¿Cómo debería ser la inmunización frente al SARS-CoV-2?

Las nuevas vacunas deberían incluir al menos dos antígenos S, el procedente de la variante ómicron que hoy en día se ha impuesto en más del 90 % de las infecciones actuales, y el procedente de la proteína S de, al menos, la variante delta, que protegería frente a la mayoría de las variantes anteriores, para evitar una reemergencia de las mismas.

A lo largo de la historia han emergido varias pandemias causadas por virus. Recordaremos tres de ellas. La primera se produjo por el virus de la viruela que pertenece a la familia de los poxvirus. Este virus surgió en las personas entre 1000 o 10 000 años a. C. y posiblemente se originó en la India o en Egipto. Posteriormente, causó sucesivas epidemias que devastaron a la humanidad. Los datos más antiguos de la enfermedad se observaron en la momia del faraón egipcio Ramsés V, que murió en el año 1157 a.C. Afortunadamente, este virus ha sido el primero erradicado del mundo (año 1980) mediante la vacunación. Una variante es el poxvirus de los monos que reaparece esporádicamente en la selva tropical de la República Democrática del Congo. Además, varias reemergencias del virus se han detectado en diez países africanos y en Estados Unidos, y en el año 2017, Nigeria sufrió el mayor brote documentado. La vacuna frente al virus de la viruela humana también induce protección frente al virus de los monos.

Vacunas COVID-19
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Los otros dos virus que han dado lugar a pandemias importantes son el de la gripe que emergió en el año 1918, causando la muerte a unos cuarenta millones de personas, y el coronavirus del síndrome respiratorio agudo ( SARS-CoV-2) que emergió en el año 2019, en la ciudad china de Wuhan, causando la enfermedad denominada COVID-19 e infectando a más de 500 millones de personas y causando la muerte de al menos seis millones. Ambos virus tienen un genoma RNA, que se asocia a una enorme variabilidad genética y antigénica, son respiratorios, causan una mortalidad de entorno al 2 % y se transmiten por el aire y también por contacto directo. Sin embargo, los poxvirus tienen un genoma DNA, dando lugar a virus estables antigénicamente, lo que ha facilitado la generación de una vacuna muy eficaz.

Para los dos virus respiratorios se han desarrollado vacunas efectivas. Sin embargo, para una protección elevada estos virus requieren la inmunización de las mucosas respiratorias, su principal vía de entrada en nuestro organismo. De este requerimiento surge una enorme diferencia con el virus de la viruela, frente al que se protege con una inmunidad sistémica, que protege los órganos internos. La inmunidad sistémica y la respiratoria se inducen por distintos mecanismos. Mientras que la primera, se desarrolla eficazmente con una administración intramuscular del antígeno y dura más de sesenta años, la inmunidad en mucosas requiere que el antígeno se administra en las propias mucosas, y dura menos de tres años. Estas diferencias han facilitado la erradicación de la viruela humana en el mundo, mientras que el virus de la gripe y los coronavirus son virus de reaparición estacional y las vacunas reducen su eficacia, lo que implica actualizar la vacuna cada año. Sin embargo, los científicos se han encontrado con un problema adicional cuando han desarrollado vacunas para las últimas cepas que nos han llegado del SARS-CoV-2.

Este virus, después de su emergencia en humanos, dio lugar a la aparición de las variantes α, β, γ, δ, y, más recientemente, la ómicron. Los fabricantes de vacunas han observado que las vacunas basadas en la proteína S de las espículas procedentes de las estirpes virales anteriores a ómicron, dan una respuesta inmune que protege frente a todas las variantes anteriores y también la ómicron. Sin embargo, la inmunización con la proteína S de este virus protege eficazmente frente al mismo, pero no frente a las variantes anteriores. Esta observación, sugiere que las nuevas vacunas deberían incluir al menos dos antígenos S, el procedente de la variante ómicron que hoy en día se ha impuesto en más del 90 % de las infecciones actuales, y la procedente de la proteína S de, al menos, la variante δ, que protegería frente a la mayoría de las variantes anteriores, para evitar una reemergencia de las mismas.

 

Luis Enjuanes es director del Laboratorio de Coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología (CSIC).

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