Hágase millonario siendo científico

Los científicos también pueden hacerse millonarios si ganan alguno de los suculentos premios que se convocan para ellos por todo el mundo. Eso sí, si quieres ser uno de ellos tendrás que escoger bien tu especialidad; aquí te contamos cuáles son las que te pueden hacer millonario.

 

La imagen que tenemos de los científicos es la de unos tipos más o menos agradables, dedicados en cuerpo y alma a su trabajo y a los que les cuesta llegar a fin de mes. Eso si son los buenos de la película. Si son los malos, como los de las películas de Marvel, parecen tener más recursos económicos que las 100 mayores fortunas del mundo según Forbes. Pero, claro, eso es normal: destruir el mundo no es algo que salga barato.

Con todo, la idea de que un científico está más allá de bagatelas económicas, que su pasión por el conocimiento absorbe todo su ser, es algo que pensamos la mayoría de nosotros. En ningún caso nos imaginamos a un físico que prefiera un Aston Martin a pasar a la historia como el creador de una teoría revolucionaria. Y puede que sea así, pero tampoco le va a hacer un asco al coche de James Bond.

La realidad nos demuestra que los científicos suelen tener tanto gusto por el dinero como el que más. Si no, que se lo pregunten a James Watson, el codescubridor de la estructura del ADN. Watson, que la vendió en 2014, sacó 4,1 millones de dólares. Watson declaró que la vendía porque sus ingresos habían mermado significativamente al perder su puesto de director del Laboratorio de Cold Spring Harbor y de consejero en diversas compañías biotecnológicas. Al parecer, el premio Nobel es incapaz de vivir sólo con su sueldo de profesor universitario. ¿Pero saben qué es lo más llamativo de todo este asunto? Que las únicas personas que han vendido en vida su medalla del Nobel han sido... científicos.

Y es que algunos, sobre todo los de la rama biomédica, han amasado considerables fortunas, ya sea con sus patentes o por contratos millonarios con potentes compañías. Tanto es así que en 2007 cerca del 40% de los investigadores de los Institutos Nacionales de la Salud estaban buscando otro trabajo para evitar las nuevas reglas éticas dictadas por la dirección de esta agencia. Éstas nada tenían que ver con dilemas morales: simplemente les habían prohibido asesorar a empresas biotecnológicas y, por ende, ganar un jugoso sobresueldo.

¿Quieres ser millonario?

Otra forma de convertirse en millonario es ganar un premio. Y no el Nobel sino, por ejemplo, el creado en 2012 por cuatro matrimonios multimillonarios provenientes del mundo de internet: el Breakthrough Prize. Este premio se le ocurrió al físico ruso e inversor Yuri Milner, que consiguió que cada año estos archirricos aporten 7 millones de dólares cada uno para financiar el premio.

Por definirlo en pocas palabras, es el premio que convierte en millonarios a los científicos: 3 millones de dólares por cabeza. Ya es dinero porque el primer año que se entregó el premio en ciencias de la vida, 2013, hubo 11 ganadores; los mismos que en el año anterior había habido en el de física. ¡Lo que daría cualquier centro de investigación porque le llovieran del cielo 33 millones de dólares!

Claro que los Breakthrough tiene sus querencias. Hay que decirlo claramente: los físicos teóricos y los de partículas son los que se llevan los premios, mientras que los pobres geofísicos pueden esperar sentados a que algún día se reconozca la excelencia de su labor con una lluvia de millones. En el caso de ciencias de la vida, ecólogos, biólogos evolutivos, botánicos, ornitólogos, entomólogos y demás “bicheros” también pueden olvidarse: como no seas neurocientífico, biólogo molecular o genetista no tienes ninguna opción.

Una de las cuestiones más polémicas es que, al final, se acaba premiando siempre a los mismos: el ganador de un Nobel es muy probable que haya triunfado antes con otros premios de menor cuantía económica. Al final todo acaba pareciendo un torneo para ver quién acapara más distinciones por su trabajo. Un ejemplo lo tenemos en el físico de teoría de cuerdas hindú Sirahz Minwalla, que con 43 años había ganado el New Horizons, los dos de su país y el premio del International Center for Theoretical Physics destinado a jóvenes físicos y matemáticos de los países en vías de desarrollo. En total, la nada despreciable cantidad de unos 180 000 euros en 4 años.

Money, money, money

Los investigadores ya asentados juegan en otra liga. Por ejemplo, el físico argentino Juan Maldacena, uno de los grandes popes de la teoría de cuerdas, desde 1998 hasta ahora ha ganado 4,5 millones de dólares en premios. En el caso de las ciencias de la vida las cosas se pueden poner muy apetecibles: la bioquímica Jennifer Douda ganó en dos años 3,8 millones de dólares. El problema es que hay disciplinas que son más millonarias que otras: El francés Xavier Le Pinchon, uno de los creadores de la tectónica de placas, la teoría central de la geofísica moderna, ha recibido a lo largo de toda su carrera (y nació en 1937) 990 000 $. La física teórica te hace millonario; la geofísica, no.

Entre los premios más peculiares a los que pueden optar los científicos, y que de hecho han ganado en ocasiones, como el físico teórico Paul Davies o el biólogo español Francisco José Ayala, es el Templeton, de la fundación que lleva su mismo nombre. Convocado desde 1972 pretende agasajar a todos aquellos que contribuyen de manera significativa a “afirmar la dimensión espiritual de la vida”. Claro que el premio en sí es poco espiritual: 1.2 millones de libras esterlinas (1.65 millones de euros), el segundo de mayor importe tras los Breakthrough Prizes.

Ante tal despliegue de millones muy pocos se atreven a disparar contra la línea de flotación de los premios. Los escasos críticos dicen que lo que se está consiguiendo es reforzar la idea obsoleta de que el desarrollo científico pasa por genios solitarios que tienen una idea brillante. Pero el último de ese tipo fue Albert Einstein. Hoy la ciencia es labor de equipos, no de figuras relumbrantes. Así cuando le dieron el premio Nobel de Física a John Mather y George Smoot por sus trabajos sobre la radiación de fondo proveniente de la Gran Explosión no es que ellos fueran los únicos involucrados. En realidad eran los dos investigadores principales de un equipo de casi una veintena de personas. Y es que, en ciencia, el jefe también es el que se lleva las medallas.

Miguel Ángel Sabadell

Miguel Ángel Sabadell

Me licencié en astrofísica pero ahora me dedico a contar cuentos. Eso sí, he sustituido los dragones y caballeros por microorganismos, estrellas y científicos de bata blanca.

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