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Los humanos podríamos vivir en colonias alrededor de Ceres

¿Deberíamos olvidarnos de Marte? Un equipo de investigadores propone construir un megasatélite en el cinturón de asteroides.

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NASA/Jet Propulsion Laboratory

A muchos les recordará la serie The Expanse en la que la civilización se encuentra poblando Ceres, el planeta enano ubicado en el cinturón de asteroides y Marte, nuestro próximo destino, desde hace bastante tiempo. Si bien es cierto que la NASA está planeando construir un puesto de avanzada en la Luna y las misiones tripuladas a Marte parecen no quedar lejos, un equipo de científicos apunta a Ceres como mejor destino para tener humanos viviendo fuera de la Tierra. Se trata de una propuesta muy creativa.

 

¿Por qué es interesante Ceres?


Realmente tiene unas cuantas características interesantes. Se encuentra en el cinturón de Asteroides entre Marte y Júpiter. Mide 952 kilómetros de diámetro y es el único planeta enano más cercano al Sol. Nombrado en honor a la diosa romana de la agricultura, las cosechas y la fecundidad, su superficie está compuesta de una mezcla de hielo de agua y diversos minerales hidratados y hace no muchos años se detectaron emisiones de vapor de agua de distintas regiones del planeta enano. Incluso esconde un océano subterráneo de agua salada y podría contar con otras reservas de agua, lo que aumenta la esperanza de que pudo haber sido habitable. Esto, sumado a que aún posee actividad geológica, significa que Ceres sigue siendo un mundo activo y podría seguir siendo habitable.


Pero, ¿y si en vez de colonizar directamente un planeta, sobre todo un lugar tan hostil como Marte, creamos una estructura lo suficientemente grande como para albergar a decenas de miles de personas en algún lugar del espacio?

 

Una megaestructura


Pues el astrofísico Pekka Janhunen del Instituto Meteorológico de Finlandia en Helsinki y líder del trabajo, sugiere que Ceres sería un lugar ideal para colocar tal estructura, que lo convertiría en un satélite: un megasatélite. Tal órbita estaría lo suficientemente cerca del planeta enano como para que un ascensor espacial de unos 1.000 kilómetros de largo pudiera transportar material desde la superficie al megasatélite para su construcción y reabastecimiento.

 

Ceres tiene nitrógeno, agua y dióxido de carbono más que suficiente para poder llevar acabo tan ambicioso proyecto que se resumiría en un megasatélite de miles de naves espaciales cilíndricas, unidas entre sí dentro de una estructura en forma de disco que orbitaría permanentemente el planeta enano Ceres (el objeto más grande de este cinturón de asteroides).

"La razón principal es que Ceres tiene nitrógeno, que es necesario para la atmósfera del asentamiento". "Elegimos orbitar Ceres para que el asentamiento permanezca físicamente cerca del cuerpo fuente", expone Janhunen.

Según su planteamiento, cada nave cilíndrica que se mantendría en su lugar mediante potentes imanes, podría albergar más de 50.000 personas, soportar una atmósfera artificial y generar una gravedad similar a la de la Tierra a través de la fuerza centrífuga de su propia rotación, apunta el experto. Este asentamiento orbital también contaría con un par de espejos a cada lado de la megaestructura que recogerían la luz del Sol, que podrían ajustarse para recolectar la mayor cantidad de luz solar a medida que el planeta enano se mueve alrededor del Sol y cuya luz natural se emplearía para nutrir la vegetación a bordo, entre otras cosas.


"Los hábitats estarían iluminados por la luz solar natural. La luz del sol es recogida en el disco por dos espejos planos inclinados en un ángulo de 45 grados y concentrados a la intensidad deseada por espejos parabólicos", comenta el astrofísico.

Eso sí, para crear condiciones gravitacionales similares a la Tierra, estos satélites giratorios tendrían que orbitar Ceres en solo 66 segundos. La megaestructura actuaría como una estación espacial que gira para generar suficiente fuerza centrífuga como para imaginar un g, la gravedad de la Tierra.

 


Problemas

El mayor obstáculo al que nos podemos enfrentar, si tenemos en cuenta seriamente esta idea, es llegar allí. No está precisamente cerca: a más de 500 millones de kilómetros (una distancia comparable a la de Marte). Que sea el planeta enano más próximo a la Tierra no lo hace más sencillo. Pero lo que sí parece claro es que su baja gravedad, velocidad de rotación y abundancia de materias primas apuntan a que Ceres se convertirá en un punto de inflexión muy importante en nuestra futura expansión por todo el sistema solar y, según Janhunen, podría soportar hasta 10.000 veces la población actual de la Tierra.

Por ahora, miremos con esperanza la base lunar venidera.

 

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Referencia: Pekka Janhunen. Terraforming the dwarf planet: Interconnected and growable Ceres megasatellite world, arXiv:2011.07487v3 [physics.pop-ph] arxiv.org/abs/2011.07487

 

Sarah Romero

Sarah Romero

Fagocito ciencia ficción en todas sus formas. Fan incondicional de Daneel Olivaw y, cuando puedo, terraformo el planeta rojo o cazo cylons. Hasta que viva en Marte puedes localizarme por aquí.

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