La Estrella de la Muerte y los peligros que ni el Imperio ni los Rebeldes vieron venir

La Estrella de la Muerte puede parecer todo un prodigio tecnológico producto de las mentes más ingeniosas de la ingeniería, pero en realidad no lo pudieron hacer peor. Incluso a la hora de destruir planetas.

 

Alguien dijo una vez que quien piensa a lo grande se equivoca a lo grande, y Palpatine y Tarkin pagaron caro su error. En el caso de la primera Estrella de la Muerte (EM1) un 'fallo' de diseño permitió que Luke Skywalker la destruyera con unos simples torpedos de protones. Una estación de combate acorazada capaz de soportar el ataque combinado de cientos de destructores echa pedazos por un simple caza Ala-X. La batalla de Yavin se convierte, de este modo, en un peculiar homenaje a la leyenda bíblica de David contra Goliath. El resultado en ambos casos fue parecido: por un lado encumbró a David como rey de los judíos -entronando a toda su estirpe por añadidura- y a Luke Skywalker, un simple aprendiz de granjero de humedad de un apartado planeta del Borde Exterior, a general y gran líder de la rebelión contra el Imperio. La moraleja de todo este asunto es simple: si quieres ser grande, acaba tú solo con un malo grande. Como dijo el impagable Billy Crystal en la película Aquí mi gigante, “sin Goliat, David solo era un mierdecilla que tiraba piedras”.

Tal y como nos cuentan en Rogue One, EM1 pudo ser destruida porque el brillante ingeniero humano Galen Walton Erso diseñó -adrede- una forma de alcanzar el núcleo del reactor: a través de uno de los puertos de escape térmico situado en una de las trincheras de la estación. La pregunta del millón es cómo es posible que colara semejante gol al resto del equipo técnico porque, para empezar, la estación no necesitaba conductos de ventilación: sin aire no hay nada que hacer. En ausencia de materia la única forma de eliminar el calor sobrante es por radiación: todo cuerpo que tenga una cierta temperatura por encima del cero absoluto (-273 ºC) pierde energía emitiendo radiación infrarroja (el rango del espectro electromagnético en el que veía el extraterrestre en las películas Depredador). Luego el único mecanismo que tiene la EM1 para eliminar el calor sobrante generado es mediante radiación.

Y exactamente por eso que los ingenieros de Geonosis no estuvieron muy finos en el diseño de la Estrella de la Muerte: estéticamente bonita pero un desastre desde el punto de vista funcional. Porque si no queremos gastarnos un pastón en aire acondicionado, la esfera no es una buena opción. La razón es puramente geométrica: es la forma que ofrece menor área comparada con su volumen. Dicho de otro modo, dos estaciones espaciales con el mismo volumen, la que tenga mayor superficie eliminará el calor sobrante con más eficacia.

Pero el peor error de diseño se encuentra en algo que ni el gran Moffat ni ninguno de sus oficiales tuvieron en cuenta, el peligro que para ellos suponía el objetivo último de la estación: volar planetas por los aires, como hicieron con Alderaan. Los científicos imperiales se lo tendrían que haber dicho a Tarkin por activa y por pasiva: el mayor peligro al que se enfrenta la EM1 no es un ataque con superdestructores sino los restos del planeta que destruyan con su superláser. Obviamente los trozos grandes pueden ser destruidos con los turboláseres y las partículas de menos de 1 cm no son una gran amenaza contra su integridad: como mucho causa abrasiones superficiales y microagujeros. El problema son los que tienen entre 1 y 10 cm de tamaño que viajan a velocidades de 10 km/s, o lo que es lo mismo, 36.000 km/h: pueden causar un daño catastrófico. No son lo suficientemente grandes para ser vaporizados por los cañones de las torres de defensa (y ya vimos el poco valor que tuvieron contra los cazas rebeldes en la batalla de Yavin) por lo que la estación debería estar protegida contra impactos a hipervelocidad de partículas imposibles de seguir. Por eso nuestra EEI es la 'nave espacial' más blindada jamás mandada al espacio. Un blindaje que se diseñó especialmente para proteger componentes críticos, como las zonas habitables o los tanques de alta presión.

Por otro lado, que la Alianza Rebelde no se planteara el costo económico de destruirla tampoco dice mucho sobre la inteligencia de sus dirigentes. Aparentemente dominados por la componente militar, que únicamente busca la derrota del Imperio, no fueron capaces de estimar las implicaciones macroeconómicas de sus decisiones.

El profesor de la Universidad de Washington Zachary Feinstein publicó en diciembre de 2015 el artículo Es una trampa: la píldora envenenada del emperador Palpatine (El término 'píldora envenenada' hace referencia a una estrategia empresarial destinada a desalentar las adquisiciones hostiles). En él calculó las repercusiones económicas de la batalla de Endor, donde se destruyó la segunda Estrella de la Muerte (EM2). Las conclusiones fueron demoledoras y dejaron muy claro que Leia y sus correligionarios no tuvieron en consideración los problemas que deberían arrostrar después de la derrota del emperador. Según Feinstein la destrucción de la EM2 implicó que la Alianza debió preparar un rescate financiero de entre el 15 al 20% del Producto Galáctico Bruto para mitigar el colapso económico que supondría su destrucción. Quizá una mejor solución hubiera sido tomarla y controlarla, no destruirla.

Claro que existe otro pequeño detalle que demuestra que los rebeldes tampoco eran muy duchos en física básica: destruir la EM2 sobre la Luna Santuario de Endor habría conllevado la destrucción de la propia luna. En 1997 apareció un folleto titulado El Holocausto de Endor donde se hacía un análisis de lo que debería haber sucedido; algo totalmente diferente a los fuegos de artificio que vimos en la película.

En los hologramas que podemos ver en la nave Home One se muestra el tamaño relativo de la EM2 y la luna de Endor (que al estar protegida por el campo de fuerza debe encontrarse en órbita geosíncrona -o endorsíncrona-). De ahí se deduce que es alrededor de un 7% el de la luna: el diámetro es, pues, de unos 340 km.

Si la Estrella de la Muerte estalló pocos segundos después del ataque, la catástrofe llovida del cielo sobre las naves de la Alianza y el hogar de los Ewoks está asegurada. Primero tenemos la caída de material radiactivo procedente del núcleo del reactor por todo el hemisferio que tuviera a la EM2 en su cielo. Segundo, la lluvia de trozos de la propia EM2, ya fueran de tamaño minúsculo o grandes trozos de metal. Viajando a 350 000 km/h todas las naves en los alrededores habrían sido destruidas y la superficie de Endor, arrasada. Otros cálculos, menos conservadores, estiman que la velocidad de los restos debió ser de 1,2 millones de kilómetros por hora. Si la cantidad de acero invertida hasta ese momento en su construcción fue de 10 trillones de kilos, los fragmentos de la estación que cayeran sobre Endor habrían creado cráteres cuatro veces mayores que el de Chixculub, el que dejó el asteroide que causó la extinción de los dinosaurios.

 

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Astrofísico y doctor en física teórica. Miembro del Comité Editorial de Muy Interesante, es autor de catorce libros, más de 300 artículos y creador de una treintena de proyectos de divulgación científica. Es colaborador habitual en prensa, radio y televisión, y consultor para exposiciones temporales y museos.

Continúa leyendo