No estamos programados para ser felices, sino para buscar la felicidad

Un neurotransmisor, la dopamina, nos impulsa a perseguir constantemente el placer y la recompensa.

También te puede interesar: La ecuación matemática de la felicidad
SEGURO QUE TE INTERESA...

En cuanto al dinero, aumenta la felicidad cuando los ingresos llegan a 60.000 euros anuales. Por encima de esta cantidad, el dinero ya no está tan relacionado con el nivel de felicidad. Aunque puede aumentar si lo utilizamos en agasajar a los demás. Sin embargo, dejar de trabajar no es necesariamente una buena idea. Según Gilbert, descansar es una de las cosas que menos felices nos hacen, al contrario que practicar actividades placenteras –sobre todo el sexo, seguido del ejercicio físico– que nos hacen sentir mejor . La felicidad no se alcanza haciendo cosas exóticas, sino con recetas sencillas, como pasar más tiempo con la familia y los amigos. Somos los animales más sociales del planeta, por eso quienes dedican más tiempo a las relaciones y tienen más amigos son más felices.

 

Parte de la infelicidad surge de nuestro interior. No hay nada en sí ni bueno ni malo, es la mente humana la que lo hace parecer así. Y es que nuestra especie tiene una estructura evolutivamente reciente, la corteza prefrontal, que funciona como "un simulador que nos permite imaginar y anticipar cómo serán nuestras experiencias antes de vivirlas. Planificar acciones y tomar decisiones en virtud de experiencias simuladas mentalmente es, a priori, una ventaja. Sin embargo, puede convertirse también en la principal causa de que la búsqueda de la felicidad sea errónea pues esta parte del cerebro suele calcular bastante mal el grado de felicidad o de infelicidad que nos causarán las experiencias futuras". Somos malos predictores de la felicidad, según Gilbert.

No podemos cambiar lo ocurrido, pero sí lo que pensamos sobre ello. En caso contrario la "disonancia cognitiva" nos hará sentir infelices. En cambio, cambiar de perspectiva es muy positivo, como sucedía en la fábula de la de la zorra y las uvas. Sabiamente, la zorra, al ver que no tenía forma de cogerlas de la parra, decidió que no merecían la pena porque no estaban maduras. Esta habilidad de cambiar la forma de pensar es la piedra angular de la psicoterapia. Tener una mente abierta es fundamental. Las experiencias nuevas ejercitan el cerebro y nos hacen felices. 

Etiquetas: comportamientodopaminafelicidadpsicología

Continúa leyendo

CONTENIDOS SIMILARES

COMENTARIOS