El inexorable impacto de meteoritos contra la Tierra

Desde que la Tierra existe han caído sobre ella millones y millones de meteoritos. Y la lluvia no para.

meteorito
iStock


Es imposible calcularlo con exactitud, pero los modelos informáticos estiman que en la actualidad se producen unos 17 000 impactos anuales. Si sumamos el peso de todo este material extraterrestre, nos sale que el planeta recibe anualmente unas 40 000 toneladas de material meteórico. Para nuestra suerte, la inmensa mayoría de este es de muy pequeño tamaño –meros granos de polvo– y rara vez nos acierta una roca de cierto volumen: la última considerable explotó a unos 15 kilómetros de altura sobre los montes Urales (Rusia) el 15 de febrero de 2013, y su onda expansiva causó alrededor de un millar de heridos. El objeto medía unos 17 metros de ancho y su masa se encontraba entre las 7000 y las 10 000 toneladas.

El apocalipsis venido del espacio

Poca cosa comparado con el meteorito que desencadenó el final de los dinosaurios hace 66 millones de años: de entre diez y doce kilómetros de diámetro, su choque con lo que hoy es el golfo de México y la península del Yucatán liberó una energía equivalente a la de 10 000 millones de bombas como la de Hiroshima, generó un tsunami descomunal y envió a la atmósfera enormes cantidades de sulfuros y dióxido de carbono.

La energía, el calor y la velocidad de aquellaroca del fin del mundo causaron una explosión difícil de imaginar. La secuencia catastrófica empezó con la enorme temperatura que adquirió el meteorito por su fricción con la atmósfera, más de 3000 ºC. Con el impacto, toda esa energía térmica y cinética se transfirió al terreno, lo que incrementó la temperatura en unos centenares de grados centígrados. La onda expansiva del choque se desplazó a gran velocidad por tierra y aire. El calor fue tal que los líquidos entraron en ebullición y la tierra se vaporizó.

De inmediato surgieron incendios a una escala nunca vista, tsunamis y una enorme nube de gas, polvo y gotitas de ácido sulfúrico que se calcula que se mantuvo en la atmósfera unos tres años y sumió a la Tierra en un largo y frío invierno. Con el bloqueo de la entrada de la radiación solar, la temperatura media anual del aire descendió al menos 26 ºC. Sin sol para hacer la fotosíntesis, las plantas fueron las primeras en desaparecer, y la cadena trófica quedó tocada de muerte.

No toda la vida acabó: la nueva realidad permitió que pequeños mamíferos progresaran y evolucionaran, y que millones de años después un 'mono' desnudo simulara en su laboratorio aquella catástrofe ayudado de harina, cacao y una bola pesada. Sin provocar ninguna extinción, conseguimos un buen cráter de impacto y una onda expansiva que levantó mucho polvo blanco que costó horas limpiar.

Vídeo de la semana

Continúa leyendo