Los nazis intentaron revivir este animal extinto

Los hermanos Heck fueron unos científicos alemanes que intentaron recuperar al uro, el toro gigante antepasado de nuestro ganado actual.

 

Todavía puede parecer ciencia ficción traer de vuelta a la vida a una especie extinguida. Pero la desextinción es una realidad actual con experimentos que nos recuerdan automáticamente a la saga “Parque Jurásico”. Estos avances científicos tienen, como no, un largo recorrido hasta llegar a los conocimientos y posibilidades que atesoramos hoy día en los laboratorios. Y entre los intentos de desextinción que se han dado en la historia, hay uno que tiene como protagonistas al toro más grande que haya existido y a los nazis.

Un experimento nazi

En la década de 1920, los hermanos Heinz Heck y Lutz Heck se propusieron desextinguir al uro, un toro gigante que vivió en Europa. Estos zoólogos defendían las ideas que promovía el nazismo, un movimiento que empezaba a tomar cuerpo.

Por entonces, la ingeniería genética estaba aún por desarrollarse, así que, para devolver a la vida a un uro, los hermanos Heck tomaron la vía de la selección artificial. Es decir, pretendían reunir las especies de ganado con las características más cercanas a los uros e ir cruzándolas entre sí hasta llegar al espécimen primigenio. Esta teoría de la involución no es tan descabellada como pudiera parecer, hoy día está entre las opciones científicas para recuperar especies desaparecidas. Con este proceso se ha querido llegar a un Tyrannosaurus rex a partir de una gallina (lograron una gallina con dientes).

¿Cómo era un uro?

Un toro un poco más pequeño que un elefante. Así lo describió Julio César en su obra “La guerra de las Galias”. La especie Bos primigenius primigenius, conocida como uro, vivió en Europa hasta el siglo XVII. Solían tener pelajes de color oscuro y cuernos de casi 80 centímetros. Pesaban 1,5 toneladas y su cruz alcanzaba una altura de 1,80 metros.

Desconocemos si esta especie, viviendo de manera silvestre, tendría la agilidad y ferocidad de los actuales toros bravos, o se comportaría de una manera más dócil, como nuestros bueyes domesticados. La diferencia no es baladí, ya que los bueyes actuales rondan el mismo peso que los uros (algunos incluso llegan a las 2 toneladas), mientras que los toros de lidia están alrededor de los 500 kilos. Si el uro tenía el tamaño del primero y el mal genio del segundo, debía ser un cuadrúpedo al que tener mucho respeto.

Con todo, la domesticación del ganado taurino tuvo comienzo en el Próximo Oriente hace unos 10 000 años. Se piensa que el ganado euroasiático domesticado que tenemos en la actualidad tiene en común al uro salvaje.

¿Por qué desextinguirlo?

Se han argumentado dos motivos: porque eran buenos aliados para acabar con la maleza de los montes, debido a los kilos de alimentación que ingerían; y, como no, para recuperar lo que consideraban un símbolo del poder ario.

Los hermanos Heck intentaron recuperar también una especie de caballo extinta. Este proyecto de reproducción de animales pretendía recrear la vida silvestre primordial de Alemania.

 “Funcionó como parte de discursos y prácticas de conservación de la naturaleza que enfatizaban el carácter germánico ideal del paisaje europeo y requerían limpieza étnica como una forma de restauración ecológica. […] la reproducción de la vida silvestre primordial fue parte de una legitimación de la expansión violenta en el este”.

Cosas de nazis, vaya.

 

¿Lo lograron?

No. De hecho, los análisis de ADN actuales han permitido confirmar que los hermanos Heck se alejaron todavía más de la especie uro con sus cruces. Al final estaban seleccionando características físicas, pero, genéticamente, la vaca con la que iniciaron sus experimentos estaba más cerca del uro que los especímenes nacidos de sus pruebas.

Con años de apareamientos selectivos, lograron crear un ejemplar de 900 kilos y 1,40 metros de altura. Lo que sí tenía este ganado Heck era una bravura feroz.

Actualmente hay proyectos que intentan repoblar ecosistemas con animales ya extintos como el uro. Suelen estar envueltos en debates científicos y bioéticos, como ocurre con el caso de los bisontes europeos. Estamos lejos de que la comunidad científica se ponga de acuerdo en los beneficios o consecuencias de traer a la vida animales extintos a unos ecosistemas que ya no son los mismos que conformaban sus hábitats naturales. Nada nuevo que el doctor Ian Malcolm no avisara ya en la película “Parque Jurásico”. Esperemos que si la vida se termina abriendo camino sea por una senda bien controlada.

Referencias:

Crespo, I. 2020. El error de las vacas gigantes nazis. Larazon.es

Driessen, C. et al. 2016. Back Breeding the Aurochs: The Heck Brothers, National Socialism, and Imagined Geographies for Non-Human Lebensraum. DOI: 10.7208/chicago/9780226274560.003.0007.

Upadhyay, M. R. et al. 2017. Genetic origin, admixture and population history of aurochs (Bos primigenius) and primitive European cattle. Heredity 118, 169-176. DOI: 10.1038/hdy.2016.79.

 

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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