La clásica ilustración de evolución del mono al hombre es errónea

Hemos visto esta representación metafórica de la evolución humana en múltiples ocasiones. ¿Realmente venimos del mono?

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No. Se trata de una suposición equivocada. La famosa ilustración que tiene más de 150 años no ha hecho sino generar ideas erróneas acerca del origen de los seres humanos. Es uno de los dibujos más intrigantes y engañosos de la historia moderna de la ciencia. Lo explicamos.


La evolución explica cómo surgieron todos los seres vivos, incluidos nosotros, los humanos. Aunque es más sencillo asumir que la evolución funciona añadiendo continuamente características o mejoras a los organismos, aumentando constantemente su complejidad, como que algunos peces desarrollaron patas y caminaron hacia la tierra, la evolución es un proceso muchísimo más complejo, pues muchas ramas del árbol de la vida se han mantenido en su esencia más básica, como las bacterias, o incluso han reducido su complejidad, como los parásitos.

 


La evolución no sigue un camino recto

De hecho, un estudio reciente publicado en la revista Nature Ecology and Evolution, comparó los genomas completos de más de 100 organismos (en su mayoría animales), para estudiar cómo ha evolucionado el reino animal a nivel genético. Los resultados muestran que los orígenes de los principales grupos de animales, como el que comprende a los humanos, no están relacionados con la adición de nuevos genes, sino con pérdidas masivas de genes.


Si la evolución no sigue un sendero recto, predeterminado, ¿por qué hemos visto estas ilustraciones en museos y libros hasta la saciedad, dibujando una progresión lineal desde lo primitivo a lo moderno? Estas imágenes tergiversan cómo funciona realmente la evolución. Veamos de dónde procede este malentendido.

 

El origen del error

Se trata de un vestigio de antes de 1859, el año en que Charles Darwin publicó por primera vez su teoría científica de la evolución a través de la selección natural en “El origen de las especies”. Hasta entonces, la visión tradicional de cómo estaba organizado el mundo era a través de una especie de jerarquía hacia la perfección: todos los seres de la tierra, animados e inanimados, podrían organizarse de acuerdo con una escala creciente de perfección partiendo de los hongos, por ejemplo, en el escalafón más bajo, hasta llegar a los seres humanos en la parte superior.

En este punto de vista la naturaleza está organizada jerárquicamente. La organización va de lo simple a lo perfecto. Y, además, supone que no existen etapas intermedias entre los niveles de esta jerarquía.

El libro de Darwin contenía una sola ilustración: un diagrama de árbol que representaba la evolución como un proceso complejo caracterizado por eventos aleatorios, que es aproximadamente como los científicos ven la evolución hoy.

 


¿Y la imagen que todos conocemos?

La primera versión de la imagen clásica apareció en un libro de 1863 del anatomista comparativo inglés Thomas H. Huxley, y recordaba una tradición más antigua que presentaba la naturaleza como una "cadena del ser". Combinando aspectos de la nueva teoría científica con una forma de pensar apta para los victorianos de la época, sugirió una progresión lógica y uniforme que finalmente llegaba a la especie final de la evolución: el Homo sapiens.

Pero ya hemos aclarado que la evolución no funciona así, tal y como había dejado claro el propio Darwin. No tiene objetivo, no es regular, ni recta, deja muchas especies en el camino y no siempre conduce a una mayor complejidad. La vida, como tal, no es nada predecible. Y sigue evolucionando.

 


¿Por qué ha prevalecido esta imagen engañosa?

Aunque sea un fiasco a nivel científico, la imagen ha tenido un gran éxito entre el público, desde siempre. Si echamos un vistazo a las múltiples formas en las que se ha utilizado la imagen a lo largo del tiempo (ya sea como broma, como comentario, en forma de hecho científico...) ofrece una idea que evidencia el deseo de una sociedad que lucha por entender la evolución y qué significa ser humano.

 

Referencia: Guijarro-Clarke, C., Holland, P.W.H. & Paps, J. Widespread patterns of gene loss in the evolution of the animal kingdom. Nat Ecol Evol 4, 519–523 (2020). https://doi.org/10.1038/s41559-020-1129-2

Sarah Romero

Sarah Romero

Fagocito ciencia ficción en todas sus formas. Fan incondicional de Daneel Olivaw y, cuando puedo, terraformo el planeta rojo o cazo cylons. Hasta que viva en Marte puedes localizarme por aquí.

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