Nuestro sistema solar cuenta con al menos 20 objetos infiltrados

Se formaron en cúmulos estelares cercanos y luego fueron capturados por la órbita del gran planeta Júpiter.

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 Oumuamua es el primer asteroide interestelar que hemos visto pasar a través del sistema solar interno. Si bien este curioso objeto vino y se fue a finales de 2017, un nuevo estudio sugiere que puede haber una población permanente de asteroides interestelares entre otros planetas menores en el sistema solar. Se pueden haber escondido delante de nuestros ojos durante miles de millones de años, según un reciente estudio publicado en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.

De acuerdo con esta investigación centrada en un puñado de extrañas rocas espaciales conocidas como Centauros, que orbitan el sol en las cercanías de Júpiter y Saturno y que pueden ser tanto asteroides como cometas (de ahí que su nombre sea centauro, del ser mitológico mitad humano mitad caballo).


Los astrónomos han estado desconcertados durante mucho tiempo por los centauros porque sus órbitas son muy impredecibles; las simulaciones sugieren que deberían chocar con objetos o volar fuera del sistema solar. La nueva investigación sugiere que es porque nuestro sistema solar los robó cuando era muy joven. Con mucha menos expansión bajo el cinturón del universo, las estrellas estaban más juntas.

"La proximidad de las estrellas significaba que sentían la gravedad mucho más fuerte en esos primeros días que en la actualidad", comenta Fathi Namouni, astrónomo en el Observatoire de la Cote d'Azur en Francia y autor principal del estudio. "Esto permitió que los asteroides fueran arrastrados de un sistema estelar a otro".

 


Los infiltrados


Hay 19 objetos interestelares; 17 de ellos son Centauros y los otros dos se encuentran más allá de la órbita de Neptuno. Los 19 objetos tienen una alta inclinación con respecto al plano orbital del sistema solar donde residen más o menos los planetas. Cuando los expertos llevaron a cabo una simulación informática, descubrieron que los asteroides no alcanzaban sus órbitas al elevarse por encima del plano orbital, sino que orbitaban mucho más lejos que los planetas y en una órbita polar, cerca de 90 grados del resto de los objetos en el sistema solar. Estos dos hechos sugieren que no se formaron con los otros planetas, cometas y asteroides; sino que pueden haber sido arrebatados de otra estrella cuando el Sol y el sistema solar todavía estaban dentro del vivero estelar del que se formaron.

Los científicos han planteado la hipótesis de que los objetos se mueven entre los sistemas solares, siendo los primeros intrusos confirmados en nuestro vecindario en los últimos años 'Oumuamua y el cometa Borisov. Ambos objetos simplemente pasaron a través de nuestro sistema solar y no fueron atrapados por la gravedad del Sol. Pero los autores creen que estos otros asteroides tuvieron más probabilidades de vagar por otros sistemas estelares y quedarse atascados aquí, porque en los primeros días del sistema solar, con más de 4.000 millones de años menos de expansión, todo estaba mucho más unido, más junto. E identificar los asteroides interestelares originales en nuestro vecindario cósmico es importante porque son mucho más fáciles de estudiar que los objetos en sistemas solares distantes.

"El descubrimiento de una población completa de asteroides de origen interestelar es un paso importante para comprender las similitudes y diferencias físicas y químicas entre los asteroides interestelares y nacidos en el sistema solar", explica Maria Helena Morais, astrónoma de la Universidade Estadual Paulista en Brasil y coautora del estudio. "Esta población nos dará pistas sobre el cúmulo de nacimientos tempranos del sol, cómo se produjo la captura de asteroides interestelares y el papel que tuvo la materia interestelar en el enriquecimiento químico del sistema solar y en la configuración de su evolución".

 

Referencia: An interstellar origin for high-inclination Centaurs. F Namouni, M H M Morais. Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, Volume 494, Issue 2, May 2020, Pages 2191–2199. DOI:https://doi.org/10.1093/mnras/staa712

Sarah Romero

Sarah Romero

Fagocito ciencia ficción en todas sus formas. Fan incondicional de Daneel Olivaw y, cuando puedo, terraformo el planeta rojo o cazo cylons. Hasta que viva en Marte puedes localizarme por aquí.

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