¿Para qué sirven los delfinarios?

Mucho se ha hablado a favor y en contra de los delfinarios; hoy los más modernos son de gran valor social y ecológico, pero en el pasado protagonizaron, cuando menos, prácticas poco éticas de cuidado animal.

 

En la población general suele haber cierta polarización respecto a tener cetáceos bajo el cuidado humano, como delfines y orcas, en instalaciones adaptadas. Es cierto que en el pasado, los delfinarios se abastecían de fauna silvestre que cazaban y funcionaban como reclamo turístico para la exhibición de los delfines. Sin embargo, y aunque hoy aún encontramos algunos lugares con esas características, esas prácticas ya se han abandonado, y los parques más modernos no solo son instalaciones más éticas, sino que además cumplen con funciones esenciales que pueden ayudar a la conservación de los cetáceos silvestres.

Los juegos no solo son un espectáculo, también son actividades de enriquecimiento para los animales
Los juegos no solo son un espectáculo, también son actividades de enriquecimiento para los animales

Los delfinarios anacrónicos

Los primeros parques y delfinarios, desde los años 60 del siglo pasado, se abastecían de animales capturados en su hábitat natural. La práctica suponía un trauma para los delfines, que sufrían con el proceso de aclimatación a su nuevo entorno. Con frecuencia, las instalaciones dejaban mucho que desear y no satisfacían adecuadamente las necesidades de los animales.

La captura de delfines y orcas se intensificó masivamente a principios de la década de los 70, pero a finales de esa misma década, la tendencia comenzó a cambiar. Canadá prohibió la captura de cetáceos en 1975; tres años después, la empresa SeaWorld abandonó también esa práctica, y poco a poco, a cuentagotas, país a país, empresa a empresa, iniciaron un cambio de mentalidad que se iba extendiendo, especialmente, por los países occidentales.

Los requisitos de las instalaciones y de sus trabajadores también han cambiado drásticamente. Gracias a la tecnología, se dispone de infraestructuras óptimas en las cuales los animales pueden vivir sin estrés y siempre bajo la atenta vigilancia de cuidadores y veterinarios bien entrenados y formados para ese fin. Los parques modernos de occidente se nutren de programas de cría en cautividad y mantienen poblaciones que son constantemente monitorizadas.

No ocurre lo mismo en Asia. En palabras de Ana Jiménez Cáceres, especialista en cetáceos, «mirar los parques asiáticos en la actualidad es como mirar atrás en el tiempo». Aunque Japón ya ha dado el paso hacia la política de captura cero y está renovando sus instalaciones, países como Rusia o China siguen capturando animales silvestres y manteniéndolos en condiciones deplorables, un anacronismo carente de toda ética.

La inviable vuelta al océano

Una de las proclamas más empleadas de ciertos sectores de la sociedad es la que nace de la película Liberad a Willy. Sin embargo, esta acción conlleva un problema de base: liberar a un animal ya aclimatado a la vida en cautividad supone una alta probabilidad de que no sobreviva al proceso.

Cuando hablamos de animales que han nacido en cautividad, como la mayor parte de los que viven en los parques modernos occidentales —excepto los ejemplares más viejos, capturados hace más de tres décadas—, devolverlos al océano es una tarea prácticamente imposible.

Así como hay casos de cetáceos capturados y mantenidos en cautividad, que ha sido posible reaclimatarlos para la vida silvestre con éxito —sobre todo, animales sanos que aprendieron a sobrevivir en el océano por no haber sido capturados demasiado jóvenes—, también hay experiencias desastrosas que han terminado en desastre para los animales s. Entre otros motivos, porque los animales no eran capaces de cazar comida viva, o porque no sabían cómo interactuar con el entorno hostil del medio salvaje, desconocían cómo migrar o no tenían la capacidad de socializar con animales salvajes —posiblemente no “hablen el mismo idioma”; los cetáceos tienen dialectos en sus comunicaciones—.

La triste historia de la orca Keiko, protagonista de Liberad a Willy, es un clarísimo ejemplo de intento fallido de puesta en libertad de un cetáceo en cautividad. Keiko fue capturado en 1979, con apenas dos años de edad. Cuando le ofrecían peces vivos no los comía, solo jugaba con ellos; sufrió un grave accidente jugando con el hielo, probablemente debido a su desconocimiento, no fue capaz de socializar con otras orcas, y hasta el día de su muerte seguía necesitando el contacto humano.

En definitiva, la liberación de estos animales no siempre es una opción, la mayor parte de las veces implica una sentencia de muerte. Pero en realidad, no es necesario liberarlos. Si permanecen en unas instalaciones adecuadas, estos animales pueden vivir una larga y próspera vida, e incluso ser clave para la conservación de las poblaciones silvestres de cetáceos.

Las funciones de los delfinarios

En los parques modernos no solo se exhiben a los animales y se les enseña a hacer trucos y exhibiciones. De hecho, esos ‘comportamientos’ no tienen como misión principal entretener al público, sino que forman parte de las rutinas de enriquecimiento que aprenden de los cuidadores, para mantener su mente activa y curiosa y un estado físico saludable.

Los delfinarios modernos tienen una importante función de conciencia social y fomentan la conservación de la fauna silvestre
Los delfinarios modernos tienen una importante función de conciencia social y fomentan la conservación de la fauna silvestre

En los delfinarios además se realiza una importante labor de investigación científica; se aprende sobre los comportamientos de los cetáceos, sobre sus hábitos, su biología y sobre las enfermedades que pueden sufrir. Los delfinarios proporcionan información valiosa para la conservación de las poblaciones silvestres de delfines y orcas. Un ejemplo nacional es la Fundación Loro Parque, que tiene un departamento propio de conservación e investigación.

Además, tienen una clara misión en términos de divulgación científica. La gente no solo va a ver el espectáculo; durante su realización, aprende muchas cosas sobre estos animales. También es un modo de acercar parte de la naturaleza a la sociedad, como los jardines urbanos lo hacen con las plantas. Al fin y al cabo, embarcarse y adentrarse mar adentro para observar a estos animales está al alcance de muy pocos. Y esto ayuda a desarrollar la conciencia social sobre la importancia de su conservación en el medio natural.

Este artículo ha sido revisado por Ana Jiménez Cáceres, especialista en cetáceos.

Referencias:

Jiménez Cáceres, A. 2019. Azul vivo: en nuestras manos. Libros.com.

Lauderdale, L. K. et al. 2021. Towards understanding the welfare of cetaceans in accredited zoos and aquariums. PLOS ONE, 16(8), e0255506. DOI: 10.1371/journal.pone.0255506

Miller, L. j. et al. 2013. Dolphin Shows and Interaction Programs: Benefits for Conservation Education? Zoo Biology, 32(1), 45-53. DOI: 10.1002/zoo.21016

Vary (Álvaro Bayón)

Vary (Álvaro Bayón)

Soy doctor en biología, especializado en especies invasoras. Intento divulgar sobre ciencia y naturaleza mientras lucho férreamente contra las pseudociencias y el pensamiento mágico. Cuando me queda tiempo, cazo pokémon y hago artesanía. Además, soy (un poco) adicto al twitter.

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