y dentro de décadas o siglos pero también. Pero mudarnos de planeta. Abandonar completamente la Tierra y llevar a la humanidad al completo a habitar sobre otra roca diminuta orbitando alrededor del Sol o de otra estrella, sin lugar a duda no.

Ni aunque encontráramos un exoplaneta del mismo tamaño y masa que la Tierra, orbitando una estrella idéntica al Sol y a la misma distancia, con una atmósfera igual de densa y con agua líquida sobre su superficie, podríamos planteárnoslo. Nuestros niveles de oxígeno se mantienen constantes gracias a que la vida terrestre (las plantas y cianobacterias fotosintéticas principalmente) lo reponen constantemente. Sin ellas desaparecería en millones de años. Si de alguna forma ese planeta tuviera una vida capaz de mantener niveles comparables de oxígeno en su atmósfera, el propio contacto con una biología tan avanzada podría ser mortal, para los organismos terrestres, para los extraterrestres o incluso para ambos. Todo esto por supuesto sin contar con la pesadilla logística de trasladar toda una civilización a un planeta situado a años luz de distancia.

REFERENCIAS:

M. Neira, 2015, Our lives depend on a healthy, OMS, planethttps://apps.who.int/mediacentre/commentaries/healthy-planet/en/index.html

José Luis Oltra de perfil

José Luis Oltra (Cuarentaydos)

Soy físico de formación y viajero de vocación. Divulgo ciencia allí donde me lo permiten, aunque principalmente en youtube y tiktok bajo el nombre de Cuarentaydos. Por aquí me verás hablando de la física del universo, desde las galaxias y estrellas más grandes hasta las partículas subatómicas que las componen.

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