Los metahumanos existen y están entre nosotros

Uno de los misterios de la medicina es que existen personas que, a pesar de que su genoma contiene genes que les provocarían una enfermedad, no la padecen.

 

Si eres aficionado a las películas de superhéroes alternativos recordarás aquella que dirigió Michael Night Shyamalan, famoso por su debut con aquel blockbuster que fue El sexto sentido. Titulada Unbreakable (irrompible), en España la productora lo cambió por El Protegido por razones del todo desconocidas. Narra la historia de un hombre que jamás enferma ni padece frente a otro que vive en constante peligro de quebrarse al haber nacido con una enfermedad llamada osteogénesis imperfecta, más comúnmente conocida como “huesos de cristal”. Ávido consumidor de cómics de superhéroes, cree que en algún lugar debe haber alguien que equilibre su balanza, alguien con la fortaleza que a él le falta. Su búsqueda finaliza el día que escucha la noticia de un descarrilamiento de tren donde ha fallecido todo el mundo menos un hombre que salió de allí sin un solo rasguño.

Pues bien, más o menos esa es la historia del Proyecto Resiliencia. Su objetivo es descubrir por qué algunas personas son capaces de resistir o recuperarse de una enfermedad, incluso a pesar de estar predestinadas genéticamente a ella. O dicho de otro modo, el proyecto dirigido por la Escuela Icahn de Medicina en Monte Sinaí busca personas que porten una mutación que invariablemente causa una enfermedad genética y, sin embargo, no la padezcan.

Para ello estudian muestras de ADN en busca de mutaciones que causan ciertas patologías, y para ello han elegido una lista de 675 enfermedades mendelianas. Esto es, enfermedades causadas por una mutación o alteración en el ADN de un solo gen, que, al transmitirse a la descendencia provoca la aparición de disfunciones en el organismo.

La idea subyacente es hallar un gen o un factor ambiental que permita resistir a una enfermedad y usarlo para buscar una terapia. De esta manera, en el caso de que la inhibición de un gen determinado tenga un efecto protector, se podrá diseñar un medicamento que lo inactive. Un ejemplo lo tenemos en el gen PCSK9 que, cuando está desactivado por una mutación, mantiene los niveles de colesterol bajos.

¿Genes protectores?

Hay varios genes cuya relación con la resistencia a determinadas enfermedades ya se ha probado. Un ejemplo es el del gen HLA-DRB1 asociado al riesgo de sufrir artritis reumatoide pero que el equipo internacional liderado por Sarah Dunstan, del Instituto Nossal de Salud Global adscrito a la Universidad de Melbourne en Australia, ha constatado que quienes albergan en su genoma una forma particular de este gen, muestran una resistencia natural a la fiebre tifoidea.

También en España, investigadores del Instituto de Investigación Marqués de Valdecilla de Santander describieron en 2014 un mecanismo que actúa como un escudo natural para la piel por el cual las células con mutación en la proteína p53 son expulsadas por descamación, protegiendo a la epidermis de la radiación solar y evitando la aparición de cáncer de piel.

La proteína p53 está considerada como la guardiana de la integridad del genoma, debido a que ejerce un papel clave en el control de la replicación del ADN para que no se transmitan errores. Es, por tanto, un gen supresor de tumores y su inactivación es la alteración genética más frecuentemente encontrada en las células cancerosas de numerosos tipos de tumores, especialmente en el carcinoma de piel, donde está presente en el 80% de los casos.

¿Es la longevidad genética?

Si estas variantes genéticas pueden transmitirse de padres a hijos, ¿por qué no estudiar el genoma de familias que hayan vivido más que otras sin presentar síntomas de enfermedad? Esta premisa sirvió para desarrollar un proyecto en la Facultad de Medicina de la Universidad Libre de Ámsterdam, cuyo objetivo era buscar las causas por las que la demencia está más presente en unas personas que en otras. Para ello analizaron el ADN de las células sanguíneas de Hendrikje van Andel-Schippers, una anciana que murió en 2005 a los 115 años sin presentar un solo signo de demencia y cuya madre vivió hasta los 100 en las mismas condiciones, por lo que parecía seguro que su genoma incluía elementos que la protegían.

Decidieron estudiar el material genético contenido en los glóbulos blancos de esta anciana, porque los cambios que se producen en sus cromosomas a lo largo de la vida son más rápidos y numerosos que en las neuronas. Los resultados, publicados en la revista Genome Research, revelaron que la sangre de la anciana escondía nada más y nada menos que 400 mutaciones en sus leucocitos. Y es más, descubrieron que los glóbulos blancos que las contenían se derivaban de solo dos de células madre hematopoyéticas (tengamos en cuenta que la médula ósea humana contiene unas 11 000 de estas células, de las cuales 1 300 se dividen de manera activa y renuevan nuestras células sanguíneas). Según los autores, “esto sugiere que a medida que envejecemos, la reserva de células madre hematopoyéticas disminuye hasta que todas nuestras células son clones de solo unas pocas células parentales”. ¿Será este el camino a la longevidad?

Referencias:

Dunstan S.J. et al (2014) Variation in the HLA-DRB1 region is associated with susceptibility to enteric fever, Nature Genetics. Dec;46(12):1333-6 doi: 10.1038/ng.3143

Holstege H. et al (2014) Somatic mutations found in the healthy blood compartment of a 115-year-old woman demonstrate oligoclonal hematopoiesis, Genome Research. doi: 10.1101/gr.162131.113

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

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