La Tierra existe gracias a Saturno

¿Sabías que la posición de los planetas de nuestro sistema solar no ha sido siempre la misma? Ahí es donde entran los dos gigantes de nuestro sistema solar: Saturno y Júpiter.

 

Nuestro sistema solar es un lugar bastante ordenado. Las órbitas de los planetas, Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, tienden a ser circulares y se encuentran en el mismo plano, a diferencia de las órbitas altamente excéntricas de muchos exoplanetas. Con lo lejos que están los gigantes gaseosos con respecto a la Tierra ( Saturno se encuentra a unos 1 300 000 000 kilómetros de distancia de la Tierra), todo parecería indicar que no afectarían demasiado a nuestro planeta.

Estaríamos errando en esta afirmación, ya que incluso con distancias tan colosales entre ellos, todos los planetas del sistema solar están conectados entre sí y Saturno es realmente importante para la Tierra. Es más, sin Júpiter y Saturno orbitando más allá de nuestro mundo azul, es posible que la vida no hubiera podido afianzarse en nuestro planeta, según han sugerido las simulaciones informáticas llevadas a cabo en el pasado para estudiar cómo el cambio de las órbitas de estos dos planetas gigantes podrían afectar a la Tierra.

 


La vida en la Tierra no habría sido posible sin Saturno

No es una sentencia baladí. Saturno y Júpiter ayudaron mucho a dar forma al sistema solar tal y como lo conocemos y si no existieran, la vida en nuestro planeta no habría sido posible en un principio.

Le debemos a Saturno contar con las temperaturas tan agradables con las que gozamos en la Tierra. Si la órbita del gigante gaseoso de los anillos hubiera sido ligeramente diferente, la órbita de la Tierra también podría haberse alargado mucho, como la de un cometa de período largo. La órbita de la Tierra es tan casi circular que su distancia al sol solo varía entre 147 y 152 millones de kilómetros (es apenas un 2%). La diferencia entre el punto más lejano y el más cercano es muy pequeña.

Y es que la gravedad de todos los planetas interactúa entre sí y afecta a sus órbitas, especialmente con los más grandes, como Saturno. Mover la órbita de Saturno un 10% más, por ejemplo, habría interrumpido esta órbita circular al crear una resonancia y provocando que la de nuestro planeta se estirase en decenas de millones de kilómetros, lo que habría provocado que la Tierra pasara parte del año fuera de la zona habitable, justo esa región donde las temperaturas son adecuadas para que se forme agua líquida (también conocida como zona de Ricitos de Oro). Es posible que la vida no hubiese sido capaz de soportar las condiciones cambiantes de temperatura durante un período tan largo de tiempo. Y los primeros organismos no habrían podido sobrevivir.

Y no, la zona de Ricitos de Oro no es un área muy amplia que digamos. Si moviéramos la Tierra solo un 5% más lejos del Sol, ya nos quedaríamos fuera de la zona habitable.

“En algún momento, la excentricidad de un planeta afecta su potencial para albergar vida, pero es difícil decir dónde está ese límite. Un planeta con una órbita entre la distancia de la Tierra al sol y la de Mercurio sería bastante diferente de la Tierra, dice, pero no creo que impida que se origine la vida”, explicó Rory Barnes de la Universidad de Washington (EE. UU.).

Si bien la circularidad de las órbitas de cada planeta fluctúa con el tiempo, una órbita muy alargada en un planeta posibilitarían que incluso este escapara de la gravedad del Sol. Si Saturno sufriera una inclinación de 20 grados de su órbita, podría acabar expulsando a Marte del sistema solar. Para la Tierra haría falta una inclinación un poco mayor: 30 grados. Pero su destino sería el mismo.

 


Una influencia 'en la sombra'

Estas fuerzas dominantes que representan Saturno y Júpiter entregaron parte del agua que ahora llena nuestros océanos. De hecho, es posible que incluso Júpiter hubiera jugado un papel crucial en la extinción de los dinosaurios relacionada con el asteroide que hace unos 65 millones de años, impactó en nuestro planeta en un evento que marcó el fin de la era de los dinosaurios y el comienzo del reinado de nuestros ancestros mamíferos. Sin Júpiter, los seres humanos podrían no existir.

Es increíble pensar que cambios tan pequeños en el sistema solar podrían haber cambiado nuestro mundo para siempre, y que nosotros, a día de hoy, no estaríamos aquí. Nuestro caso es atípico.

Referencia: Pilat-Lohinger, E. (2015). The role of dynamics on the habitability of an Earth-like planet. International Journal of Astrobiology, 14(2), 145-152. doi:10.1017/S1473550414000469


Planet-disk interaction and orbital evolution. W. Kley, R.P. Nelson. Annual Reviews of Astronomy and Astrophysics (2012) DOI: https://doi.org/10.48550/arXiv.1203.1184

 

Sarah Romero

Sarah Romero

Fagocito ciencia ficción en todas sus formas. Fan incondicional de Daneel Olivaw y, cuando puedo, terraformo el planeta rojo o cazo cylons. Hasta que viva en Marte puedes localizarme en Twitter: sarahromero_ y en ladymoon@gmail.com

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