La mejor forma de destruir un mito quizá sea no hablar de él

A veces, en aras de destruir un mito, hablamos tanto de él en los medios de comunicación que finalmente reforzamos y propagamos el propio mito.

Persoa con dudas
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Durante la pandemia COVID-19, muchos son los bulos y mitos que corren a través de largas cadenas de mensajes a través de las redes sociales. Los medios de comunicación, haciendo uso de su función informativa, tratan de derribar esos mitos explicando por qué son falsos.

El problema es que, a la hora de deslegitimar un mito cualquiera, también se está hablando de él, se está propagando, está llegando a más gente. Lo que podría estar alimentando el propio bulo.

Esto sucede con cualquier información falsa, fake news, pseudociencias o, incluso, prensa del corazón.

Contagiando la mentira

En un estudio de 2005 realizado por Ian Skurnik, Carolyn Yoon, Denise C. Park y Norbert Schwarz, publicado en Journal of Consumer Research, se puso en evidencia el poder de los bulos para propagarse aunque se hable mal de ellos.

En el estudio, los voluntarios tuvieron que leer diversas afirmaciones dudosas como que "el cartílago de tiburón es bueno para la artritis" (lo cual no está respaldado por la evidencia científica).

La mayoría de participantes supo detectar las noticias falsas o los bulos, sin embargo, días después, al realizarse un seguimiento de los voluntarios del estudio, se descubrió que muchos eran más propensos a repetir esas ideas falsas. Esto ocurría sobre todo en las personas más mayores, que tendieron a aceptar como verdadera una afirmación simplemente porque les resultaba más familiar.

Paralelamente, los esfuerzos por debatir asuntos que la ciencia ya ha dado por zanjados, como la selección natural en la evolución, o la seguridad de las vacunas, también puede suscitar dudas en las audiencias ya convencidas. Cuando se sitúa en igualdad de condiciones en una mesa de debate a un médico y un antivacunas, por ejemplo, se le está otorgando cierta legitimidad a los argumentos del antivacunas, aunque estén fundados en datos falsos.

A largo plazo, la repetición de los argumentos de los antivacunas pueden llegar a calar, por familiaridad, en la audiencia, que acaba por asumir como ciertos o, al menos, aceptables.

A nivel psicológico, la familiaridad facilita la fluidez, y el lado oscuro de la fluidez es que impele a suspender el juicio con mayor facilidad. Cuando se repite o repetimos constantemente una idea, la idea se torna más fluida, pensamos menos en ella.

El ejemplo paradigmático de este proceso son las frases hechas, los aforismos, los apotegmas y, sobre todo, las rimas (porque un mensaje en forma de rima es más fácil de recordar, así que resulta siempre más familiar). Automáticamente, al resultar tan ubicua, cualquiera de estas fórmulas se repite frente a cualquier situación, y se perpetúa generación tras generación. Como una vez dijo Göbbels: "una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad".

En cierto modo, es el mismo proceso que tiene lugar cuando un escritor debe evaluar su propio manuscrito, mil veces leído o repasado: le resulta tan familiar que parte de su habilidad para evaluarlo o encontrarle errores queda obstaculizado.

Es decir, que a veces también hay que evitar dar demasiada importancia a determinadas ideas erróneas desde un medio de comunicación, simplemente para no convertirlas en más populares, más familiares, más fluidas... y más ciertas.

Referencia: How Warnings about False Claims Become Recommendations, Ian Skurnik, Carolyn Yoon, Denise C. Park, Norbert Schwarz, Journal of Consumer Research, Volume 31, Issue 4, March 2005, Pages 713–724, https://doi.org/10.1086/426605.

Sergio Parra

Sergio Parra

Científico, letraherido, hiperestésico, idiota en el sentido ateniense de la palabra, aún sigo buscando la ballena blanca a sabiendas de que no existe.

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