La charla excesiva sobre un problema empeora el problema

Si pasamos demasiado tiempo dando vueltas a un mismo asunto, aunque nos desahoguemos finalmente puede tener lugar un efecto contraproducente que empeore nuestras relaciones sociales.

Personas discutiendo
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Desahogarnos con los amigos a propósito de algún problema puede hacernos sentir mejor, porque es el equivalente emocional de liberar una válvula de presión, permitiendo que la energía negativa escape de nuestro sistema.

Sin embargo, el desahogo sin más puede ser contraproducente, sobre todo si es persistente, pues en vez de liberar la presión, podría acrecentarla. Esto sucede, sobre todo, cuando se abordan los mismos problemas una y otra vez y se discuten circularmente, sin hallarse una solución, lo que finalmente alimenta los sentimientos negativos.


Rumiación

Los psicólogos se refieren a este fenómeno como "rumiación", o charla constante y excesiva sobre un tema. Aparece cuando nuestro foco de atención se queda "enganchado" en un elemento real o imaginario que nos produce estrés y malestar. Por ejemplo, según un estudio de 2008, la rumiación aumenta los niveles de cortisol, una hormona del estrés, en el cuerpo.

La investigación sobre la rumiación empezó a ser particularmente amplia a partir de un estudio de 2002 publicado en la revista Child Development, en el que Amanda Rose, profesora de la Universidad de Missouri, estudió a 608 niñas y niños de tercer, quinto, séptimo y noveno grado. Rastreando sus amistades a través de cuestionarios, la autora descubrió que los amigos que pasaban mucho tiempo discutiendo sentimientos negativos informaban de patrones de pensamiento destructivos e incluso depresión.

Aunque los estudios sobre la rumiación se han centrado típicamente en los adolescentes, considerándolos como el segmento demográfico más susceptible de padecer sus efectos, estudios recientes sobre estudiantes universitarios y adultos han revelado patrones similares. Un estudio de 2011 incluso relacionó la rumiación con el consumo excesivo de alcohol en la universidad.

El intercambio emocional entre personas es saludable, como también lo es abordar un problema juntos. Sin embargo, la rumación es destructiva cuando se centra exclusivamente en las consecuencias potencialmente negativas de un problema en particular, a menudo prediciéndose una catástrofe futura que parece inevitable.

La reflexión conjunta, por otro lado, implica especular sobre elementos específicos de un problema para obtener una mayor comprensión de la situación. Utilizando la información obtenida de este proceso, las personas intentan buscar una solución o evitar que ocurra un evento negativo en el futuro. En la reflexión conjunta, las personas abordan sus problemas asumiendo que pueden hacer algo al respecto.

Además, los amigos que se centran en esta clase de reflexión conjunta acostumbran a mantener relaciones cercanas y una alta calidad en su amistad, mientras que aquellos que tienden a la rumiación destructiva son más propensos a conflictos en su relación.

Una forma de evitar este segundo escenario consiste en advertir que se ha llegado a una especie de círculo vicioso tóxico y que entonces ha llegado el momento de detener el diálogo. En lugar de seguir hablándolo, entonces resultará más fructífero salir al cine, visitar un museo o realizar juntos cualquier otra actividad recreativa.

Es decir, que abordar problemas con los demás resulta eficaz cuando las conversaciones se enfocan para analizar dichos problemas con la intención de resolverlos. El desahogo es bueno hasta cierto punto. Pero si la inercia propicia que se hable del problema para enfatizarlo o recrearse en él, entonces, en aras de mantener una relación estrecha a nivel interpersonal, lo mejor es cambiar de tema o hacer otra cosa.

Sergio Parra

Sergio Parra

Científico, letraherido, hiperestésico, idiota en el sentido ateniense de la palabra, aún sigo buscando la ballena blanca a sabiendas de que no existe.

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