No puedes saber lo que te hará feliz en el futuro

A pesar de que creamos lo contrario, se nos da muy mal pronosticar cómo una buena o una mala noticia pueden determinar nuestro futuro, tanto para bien como para mal.

Mujer felicidad
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Somos el único animal capaz de contemplar su futuro, desplazarse mentalmente por el tiempo y tomar decisiones presentes para que, de todos los futuros posibles, se abra senda hacia el imaginado. En cierto modo, podemos aprender de los errores antes de cometerlos.

Sin embargo, no lo hacemos demasiado bien. O, al menos, no tan bien como creemos.

Es cierto que somos excelentes pronosticadores a la hora de determinar, por ejemplo, cuál será el futuro de nuestra piel si tomamos demasiado el sol, o si sufriremos de un empacho si abusamos de determinado alimento. Pero si las emociones están mezcladas con el hecho juzgado, entonces nuestras capacidades de vaticinar el futuro naufragan.

Felicidad e infelicidad

Básicamente, nuestra incompetencia a la hora de pronosticar nuestro futuro se pone de manifiesto cuando tratamos de dictaminar qué nos acabará haciendo más felices o más infelices. Lo que sucede es que, a pesar de predecir a menudo nuestras futuras reacciones hedónicas ("seré feliz cuando gane más dinero", "nunca saldré de la tristeza si mi padre fallece"), rara vez se confirman, al menos en el grado en el que lo habíamos previsto.

El psicólogo Daniel Gilbert es autor de numerosos estudios que siempre revelan el mismo sesgo: nuestros errores a la hora de determinar nuestra felicidad futura son sistemáticos. Para ello, ha preguntado a personas a propósito de cómo se sentirán cuando hayan pasado minutos, días, semanas, meses o años después de que tuviera lugar un suceso. A continuación, transcurrido esos lapsos de tiempo, ha medido cómo se sentían de verdad.

Prácticamente nadie acertaba. Lo cual es muy significativo porque solo se les preguntaba por sucesos totalmente ordinarios, tal y como explica el propio Gilbert en el libro Las mejores decisiones, de John Brockman:

"No preguntamos a la gente que nos diga cómo se sentirá si nos invaden los marcianos [...] En la mayoría de los casos, estudiamos sucesos o situaciones que la gente ya ha vivido muchas veces (situaciones en las que debería ser muy experta) y ello hace que esta imprecisión sea más curiosa e interesante."

Gilbert hace hincapié en algunos errores particularmente sistemáticos. Por ejemplo, la mayoría de la gente pronostica que se sentirá más abatida y durante más tiempo después de una ruptura sentimental de lo que finalmente lo estará.

Esta incapacidad probablemente tiene como base nuestra excepcional adaptación a las nuevas situaciones. Por ejemplo, superamos más rápidamente nuestra ruptura sentimental porque al pensar en semejante situación estamos enamorados de nuestra pareja. Sin embargo, pasado un tiempo tras la ruptura, puede que conozcamos a alguien que nos parezca más interesante, o que nuestra percepción de lo que considerábamos bueno cambie y ya no la consideráramos una pareja ideal.

"Lo que sucede es que poco después de que hayamos vivido algo negativo se activan unos procesos inconscientes que empiezan a generar formas diferentes de interpretar lo sucedido."

También es habitual que, tras un golpe de suerte económico, enseguida nos adaptemos a esa nueva condición. Por ello, tendemos sobreestimar la felicidad que sentiremos cuando, por ejemplo, nos toque la lotería. Transcurrido un año del suceso, nuestra felicidad será muy similar a la que teníamos antes.

En resumen, nuestras predicciones suelen reflejar un solo momento (o unos pocos) de un solo suceso (el entierro del ser querido, la soledad, etc.), pero la felicidad de una persona un año después del suceso estará influenciada por mucho más que ese suceso concreto.

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