Los cometas, ¿heraldos del infortunio?

No hay augurios celestes más perfectos que ciertos cuerpos errantes del Sistema Solar, los cometas. Su visión ha provocado pánico, derrotas en batallas y deificaciones de simples mortales.

 

El más famoso es, sin duda, el Halley, cuya primera aparición registrada en Occidente fue en 1066 y está asociada a Guillermo el conquistador. Así, el paso del Halley en abril de ese año fue para los cronistas de la época augurio de la derrota del último rey sajón, Harold II, en la batalla de Hastings ese octubre.

Un cometa también es el responsable de la primera deificación de un líder romano: Julio César. Asesinado en los idus de marzo del 44 a.C., tras una serie de escaramuzas políticas Octavio decidió organizar los juegos que había prometido Julio César para celebrar sus últimas victorias. Dedicados a Venus Genetrix, tuvieron lugar entre el 20 y 30 de julio de aquel año. El primer día de los juegos se vio en el cielo un cometa muy brillante hacia el norte; Octavio rápidamente aseguró que era el alma del conquistador de las Galias (Sidus Julium) llevada a los cielos. No hace falta decir que esto desató toda una campaña de deificación de César que culminó año y medio más tarde cuando el Senado declaró oficialmente que era dios.

Con el Sidus Julium como ejemplo, los romanos aprendieron que los cometas también portan desgracias para los emperadores: "cuando mueren los mendigos no llueven cometas; es la muerte de un príncipe la que encandila los cielos", dice Calpurnia a Julio César en la obra homónima de William Shakespeare. El cometa de 54 d.C. se asoció a la muerte de Claudio, aunque no fuera una muerte natural sino por envenenamiento de su esposa Agripina, que colocó a su hijo Nerón en el trono con 16 años. Cuando agosto de 60 un cometa apareció en el cielo de Roma Tácito escribió: “El pensamiento general es que un cometa significa cambio de emperador. La gente especula ya sobre su sucesor pues está segura que Nerón está efectivamente destronado”. El emperador lo tenía fácil: a su posible sucesor lo envió al exilio y allí lo mandó asesinar.

Séneca, que fue tutor de Nerón, escribió un tratado sobre los cometas destinado a aplacar la ira de su ex-alumno. En él se centraba en teorías físicas sin ninguna alusión a sus implicaciones divinas. Incluso argumentó que “su” cometa viajaba por el cielo en sentido contrario al de Julio César, luego nada tenía que temer. A estas alturas Nerón ya no se iba a creer el más mínimo argumento de su mentor. A finales de 64 volvió a aparecer otro cometa y Suetonio nos dice que su astrólogo, Balbillus, le comentó que los monarcas solían evitar las desgracias que portaban ejecutando a las figuras prominentes de la sociedad y así desviar la ira de los cielos. Ni corto no perezoso el emperador mandó ejecutar a la alta nobleza romana y obligó a Séneca a suicidarse.

Al otro lado del Atlántico las cosas tampoco han sido muy diferentes. Allí el imperio azteca dominaba gran parte de Centroamérica tras su expansión en 1427. Vivía un estado de guerra continuo que proporcionaba esclavos y sacrificios humanos; se estima que al año mataban ritualmente a 20.000 personas. Tenochtitlán era una de las mayores ciudades del mundo a principios de 1500: comercio, mercados perfectamente ordenados, jardines botánicos, zoológicos, grandes monumentos… Montezuma II ascendió al trono en 1502 y continuó con sus guerras sin fin para proporcionar sangre a sus sacerdotes.

Cometa
Cometa

En 1517 los crónicas hablan de la aparición de una “mazorca flamígera" a medianoche que se mantenía visible hasta la salida del Sol. Montezuma, que vio el cometa antes que sus adivinos, los mandó torturar hasta la muerte por su penosa falta de atención y, de paso, rapiñó sus casas y esclavizó a sus familias. Consultado Nezahualcóyotl, el rey-profeta de Tezcoco, le dijo que su visión auguraba la caída del imperio. Montezuma, aterrorizado, aumentó el número de sacrificios e hizo construir altares para aplacar a los dioses. Y por esas casualidades de la vida en 1519 - el año en el que la tradición azteca decía que iba a regresar su dios Quetzalcoatl a reclamar su tierra-, apareció Hernán Cortés con 508 soldados. Montezuma creyó que se trataba su dios, tal y como se lo había confirmado el cometa. Los presentes en forma de oro enviados por el azteca enfebrecieron a los españoles, que dirigieron sus pasos a Tenochtitlán, donde llegaron el 8 de noviembre de 1519. Agobiado por las profecías, Montezuma entregó su imperio sin la más mínima resistencia.

Occidente tampoco ha escapado a las ominosas profecías de los cometas, generando estallidos de pánico. Los casos más recientes han sido los de 1773, 1798, 1843 y 1857. Pero el más famoso fue el de 1910, con el regreso del siempre aciago Halley. Para echar más leña al fuego los astrónomos declararon que la cola del cometa iba a cubrir nuestro planeta y que en ella se había encontrado un terrible gas venenoso, el cianógeno. Esto hizo que los periódicos aparecieran con titulares como “las mujeres cierran puertas y ventanas para resguardarse del cianógeno”. Desde Francia hasta Haití, desde EE UU hasta Sudáfrica, en todo el mundo se construyeron habitaciones a prueba de gases. Suicidios, ataques de locura y de pánico, asesinatos, hasta la falsa historia del sacrificio de una virgen por una secta en Oklahoma… todo se atribuyó al cometa.

El astrofísico de la universidad de Yale Bradley E. Schaefer ha recopilado un catálogo de 35 cometas que fueron vistos como augurios por los romanos: solo 2 se vieron como presagios de algo bueno. En Suecia, los 90 avistamientos registrados han sido siempre precedentes de malas nuevas, una constante que demuestran los estudios etnográficos realizados por todo el mundo. Y por la estupidez humana hemos asistido a suicidios rituales como los de la secta Heaven’s Gate. ¿La razón? Subir a una nave espacial que iba –cómo no- en la cola de un cometa.

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

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