¿Hemos encontrado vida en Marte y no nos hemos enterado?

En 1977 los responsables del programa Viking de exploración de Marte concluyeron que los análisis biológicos del suelo y la atmósfera demostraban que no había ni rastro de vida en Marte. ¿Y si se equivocaron?

 

En mayo de 1977 se dio por concluido el mayor experimento astrobiológico de la historia, aún hoy todavía no superado: buscar indicios, por pequeños que fueran, de actividad biológica en la árida superficie del planeta rojo. Fue realizado por las dos naves gemelas Viking, que aterrizaron en lugares separados 5 000 km en la superficie marciana. Ambas naves llevaban un grupo de experimentos específicos, elegidos de entre 150 propuestas: por un lado, un análisis del suelo a través de un experimento químico y tres experimentos biológicos, y completado por otro destinado a analizar la atmósfera en busca de gases de origen biológico en cantidades significativas.

Los experimentos astrobiológicos

El químico era el GCMS (Gas Chromatograph-Mass Spectrometer) -cien veces más preciso que los biológicos- y tenía que encontrar compuestos orgánicos en las muestras tomadas por ambas sondas: no detectó nada. Por su parte, los tres experimentos biológicos dieron resultados ambiguos: parecía que podía haber “algo” en su superficie. En el primero (PR, pyrolitic release) se inyectó anhídrido carbónico y monóxido de carbono a muestras del suelo marciano para ver si los microorganismos podrían convertir estos gases en sustancia orgánica mediante algún tipo de fotosíntesis. Ésta fue detectada, pero en pequeñísimas cantidades y no siguió un curso exponencial, clásico de los organismos vivos. En el segundo (LR, labeled release) se usó un nutriente compuesto por 7 moléculas y marcado con carbono radiactivo, para descubrir si se producía algo parecido a la respiración o fermentación. Se originó anhídrido carbónico, pero tampoco fue exponencial y cesó a las pocas horas. Y en el tercero (GEX, gas exchange)  se buscó vida desde dos supuestos distintos: el primero, comprobar si se estimulaba de algún modo el metabolismo añadiendo unas pocas gotitas de agua; el segundo, si sucedía algo similar pero usando un nutriente con 19 compuestos orgánicos que los científicos habían bautizado con el nombre de 'sopa de pollo'. En ambos casos se analizaron los gases en busca de oxígeno, anhídrido carbónico, metano y nitrógeno. Se formó oxígeno, nitrógeno, muy poco anhídrido carbónico y nada del resto.

Démonos cuenta que los tres experimentos biológicos representaban una aproximación diferente al problema de la vida: el LR se desarrolló a partir de un proyecto de investigación destinado a detectar contaminantes bacterianos en las conducciones de agua de las ciudades; el GEX buscaba los subproductos de algún tipo de acción metabólica  y finalmente el PR partía del supuesto de que algún microorganismo podría haber desarrollado la capacidad de asimilar CO o CO2 para convertirlos en materia orgánica. Este último era el que menos suposiciones previas hacía sobre el tipo de vida que podría encontrarse en Marte, con excepción de que debía estar basada en el carbono. Todos ellos representaban la aplicación práctica de lo que se sabía de la vida en aquel momento. Con los resultados de los experimentos en la mano, la conclusión oficial de la NASA fue que Marte no rebosaba de esa vida que siempre habíamos imaginado.

¿Y si se encontró vida?

Sin embargo con el tiempo se han ido levantando voces discordantes. En 2016 el que fuera responsable del experimento LR, Gilbert Levin, publicaba en combinación con la bióloga Patricia Ann Straat un artículo en la revista Astrobiology donde defendía que las pruebas experimentales de las Viking apuntan a que sobre la superficie del planeta rojo existen microorganismos que han sido capaces de sobrevivir en las duras condiciones del medioambiente marciano. Para ambos investigadores, que forman parte de un reducido grupo de científicos que no están de acuerdo con las conclusiones a las que llegó la NASA en 1978, Marte es un planeta con vida.

Y es que Marte no había puesto las cosas fáciles y los científicos de las descubrieron que la solución no era blanca o negra sino que había toda una gama de grises. Los informes preliminares que se publicaron en octubre de 1976 señalaban que dos de los experimentos biológicos daban “presumiblemente resultados positivos” y en el tercero se ponía de manifiesto algún tipo de proceso oxidativo. ¿Estábamos ante las primeras pruebas de que había vida en Marte? Ciertamente hubiera sido así pero había un problema insuperable: el análisis químico del suelo no encontraba moléculas orgánicas en cantidades superiores a tres partes por mil millones, un resultado que acabaría siendo considerado como “el descubrimiento más sorprendente de toda la misión”.

Día tras día los investigadores recibían datos que les dejaban pasmados. Solo una cosa tenían clara: “Los tres experimentos indican que la superficie marciana es química y bioquímicamente activa”. En esencia lo que estaban afirmando sin decirlo claramente es que parecía como si hubiera algo vivo allá arriba, pero cuantos más datos obtenían menos concluyentes eran los resultados: si había microorganismos marcianos, estaban jugando al gato y al ratón con ellos. Diez semanas más tarde, en las revistas Science y Nature, los científicos responsables de cada uno de los experimentos desvelaban más en detalle los resultados de sus análisis: con ellos en la mano “no se podía llegar a ninguna conclusión sobre la existencia de vida en Marte”.

Tras 8 meses y medio y 26 experimentos llegaron las primeras conclusiones firmes: PR había dado resultados positivos, los de LR eran ambiguos y el GEX no mostró pruebas de actividad biológica. La confusión era tal que los tres investigadores responsables, Gilbert Levin (LR), Norman Horowitz (PR) y Vance Oyama (GEX) no alcanzaron un consenso absoluto: mientras que Horowitz, el creador del único experimento que dio resultados positivos, afirmó que “podían interpretarse como no-biológicos”, Levin no dejó de defender que la interpretación biológica era la más que plausible. Al final el proverbial conservadurismo científico se impuso en contra de la opinión de Levin, que hasta su muerte en 2021 siguió afirmando que los resultados del LR demostraron la existencia de vida en Marte.

Quizá lo más sensato hubiese sido decir que no podía llegarse a una conclusión definitiva, ¿pero cómo explicar a la opinión pública que tras gastar casi 1 000 millones de dólares en buscar vida en Marte todavía no lo tenían claro? Y eso teniendo en cuenta que antes del lanzamiento los científicos de la NASA habían llegado a un acuerdo: un resultado positivo en cualquiera de los tres experimentos significaría que se había encontrado vida. Visto lo visto, lo que les faltó definir con precisión era lo que entendían como “resultado positivo”.

Así que al final Harold Klein, el jefe de los experimentos biológicos de las Viking, anunció al mundo que Marte era un planeta sin vida. Y pidió a Levin, que no estaba de acuerdo, que se mantuviera callado. Por contra, el director de misión Jim Martin, le espetó: “¡Maldita sea, Gil! ¿Por qué no te levantas y dices que has detectado vida?”

 

Referencias:

Levin G V, Straat P A. (2016) The Case for Extant Life on Mars and Its Possible Detection by the Viking Labeled Release Experiment, Astrobiology, 16(10):798-810, doi: 10.1089/ast.2015.1464.

Chambers, P (1999). Life on Mars; The Complete Story. Blandford

 

 

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Astrofísico y doctor en física teórica. Miembro del Comité Editorial de Muy Interesante, es autor de catorce libros, más de 300 artículos y creador de una treintena de proyectos de divulgación científica. Es colaborador habitual en prensa, radio y televisión, y consultor para exposiciones temporales y museos.

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