Rebecca Wragg, arqueóloga

‘Los neandertales simbolizan nuestros propios miedos: la supervivencia y la extinción pueden tener más que ver con la suerte que con la inteligencia’

Han pasado de ser vistos como los perdedores del árbol genealógico humano a ser considerados homínidos de primera categoría. Hoy sabemos, de hecho, que buena parte de lo que nos define como humanos también estaba presente en los neandertales. Hacemos un recorrido por la fascinante vida de nuestros primos lejanos.

Rebbeca Wragg
Rebbeca Wragg

Desde su descubrimiento hace más de 160 años, el conocimiento sobre los neandertales no ha parado de crecer. Las noticias sobre hallazgos relacionados con ellos acaparan titulares de continuo, y es fácil perderse en toda esta maraña de datos. Basándose en la información más actualizada, la arqueóloga e investigadora de la Universidad de Liverpool Rebecca Wragg Sykes ha querido trazar, en su libro Neandertales. La vida, el amor, la muerte y el arte de nuestros primos lejanos (Ed. GeoPlaneta, 2021), un retrato completo sobre estos homínidos tan fascinantes.

 

Los neandertales siempre nos han parecido los 'primos tontos' de los 'sapiens', los perdedores de la evolución. ¿Por qué no es cierto esto? ¿Crees que nuestra visión ha cambiado en los últimos años?

Esto es falso por dos razones. En primer lugar, durante las últimas décadas ha habido una revolución en la arqueología y en nuestra comprensión de todos los aspectos de la vida neandertal. Nos hemos dado cuenta de que eran mucho más sofisticados de lo que se pensaba: empleaban herramientas de piedra, pero también eran hábiles carpinteros, usaban materiales como huesos o conchas e incluso inventaron el primer material sintético, el alquitrán de abedul, que usaban como pegamento. Además, eran expertos carniceros y extraían de sus piezas las partes más grandes y nutritivas. Su dieta era muy variada, pues además de la caza mayor se alimentaban de conejos, aves, marisco y plantas. Por si fuera poco, tenemos cada vez más evidencias de un sentido estético emergente que implica el uso del color e, incluso, la mezcla de pigmentos.

Y el segundo motivo por el que no podemos considerar a los neandertales como ‘perdedores’ de la evolución es que hoy sabemos que hubo mestizaje: los neandertales no fueron totalmente reemplazados por los primeros Homo sapiens, sino que todavía están en nuestro ADN. Y, lo que es más importante: los primeros grupos de sapiens que llegaron a Eurasia están, en realidad, más extintos que los neandertales, ya que estas poblaciones pioneras no dejaron ningún tipo de descendencia genética. En definitiva, el cuadro que tenemos hoy sobre los neandertales y que presento en mi libro es mucho más complejo y fascinante que el que se tenía hace cuarenta años.

 

Reuniendo todas las evidencias que tenemos sobre su dieta, organización social y formas de vivir, ¿podrías describir brevemente cómo era un día en una ‘familia neandertal’?

Probablemente no podamos hablar de una ‘familia’ neandertal típica. Ten en cuenta que vivieron durante más de 300 000 años y en climas extremos que van desde los periodos glaciares fríos hasta los interglaciares cálidos como el actual. Además, no solo ocuparon la actual Europa, eran más bien ‘euroasiáticos occidentales’: hemos encontrado restos de su presencia entre Gales y España, Palestina y Siberia. Esto implica que tuvieron que adaptarse a una amplia gama de paisajes, entornos, geología, fauna y flora.

Aun así, es cierto que tenían algunas cosas en común, y una de ellas es que probablemente vivían en pequeños grupos nómadas. Yo esperaría que la mayoría de días se levantaran al amanecer, atraídos por el olor de los fuegos humeantes dejados de la noche anterior en busca de calor y seguridad. Una de las tareas diarias sería la recolección de combustible, pino en muchas ocasiones, y tal vez usarían algo de tuétano sobrante para el desayuno. Los niños estarían jugando todo el rato, y es probable que en esos juegos arrastraran a algún adolescente o adulto para explorar el entorno y buscar plantas.

Algunos de los adultos, probablemente hombres y quizás algunas mujeres, pasarían uno o varios días cazando fuera del asentamiento, y regresarían con sus piezas envueltas en piel. Dichas piezas serían procesadas por la noche, al calor de la chimenea. Los niños comerían usando herramientas para cortar la carne y mirarían a los adultos para aprender a limpiar la piel. A medida que oscureciera, todos se irían acomodando en la parte trasera de la cueva mientras las brasas del fuego permanecen encendidas.

 

¿Los neandertales tenían lenguaje? ¿Sabemos algo de cómo se organizaban y cooperaban?

Gracias a los últimos hallazgos arqueológicos y al análisis de los fósiles, nuestra visión sobre este asunto ha cambiado bastante. La evidencia actual que tenemos sobre sus características anatómicas sugiere que, probablemente, los neandertales podrían emitir prácticamente los mismos sonidos que nosotros. Y, algo igualmente importante, el análisis de la anatomía de sus oídos sugiere que captaban las mismas frecuencias de sonido, y por tanto el habla humana, un rasgo que probablemente también fuera compartido, al menos en parte, por nuestro antepasado común.  Así que seguramente tenían algún tipo de comunicación vocal.

Pero, ¿de qué hablaban los neandertales? Es imposible conocer la complejidad de su lenguaje, si se preguntaban, por ejemplo, por lo que habían soñado la noche anterior. Pero la arqueología nos muestra que su sociedad se basaba en grupos sociales organizados que cooperaban estrechamente y compartían recursos. El lenguaje, probablemente, sería clave en todo esto, así como en el aprendizaje y transmisión de tecnologías complejas de generación en generación.

 

Además del lenguaje, ¿sabemos si los neandertales compartían con nosotros algunos de esos rasgos que nos diferencian de otros animales, como por ejemplo el sentido de la belleza o el pensamiento abstracto?

Los neandertales no solo se interesaban en los materiales que empleaban para sus actividades con una finalidad práctica, creo que hoy tenemos muchas evidencias de una especie de 'sentido' emergente de la estética. Los arqueólogos tienen a ser muy cautos a la hora de sacar este tipo de conclusiones, como en el caso de los pigmentos minerales, que se encuentran en varios sitios y suelen tener muchas aplicaciones prácticas. Por ejemplo, el ocre se puede utilizar en pieles de animales de trabajo o como protector solar, pero hay algunos casos que nos hacen sospechar de un cierto sentido estético. Es el caso de la cueva de Fumane, en Italia, dónde se han encontrado restos de pigmento rojo en la superficie de un caparazón fósil que no tienen una explicación clara. El caparazón no era un resto de comida, sino que fue encontrado a más de cien kilómetros de distancia de su fuente geológica. Y, además, el pigmento provenía de otra zona situada a cuarenta kilómetros en otra dirección. Todo sugiere que la concha fue trasportada deliberadamente desde su ubicación original y coloreada con pigmento, quizás para ser usada como adorno. Estas características son comunes a otros potenciales objetos estéticos que se han encontrado, como los grabados en piedra. E, incluso, algunos de estos restos de concha podrían representar sistemas de notación o conteo simple.

 

Otras manifestaciones culturales que van más allá del sentido práctico tienen que ver con la muerte y el deseo de trascendencia. ¿Qué sabemos sobre esto?

La relación de los neandertales con sus muertos es uno de los grandes temas sobre los que he intentado reunir toda la información actualizada en el libro, porque es mucho más interesante y variada de lo que pudiera parecer a simple vista. Hoy en día tenemos una evidencia creciente de que, en ocasiones, los neandertales dejaban cuerpos enteros protegidos en áreas preparadas para ello. Otras veces, en cambio, los procesaban, los fraccionaban o, incluso, se los comían. Y no siempre hay explicaciones sencillas para estas acciones, como por ejemplo una hambruna.

En cambio, todo parece indicar que nos encontramos ante una versión compleja de otros comportamientos que hemos visto en chimpancés, que interactúan con los cuerpos de sus parientes y amigos, los asean, e incluso se ha llegado a ver que usan un palillo de dientes en el difunto. Quizá nos pueda sonar extraño hoy en día, pero la costumbre de guardar partes de los muertos está bien documentada a lo largo de toda la prehistoria posterior en Homo sapiens, y todavía sucede en algunas culturas no tan lejanas: las reliquias religiosas de los santos o el mismo ritual de la eucaristía son ejemplos muy claros.

 

Conservamos un porcentaje de ADN neandertal, y hay evidencias de que se produjeron cruzamientos en varios momentos. Hay autores que incluso llegan a decir que los neandertales no son una especie por sí misma, que 'sapiens' y neandertales somos la misma especie. ¿Tú qué opinas?

Este debate es un reflejo de la dificultad de lidiar con fósiles frente a la realidad de los organismos vivos. Los biólogos pueden observar el comportamiento de especies estrechamente relacionadas que se cruzan, como los osos polares y los pardos, o las vacas y los yaks. En el caso de los neandertales, el ADN nos dice que hubo entrecruzamiento durante más de 200 000 años, y algunos de estos híbridos serían fértiles. Esto no debería sorprendernos a nivel biológico, ya que compartimos un ancestro común con menos de 700 000 años de antigüedad. Incluso animales como la beluga y el narval, que están menos emparentados que nosotros con los neandertales, pueden cruzarse y tener descendencia. Pero, volviendo a los fósiles, lo que estos nos muestran es que, a pesar del mestizaje, ambas especies permanecimos muy diferenciadas a nivel físico, no nos ‘fusionamos’ en una sola. Y esto quiere decir algo importante: si bien el sexo pudo ser un resultado habitual entre las reuniones entre sapiens y neandertales, al igual que entre neandertales y otros parientes cercanos como los denisovanos, también dichas reuniones pudieron haber sido muy esporádicas durante cientos de milenios.

 

Se ha hablado y discutido mucho sobre la extinción de los neandertales, y hay muchas hipótesis al respecto. ¿Qué sabemos y que no sabemos sobre ello? ¿La competencia con 'Homo sapiens' tuvo algo que ver?

No tenemos una respuesta simple a esta pregunta. Lo único que tenemos claro es que no hay fósiles ni restos arqueológicos de neandertales de los últimos 40 000 años. Quizá el clima tuvo que ver, más que por frío por haber sido un periodo de cambios de temperatura muy rápidos e impredecibles. Es cierto que los neandertales ya habían sobrevivido a condiciones similares en el pasado, pero esta vez las cosas pudieron ser diferentes.

Hoy también sabemos que los primeros Homo sapiens ya se estaban dispersando desde África hacia Eurasia mucho antes de lo que se pensaba (hace al menos 180 000 años), pero solo en los últimos 55 000 hay restos de una arqueología distintiva y con más elementos simbólicos. La genética también nos muestra que esos grupos de Homo sapiens, aunque no eran numerosos, estaban mejor conectados entre sí a escala poblacional que los neandertales. Esas redes sociales más fuertes y extensas, más que el tener o no una mayor inteligencia, pudo haber marcado la diferencia que hizo a nuestra especie sobrevivir en tiempos difíciles. Pero, como ya he comentado antes, algunas de esas poblaciones pioneras de H. sapiens están aún más extintas genéticamente hablando que los neandertales… aún quedan muchas preguntas por resolver.

 

¿Por qué crees que los humanos sentimos esa fascinación tan fuerte por los neandertales? ¿Qué es lo que los hace tan especiales?

Los neandertales han estado con nosotros desde el comienzo de nuestro viaje descubriendo los orígenes humanos. Fueron los primeros homínidos en ser reconocidos como tales (en 1856) y, por lo tanto, representan al “otro”, en el sentido de otra forma de humanidad. No podemos evitar usarlos como un espejo para entendernos a nosotros mismos. Pero esto también dice mucho sobre nosotros mismos, ya que las cosas que pensamos y sentimos sobre los neandertales han cambiado, no solo por la arqueología en los últimos 160 años, sino también por nuestras propias expectativas y deseos.

Esta relación cambiante también se aprecia en la forma en que los hemos representado en las reconstrucciones paleo-artísticas. Los neandertales de hoy nos devuelven la mirada, sonríen y abrazan a sus hijos. Siguen siendo fascinantes porque simbolizan nuestra curiosidad innata: nos gustaría encontrárnoslos, conocerlos. Pero también simbolizan nuestros miedos sobre lo que significa ser humano y sobre el hecho de que la supervivencia y la extinción a veces pueden tener más que ver con la suerte que con la inteligencia.

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¿Cuál es, según tu opinión, el descubrimiento más fascinante que se ha hecho en los últimos años con respecto a los neandertales?

Me quedaría con dos hallazgos impresionantes. Uno tiene que ver con la complejidad cognitiva de su tecnología: un descubrimiento reciente mostró que además del pegamento de alquitrán de abedul, los neandertales también estaban elaborando recetas de adhesivo con pino y cera de abejas. Esto implica experimentación, curiosidad material y encaja en la imagen más amplia de su forma de entender las propiedades físicas de las cosas que los rodeaban.

El segundo descubrimiento es impresionante y extraño: en la cueva de Bruniquel, en Francia se encontraron dos círculos enormes hechos con estalagmitas rotas, con otros dos grandes montones en el medio y algunas partes quemadas. Las piezas fueron seleccionadas cuidadosamente en función de su tamaño, algunas se apilaron y otras se colocaron en equilibrio sobre otras, como un Stonehenge en miniatura. Fue un trabajo que debió llevar horas, y se encuentra en lo más profundo de una colina, en un lugar demasiado oscuro como para ser habitable, y tiene 174 000 años de antigüedad. Es extraño, monumental, y no se parece en absoluto a nada – al menos que conozcamos- que haya sido hecho por ningún homínido hasta muchos años después.

 

¿Y cuál es pregunta con respecto a los neandertales a la que te gustaría que se encontrara respuesta?

Me gustaría saber qué llevaban consigo cuando se movían de un sitio a otro. Suena simple, pero la respuesta sería  muy reveladora porque nos diría cosas sobre su forma de anticipar el futuro, si compartieron sus cargas y qué cosas eran valiosas para ellos. ¿Llevarían piedra para tallar herramientas y comida para la próxima parada? ¿O quizás llevarían sus cosas ‘de casa en casa’, como sus herramientas favoritas para trabajar la piel o sus esteras de cuero? Y, ¿cómo podemos explicar objetos tan especiales como el caparazón de Fumane que fue transportado desde tan lejos? Quizá algún día, si encontramos un neandertal congelado en el permafrost siberiano, podamos hacerle todas estas preguntas….

 

 

Victoria González

Victoria González

Bióloga de bota. Tengo los pies en la tierra y la cabeza llena de pájaros. De mayor quiero ser periodista.

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