¿Hay fósiles que curan?

Durante mucho tiempo se creyó que los huesos fósiles de vertebrados tenían propiedades mágicas y curativas. Desde China a Malta, se han usado para problemas de corazón, riñones o hígado además de defensa contra el envenenamiento.

Puede parecer increíble, pero hasta bien entrado el siglo XX en algunos lugares se creía que los huesos fósiles de los vertebrados tenían propiedades curativas. Por ejemplo, en Chipre los lugareños creían que los huesos fósiles de hipopótamos enanos habían pertenecido en realidad a San Fanorio y, como todo santo que se precie, tenían propiedades medicinales. Claro que no las usaban para ningún tipo de plegaria o para llevarlos colgando en un saquito. Los chipriotas trituraban los fósiles, disolvían el polvillo resultante en agua y se lo bebían. Según la sabiduría popular, esta pócima tenía la capacidad de curar diversas enfermedades. Al igual que los chinos, que también atribuían extraordinarios poderes curativos a los huesos fosilizados aunque esta vez la tradición decían que procedían de dragones.

Aunque se parezcan en su aspecto exterior, el  dragón chino es muy diferente al dragón europeo. En China es una animal celestial y bondadoso pero, como su primo europeo, resulta terrible cuando se enfada. Para los chinos el dragón, símbolo del emperador, vive en las nubes y es el portador de la lluvia. Su año, el Año del Dragón, que es una vez cada 12 años, es particularmente fausto.

Los “dientes de dragón” (long chi) y los “huesos de dragón” (long gu) formaron durante mucho tiempo parte de la farmacopea tradicional china y todavía se pueden encontrar en sus farmacias. Resulta irónico. A veces podemos escuchar a algunos médicos ‘alternativos’ cantar alabanzas de la medicina tradicional china, con miles de años de práctica -dicen-, como contrapunto a la medicina occidental. Supongo que no se referirán a bebedizos de huesos fósiles…

Según la sabiduría médica china, podemos encontrar sus dientes y huesos en el suelo debido a que ha sido incapaz de subir al cielo por falta de nubes. Si los recogemos con presteza podemos usarlos para curar un gran número de enfermedades. Los huesos, por ejemplo, sirven para los problemas de corazón, riñones, intestinos e hígado, se recetan para tratar desde el estreñimiento hasta las pesadillas, pasando por la epilepsia y se toman fritos en grasa, cocinados en alcohol de arroz o crudos -¿te imaginas comer una piedra a palo seco?-  En fin. Cosas de la medicina china…

Glosopétreas o lenguas petrificadas

En la isla de Malta es bastante fácil encontrar dientes de tiburones petrificados, conocidas en la antigüedad como glosopétreas o lenguas petrificadas. El origen de este nombre se encuentra en una leyenda relacionada con el apóstol Pablo que, al desembarcar en la costa de Malta fue mordido por una víbora. Encolerizado, maldijo a las serpientes maltesas por lo que sus lenguas bífidas se convirtieron en piedra. Las glosopétreas ya eran conocidas de mucho antes, por las gentes de la edad de bronce, que las recolectaban y usaban para hacer incisiones en las cazuelas de barro con fines decorativos. Debido al origen que se les atribuía, a las glosopétreas se les supusieron propiedades mágicas. Por lo que eran, lenguas de serpiente, se veía en ellas un amuleto que protegía contra ponzoñas y venenos. 

Y de talismán, en la Edad Media pasaron a ser capaces de neutralizar los venenos. Para protegerse uno de sus efectos sólo tenía que mojar la glosopétrea en el brebaje sospechoso. Su uso fue tan extendido que se fabricaron hasta bien entrado el siglo XVIII los llamados lenguarios, unos bolsos en forma de árbol donde se colgaban las glosopétreas. Así siempre se tenían a mano. Teniendo en cuenta la extendida costumbre de eliminar enemigos envenenándolos, las glosopétreas eran muy codiciadas. Aunque a veces me pregunto lo que se reirían los Borgia y sus imitadores de los pobres ilusos que, a pesar de usarlas, acababan criando malvas. 

Claro que no todo el mundo creía en la leyenda de las lenguas de san Pablo. Otra creencia, más pintoresca, es la que ofreció el naturalista romano Plinio el Viejo. En su Historia Natural las encontraban más bien parecidas a la lengua humana. Pensaba que caían del cielo durante los eclipses de Luna y contaba que los magos las creían muy útiles en las empresas amorosas. También se las equiparó con los instrumentos de piedra prehistóricos o ceraunos porque solían aparecer en el mismo sitio. Hasta el siglo XVI no se supo cuál era la verdadera naturaleza de los ceraunos y durante mucho tiempo fueron considerados como “piedras del rayo”, que caían del cielo durante las tormentas. Esto se creía así por un motivo que en nada tiene que ver con lluvia de piedras: durante las tormentas, sobre todo si son intensas, pueden quedar al descubierto muchos yacimientos fósiles debido al efecto de lavado del suelo.

Referencias:

Vitaliano, D. (1986) Leyendas de la Tierra, Salvat

Buffetaut, É. 1993) Fósiles y hombres, RBA

También te puede interesar:
Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Astrofísico y doctor en física teórica. Miembro del Comité Editorial de Muy Interesante, es autor de catorce libros, más de 300 artículos y creador de una treintena de proyectos de divulgación científica. Es colaborador habitual en prensa, radio y televisión, y consultor para exposiciones temporales y museos.

Continúa leyendo