Número de Dunbar: ¿cuántos amigos puede tener una persona?

Hace treinta años, un antropólogo teorizó que los humanos pueden mantener interacciones sociales con unas 150 personas. ¿Cómo llegó a esta conclusión? ¿Se cumple en todos los casos?

amigos
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En el año 1992, el antropólogo británico Robin Dunbar publicaba en la revista Journal of Human Evolution su hipótesis del cerebro social, que viene a decir que el cerebro humano creció como respuesta a las interacciones sociales.

“Dunbar recopiló una serie de datos de primates, usando tanto variables ecológicas como otras que tenían que ver con sus grupos sociales, y buscó sus posibles relaciones con la proporción que ocupa el neocórtex con respecto al resto del cerebro”, nos explica José Cuesta, investigador del Grupo Interdisciplinar de Sistemas Complejos en la Universidad Carlos III de Madrid. “Observó que la mayor correlación se obtenía para el tamaño del grupo social, y si esto se aplicaba a los humanos aparecía un número típico: el 150”. La hipótesis de Dunbar para explicar este resultado es que nuestra capacidad cognitiva es limitada y solo podemos mantener un número máximo de relaciones sociales. “Hay que tener en cuenta que 150 es un número medio, la barra de error es enorme, oscilaría entre 50 y 300, pero tan solo en casos muy peculiares se encontrarían cifras por encima o por debajo de esas”, explica el investigador.

Hace tres años, el equipo de Cuesta publicó con Dunbar un artículo en la revista PNAS que desarrollaba un modelo para explicar una teoría postulada por el antropólogo y basada en su número. En ella, las interacciones sociales se organizan en capas o círculos en función del tipo de relaciones que se establecen, desde los más allegados hasta los conocidos de vista. “Hay personas con las que solo te dices hola y adiós, no te sabes ni su nombre, mientras que otras son íntimas. Obviamente el esfuerzo cognitivo que requieren unas y otras es muy distinto y esto es lo que quisimos explicar en el artículo. Lo que vimos no es algo particularmente especial, sino que es la consecuencia matemática natural de tener recursos cognitivos limitados y repartirlos en relaciones que tienen distinto coste”, indica el experto. Según su modelo, el círculo más pequeño sería el llamado ‘grupo de soporte’ y estaría formado por en torno a cinco personas de la familia o muy íntimas, que serían aquellas a quienes se recurre, por ejemplo, cuando se tiene un problema serio. “El segundo círculo está formado por unos quince amigos cercanos, personas con las que se tiene una interacción importante. Si alguno de ellos desparece, te ves afectado”, explica Cuesta, que nos recuerda que estas cifras son siempre aproximadas y representan un valor medio.

El tercer círculo tendría unas cincuenta personas y son aquellas con quienes se interactúa a menudo - por ejemplo compañeros de trabajo- pero sin tener una relación fuerte. En caso de ausencia, tampoco provocan sensación de pérdida. “Después ya vienen otros círculos más grandes que se van diluyendo, son esas personas con las que tienes una interacción muy débil, que conoces de vista, de coincidir en el autobús, cruzarte por la calle, etc.”

Círculos que se vacían y rellenan a lo largo de la vida

Analizando el número de Dunbar, uno puede pensar que a lo largo de toda una vida es fácil llegar a interactuar con muchas más de 150 personas, desde los primeros compañeros de colegio hasta las amistades de trabajo y otras relaciones que tienen lugar en etapas posteriores. Sin embargo, muchas de esas uniones se van perdiendo con el tiempo. “Esa es una de las hipótesis que estamos desarrollando ahora, y la idea es precisamente que los círculos tienen un tamaño determinado y que vamos ‘rellenando huecos’  o reemplazando el lugar de las personas que salen de nuestra vida”, nos explica Cuesta. Quizás has perdido el contacto con muchos de tus compañeros de universidad, pero esos ‘huecos’ los irás rellenando con gente del trabajo, padres de los amigos de tus hijos, nuevos vecinos, etc.

¿Hay excepciones al número de Dunbar?

Aunque las cifras que maneja el modelo son fáciles de entender en el contexto de nuestra sociedad, cabe preguntarse si estas leyes se cumplen en otro tipo de comunidades o culturas. “En nuestro modelo había una predicción anómala”, nos indica Cuesta. “Si el número de personas con las que te relacionas es muy limitado, entonces la jerarquía cambia de forma que el círculo íntimo se vuelve más grande y los demás se reducen. Esto se ha observado – y verificado con datos reales-, con las comunidades de inmigrantes que vienen a España. Son grupos que están algo aislados y que como consecuencia tienen relaciones mucho  más intensas entre ellos, de forma que las interacciones superficiales son más escasas”.

“Cuando nos metimos en esto, yo era algo escéptico con la verdadera existencia de los círculos sociales. Pero al analizar los resultados me convencí de que esta idea de que tenemos una capacidad limitada para mantener relaciones sociales es real”, comenta el científico. “Y ya no me quedó ninguna duda cuando, además, la teoría predijo esta existencia de círculos anómalos en situaciones en las que el número de relaciones disponibles es limitado y lo confirmamos con los datos de las comunidades de inmigrantes”.

El investigador nos explica que tanto el número de Dunbar como las jerarquías de los círculos se han comprobado con multitud de datos muy distintos. “La salvedad está en las redes sociales, ahí no salen los números, pero eso es obvio porque en ellas el tipo de relaciones es totalmente distinto. Tú puedes tener un amigo en Facebook al que igual ni conoces”, reflexiona el investigador.

Críticas al número de Dunbar

Como todo, la teoría de los 150 amigos no está exenta de críticas. Una de las más recientes se publicó hace pocos meses en la revista Biology Letters. En dicho artículo, un equipo de investigadores de la Universidad de Estocolmo presenta un análisis exhaustivo con nuevos datos en los que se obtienen números superiores al de Dunbar, de en torno a 290, y también con intervalos de confianza elevados. “En mi opinión, se trata más de una crítica metodológica que de algo que invalide la conclusión de que la capacidad de mantener relaciones es limitada, que distintas relaciones tienen distinto coste cognitivo y que eso tiene consecuencias en cómo organizamos nuestras relaciones”, opina Cuesta. “Si Dunbar hubiera tenido estos datos en el año 1992, tal vez hubiera obtenido igualmente una cifra de en torno a 300, o incluso 500, pero en todo caso hay un límite, siempre seguiría habiendo un ‘número de Dunbar’”.

 

Victoria González

Victoria González

Bióloga de bota. Tengo los pies en la tierra y la cabeza llena de pájaros. De mayor quiero ser periodista.

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