Lo que no sabías sobre la invención de la radio

Popularmente decimos que Marconi es el padre de la radio, pero en realidad no es así. No fue el único que la inventó y ni tan siquiera fue el primero.

 

Un día de 1888 un profesor de física alemán llamado Heinrich Hertz enseñaba a sus alumnos la confirmación experimental de las teorías de un colega escocés, James Clerk Maxwell, sobre el electromagnetismo. Maxwell, tras un soberbio esfuerzo de síntesis, había creado una teoría que describía bajo una única formulación todos los fenómenos eléctricos y magnéticos. Como consecuencia de la teoría Maxwell había predicho la existencia de unas ondas que se propagaban a la velocidad de la luz. Es más, la propia luz era una onda electromagnética.

Aquella mañana Hertz llevó a su clase un par de instrumentos diseñados y construidos por el mismo: un emisor y un receptor de ondas electromagnéticas. Puso cada uno en un esquina de la clase y, como había predicho el genio de Escocia, Hertz hizo saltar una chispa en el receptor al encender el emisor. Tras la demostración, uno de sus estudiantes le preguntó si eso tendría algún día un uso práctico. A lo que Hertz contestó: “De ninguna manera. Esto es simplemente un interesante experimento de laboratorio que prueba que Maxwell tiene razón. No veo ninguna aplicación para esta misteriosa e invisible energía electromagnética”.

Heinrich Hertz era un gran físico pero un pésimo profeta. Si no hubiera muerto en 1894, cuando contaba con sólo 36 años, se habría dado cuenta de su error. Porque justo al año siguiente otro joven italiano de 20 años, Guglielmo Marchese Marconi, utilizando el instrumento diseñado por Hertz, transmitía y recibía un mensaje en casa de su padre en Bologna. Comenzaba la era de la telegrafía sin hilos.

Al mismo tiempo que Marconi, Alexander Stepanovich Popov hacía lo propio en su laboratorio de San Petersburgo. Un día de mayo de 1895 Popov envió y recibió una señal a casi 600 metros de distancia, y en marzo de 1897 equipaba con un receptor de radio el crucero ruso Africa mientras instalaba otro similar en la costa, en Kronstadt. En 1900 se probó la necesidad de este tipo de instalaciones: el buque de guerra Almirante General Apraksin estaba atrapado en los hielos en el golfo de Finlandia. Gracias al sistema de radio de Popov el barco pudo contactar con las estaciones de las islas Hogland y Kutsalo a 45 km de distancia, que enviaron un mensaje al rompehielos Ermak.

Guglielmo Marchese Marconi
Guglielmo Marchese Marconi

Pero había un problema que resolver. Si sólo existiera un transmisor no habría problemas, pero cuando hay muchos el receptor capta las señales de todos ellos lo que hace imposible la comunicación. Marconi trabajó en este problema y en abril de 1900 obtuvo la histórica patente inglesa 7777 para su selector de frecuencia. De este modo diferentes transmisores emitirían en diferentes longitudes de onda y el receptor ajustaría el circuito selector para elegir unas u otras. Esto es, Marconi inventó el dial de nuestros aparatos de radio.

El 12 de diciembre de 1901 Guglielmo Marconi recibía un sencillo mensaje en las costas de Terranova: la letra S en el código morse. Lo importante no fue el mensaje en sí, sino que había sido emitido desde la otra orilla del Atlántico, desde Cornualles, en Inglaterra. Cuatro días después, el 16 de diciembre, la prensa mundial publicaba la hazaña de Marconi. Hasta entonces, los científicos creían que tal hecho era imposible: no se podía mandar un mensaje más allá del horizonte porque las señales se propagan en línea recta y se perderían en el espacio por a la curvatura de la Tierra. Que en realidad lo puedan hacer se debe a la capa de la atmósfera conocida como ionosfera, a unos 150 km de altitud. Esta capa la predijo Oliver Heaviside en 1902 pero su existencia no se confirmó hasta 1923.

¿Y la transmisión de la voz humana? Marconi empezó a trabajar en ello en 1913, pero un ingeniero y militar castellonense lo había conseguido hacía 11 años atrás, Julio Cervera. En 1898 y durante tres meses había estado trabajando en el laboratorio de Marconi. A su regreso a España se puso manos a la obra y el 31 de agosto de 1899 solicitó su primera patente en radiotelegrafía sin hilos. Cervera puso en marcha la segunda red permanente del mundo entre Tarifa y Ceuta (la primera la había instalado Marconi entre la isla de Wight y Bournemouth), e hizo la primera transmisión de voz en 1902: durante 40 días comunicó Jávea con Ibiza.

Mientras, al otro lado del Atlántico, el inventor y autoproclamado 'padre de la radio' Lee De Forest desarrollaba en 1906 la primera válvula de vacío industrialmente útil de la historia, inaugurando la era de la electrónica: lo llamó tríodo porque poseía tres conexiones, tres patas. Fue una invención capital que hizo posible la radio, la telefonía a larga distancia y la televisión.

En la Nochebuena de ese año un canadiense llamado Reginald Aubrey Fessenden emitió desde Brant Rock (Massachusetts, EE UU) el primer programa de radio del mundo: un par de canciones, la lectura de un poema y una felicitación navideña escrita por el propio Fessenden. La emisión la escucharon los operadores de radio de un barco que navegaba a varios centenares de kilómetros. Cuatro años más tarde, en 1910, se emitía el primer programa de radio diario desde la Charles Herrold School of Radio Broadcasting en San José, California.

Pero la historia ha dado a Marconi un crédito excesivo que el Tribunal Supremo de los EEUU decidió enmendar con su fallo del 21 de junio 1943. En una sentencia sin precedentes dictó que no era cierto que Marconi se hubiera adelantado a todos con sus patentes fundamentales de la telegrafía sin hilos. El caso estaba muy claro: la patente de Marconi del selector de frecuencias la presentó en abril de 1900. Pero alguien se le había adelantado, uno de los inventores más peculiares y mitificados de la historia, una hombre extravagante de casi 2 metros de altura, voz aguda y porte de cigüeña: Nikola Tesla. Su patente 645.576 sobre un dispositivo similar la presentó el 2 de septiembre de 1897 y fue aceptada el 20 de marzo de 1900. La justicia hacía, por fin, justicia.

La parte más triste de esta historia es que en vida Tesla se embarcó en una serie de disputas legales contra Marconi, que acabó perdiendo. Y la Academia de Ciencias sueca, haciendo caso omiso a la no pactada ley de que el descubridor es aquel que primero publica, concedió el Premio Nobel de Física a Marconi en 1909.

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

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