Lynn Margulis, la voz de los microbios

Lynn Margulis, madre de la teoría de la endosimbiosis, fue una de las científicas más brillantes y controvertidas de los últimos años.

Mientras que los neodarwinistas intentaban defender con uñas y dientes su postura,  Margulis empezó a bucear en la literatura y rescató, añadiendo nuevas evidencias, la teoría de la simbiogénesis que Merezhkovsky había planteado cuarenta años atrás. Según esta hipótesis, las células eucariotas se habrían originado a partir de diferentes células procariotas mediante una relación simbiótica que llegó a ser estable.

En otras palabras, una bacteria habría literalmente engullido a otra, y con el paso del tiempo estos consorcios entre especies se hicieron permanentes. La fuerza evolutiva que generó a este nuevo tipo de células no fue la acumulación de pequeñas mutaciones, sino una suma de estructuras complejas que ya existían previamente. A pesar de la reticencia inicial con la que la comunidad científica acogió estas ideas, con el paso del tiempo se han acumulado evidencias experimentales que las han ido confirmando.

Margulis quiso aplicar la simbiogénesis al origen de todas las especies. Para ella, la vida en la Tierra era la resultante de una simbiosis de organismos, todo era simbiótico, y en sus publicaciones expuso abundantes ejemplos para evidenciar sus teorías. Es el caso de la vaca, que puede digerir la celulosa gracias a los simbiontes microbianos alojados en su estómago, o de los peces que habitan en los fondos marinos y hospedan bacterias que brillan en la oscuridad. "Solemos relacionar la palabra bacteria o microbio con enfermedad, ¡cuando son justamente la vida!: usted es un saco ambulante de bacterias" le dijo en una ocasión a un entrevistador.

Efectivamente, Margulis se convirtió en la más ardiente defensora de los microorganismos, y dedicó cientos de páginas y conferencias a reivindicar su papel fundamental en la evolución de la vida y en el mundo que hoy habitamos. "Las bacterias fueron las inventoras, a escala reducida, de todos los sistemas químicos esenciales para la vida", afirma en el libro Microcosmos, escrito junto a su hijo Dorian Sagan. "Esta antigua y elevada biotecnología condujo al desarrollo de la fermentación, de la fotosíntesis, de la utilización del oxígeno en la respiración y de la fijación del nitrógeno atmosférico".

 

Su obsesión por el universo microbiano la llevaba al extremo de guardar en su cartera, junto a las fotografías de sus hijos, imágenes de sus protistas preferidos.

Criticaba las posturas engreídas que colocan al ser humano en el centro del mundo o que interpretan la evolución como un camino desde de los seres inferiores (las bacterias) hasta los seres superiores (el hombre). Su obsesión por el universo microbiano la llevaba al extremo de "guardar en su cartera, junto a las fotografías de sus hijos, imágenes de sus protistas preferidos", contaba Antonio Lazcano Araújo, catedrático en la Universidad Nacional Autónoma de México y colaborador de la científica. Razón no le faltaba: las bacterias habitan hoy en día todos los ambientes que se puedan imaginar, desde los tanques de ácido de las empresas químicas hasta las aguas extremadamente saladas del Mar Muerto. Durante 2.000 millones de años las bacterias poblaron la Tierra en exclusividad, y en el caso de algún tipo de catástrofe nuclear, probablemente serían también las únicas supervivientes.

La genial científica lo tenía claro: "No hay ninguna especie en particular que sea el centro de la vida, podemos provocar nuestra propia extinción, pero no la de la vida en el planeta. La vida existía sin nosotros… y seguirá sin nosotros, autorregulándose". Este concepto de autorregulación a escala planetaria se encuentra muy ligado a la teoría de su colega Lovelock, la conocida como 'Hipótesis de Gaia', que Margulis contribuyó a desarrollar. A pesar de las connotaciones espirituales que pueda tener la palabra 'Gaia', un término del griego antiguo que significa 'Madre Tierra', Margulis insistía siempre en que se trataba de una forma de sintetizar un concepto más amplio. Referirse al planeta como "un sistema de retroalimentación con tendencias homeostáticas detectadas a partir de anomalías químicas en la atmósfera de la Tierra" era, simplemente, largo y tedioso. Nuestra Tierra, Gaia, es una red de ecosistemas, una construcción biológica cuya atmósfera ha sido producida, mantenida y transformada por los procesos metabólicos de la biosfera. Y para Lynn Margulis, en este universo de conexiones las bacterias jugaban, por supuesto, un papel crucial.

 

"No considero mis ideas controvertidas, las considero correctas", afirmaba rotundamente

Lo cierto es que Margulis llegó a defender posturas muy controvertidas. Por ejemplo, la bióloga afirmaba que no estaba claro que el VIH causara el SIDA, y que esta enfermedad podría ser una forma de sífilis. Fue famosa por su cuestionamiento sobre el origen de los atentados del 11-S, y opinaba que el derrumbamiento de los edificios se debió a "una explosión minuciosamente controlada con poderosos explosivos que habrían sido dispuestos muchas semanas, o meses, antes".

También afirmaba que los únicos microrganismos que pueden hacernos daño son aquellos que comparten una historia evolutiva con nosotros, es decir, los que habrían participado en el proceso de simbiogénesis para dar lugar a nuestra especie. A pesar de que su teoría sobre el origen de la célula eucariota por medio de la endosimbiosis es ya plenamente aceptada en la comunidad científica, Margulis opinaba que absolutamente todos los procesos de especiación se originaban por este mecanismo. Mantenía que la selección natural no era más que el modo de eliminar los errores genéticos, pero que no podía generar novedad y, por tanto, no era una fuerza clave para la aparición de nuevas especies. "No considero mis ideas controvertidas, las considero correctas", afirmaba rotundamente esta mujer que tenía, sin duda, las cosas bien claras.

 

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A pesar de su prolífica actividad científica, Margulis conciliaba a la perfección su vida familiar y laboral, mezclándola en muchas ocasiones. "Trataba a sus hijos como si fueran estudiantes y a sus estudiantes como si fueran sus hijos", relataba Dorion Sagan, fruto del primer matrimonio de la científica con el astrónomo Carl Sagan. Dorion Sagan es también coautor de muchos de los libros en los que Margulis expuso sus ideas científicas. Interesada en llevar la ciencia al alcance de todos, editó abundante material didáctico, así como varios libros y vídeos de divulgación.

Dio a conocer sus teorías a lo largo de todo el mundo mediante conferencias y seminarios y le satisfacía ser considerada, por encima de todo, una profesora. Llamaba a las cosas por su nombre, y por ello siempre cuestionaba el lenguaje usado al hablar de fenómenos biológicos o evolutivos: cooperación, competencia, lucha… "Son palabras que tal vez resulten adecuadas para el baloncesto, la industria informática o las empresas financieras, pero en cuanto a la evolución, pintan con una brocha demasiado gorda", escribieron Margulis y Sagan en su libro Captando genomas.


Pasión por la vida

Uno puede preguntarse si los grandes pensadores y científicos como Lynn Margulis, apasionados de su trabajo y con una sed de conocimientos que nunca se apaga, dedican alguna de sus horas del día a 'desconectar' de la ciencia y de sus inquietudes habituales. En el caso de Margulis, la respuesta es afirmativa, pues ella era sin duda, una gran apasionada de la vida y alguien que, según afirman quienes la conocieron, disfrutaba con todo. "Era muy aficionada a la natación", recuerda Juli Peretó. "Si había una piscina en el hotel donde se alojaba, o cerca de allí, siempre preguntaba si podía darse un baño".

Además, le gustaba cocinar para mucha gente y escuchaba música clásica. Ricard Guerrero, profesor emérito de la Universidad de Barcelona y gran amigo de Margulis, explica: "le encantaba leer. Una de sus escritoras favoritas era Emilie Dickinson, se sabía de memoria muchas de sus poesías. A veces me pedía que recitara algo en medio de un seminario. Era impresionante hacer esto para un auditorio que estaba escuchando hablar de ciencia." Margulis y Guerrero trabajaron juntos en una traducción del poema de Lorca La casada infiel. "Cuando ella era jovencita empezó a leer a Lorca y no entendía nada, de hecho conservo un libro suyo donde se ven las anotaciones escritas en lápiz de las palabras que iba buscando en el diccionario. Con La casada infiel buscamos las traducciones que había y ninguna nos convenció, así que nos pusimos manos a la obra", explica Guerrero.

 

Los misterios de la evolución no terminan en el origen de los eucariotas. Son numerosos los enigmas que quitan el sueño a aquellos hombres y mujeres que dedican todos sus esfuerzos a responder a la clásica pregunta "¿De dónde venimos?". Lynn Margulis, quien acudió a su laboratorio hasta el final de sus días, fue una de estas personas. La abanderada de ese fascinante mundo microbiano que nos mostró en sus libros y conferencias aportó mucha luz en ese misterioso túnel de preguntas que es el origen de nuestra existencia y de la propia vida.

Como ella misma escribió en el prólogo de Captando genomas: "La saga evolutiva entera sobre cómo las especies se originaron y extinguieron puede constituir la narración más grande jamás contada. Después de todo, es la historia de todos y cada uno de nosotros".

 

 

 

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