Gigantopithecus: el auténtico King Kong

En 1935 se hallaron los restos fósiles del simio más grande del mundo

 

El 7 de marzo de 1933 se estrenó en el teatro Radio City Music Hall de Nueva York la película “King Kong”. Merian C. Cooper y Edgar Wallace escribieron el guion sobre un simio gigante hallado en una isla perdida que se ha mantenido intacta y en la que siguen viviendo especies prehistóricas. La cinta pasó a la historia del cine por sus efectos especiales pioneros, el uso de máquinas para recrear al monstruo y una trama que reconstruía el cuento tradicional de la Bella y la Bestia. El éxito cosechado por King Kong lo ha convertido en uno de los monstruos más famosos, icono de la cultura popular y uno de los personajes más reutilizados en películas, series, libros, juegos y cómics.

En 1935, dos años después del estreno de la película, el paleontólogo Ralph von Koenigswald encontró restos fósiles de un simio gigante. El monstruo legendario pasó de la ficción en la pantalla a la realidad palpable en la mano de un científico.

Fósiles en una farmacia

El primer hallazgo de restos fósiles pertenecientes a Gigantopithecus se dio en una farmacia. La medicina tradicional de China utiliza fósiles como objetos mágicos con cualidades curativas. El paleontólogo alemán Ralph von Koenigswald entró en una farmacia de Hong Kong para echar un vistazo a las piezas fósiles que se vendían. Entre aquellos “dientes de dragón” ofrecidos por el farmacéutico chino, Koenigswald encontró una pieza dental llamativa. Se trataba de un molar de gran tamaño. Perteneció a un primate, pero a una especie desconocida. Koenigswald pasó unos años buscando más evidencias similares. Encontró tres dientes más y pudo establecer la existencia de un simio extinto, el primate de mayor tamaño que conozcamos hasta la fecha: lo nombró Gigantopithecus blacki, que significa “mono gigante”, y la especie en recuerdo a su amigo Davidson Black.

El inicio de la Segunda Guerra Mundial detuvo cualquier intento de investigación de Koenigswald. Fue hecho prisionero por los japoneses y se cuenta que los dientes de Gigatopithecus fueron enterrados en el patio de la casa de un amigo en la isla de Java.

¿Era un mono o un humano gigante?

Durante la guerra, el paleoantropólogo Franz Weidenreich pudo escapar de Beijing con modelos en yeso de los cuatro dientes encontrados por Koenigswald. En el Museo Americano de Historia Natural, en Nueva York, Weidenreich se dedicó a estudiar los restos y compararlos con los fósiles de Homo erectus hallados en Java. Weidenreich vio mucho parecido entre los dientes de ambas especies, así que se aventuró a defender que la evolución humana pudo tener algún período de gigantismo, tal y como se han dado en otras especies animales. Argumentó que los humanos modernos serían descendientes de menor tamaño de Gigantopithecus, erróneamente considerado como un mono por parte de Koenigswald.

El hallazgo de más restos y nuevos enfoques acabaron por quitar la razón a la teoría de Weidenreich.

¿Cómo era Gigantopithecus?

A pesar del interés que pueda despertar el mayor simio que haya pisado nuestro planeta, apenas conocemos nada de este género. Los restos fósiles se limitan a dientes y mandíbulas, lo cual dificulta el estudio y hace que la información sobre Gigantopithecus se limite a estimaciones.

La estimación más llamativa es la de su tamaño. Los investigadores creen que Gigantopithecus pudo medir entre 1,8 y 3 metros de altura, con un peso entre los 200 y los 500 kilos. Aunque no llegaría a las dimensiones ficticias de King Kong, estas medidas lo convertirían en el primate extinto más grande del que tengamos registro.

Su aspecto se ha recreado en ocasiones a imagen de otros seres legendarios como el Yeti o Big Foot. King Kong ha tenido su influencia, pues Gigantopithecus suele ser imaginado con aspecto de enorme gorila. Sin embargo, hoy día sabemos que fueron ancestros de los orangutanes, no de los gorilas, tal y como se pensaba a inicio del siglo XX.

¿Por qué se extinguió Gigantopithecus?

El análisis de los dientes a través de modernas técnicas científicas nos ha permitido saber que estos enormes simios tenían una dieta a base de bambú y frutas. Aunque su poblamiento se ubica en Eurasia, la mayoría de los restos se han hallado en India, China y Tailandia, en zonas que nos indican que Gigantopithecus habitó en bosques densos y húmedos, donde tenía acceso a todos los recursos necesarios para vivir.

Pero hace 300 000 años el clima y la acción de Homo erectus pudo acabar con esta especie. Durante el Pleistoceno se dieron enfriamientos que secaron grandes zonas boscosas y acabaron convertidas en sabanas. Esta retirada de su hábitat, unida a la presencia de Homo erectus, supuso una competencia por los recursos insuperable para Gigantopithecus que, incapaz de adaptarse a las nuevas condiciones, desapareció.

Referencias:

Casado, D. 2005. King Kong era asiático y comía bambú. 20minutos.es.

Lopatin, A. et al. 2022. Gigantopithecus blacki (Primates, Ponginae) from the Lang Trang Cave (Northern Vietnam): The Latest Gigantopithecus in the Late Pleistocene? Doklady Biological Sciences 502, 6-10. DOI: 10.1134/S0012496622010069.

Zhang, Y. et al. 2014. New 400–320 ka Gigantopithecus blacki remains from Hejiang Cave, Chongzuo City, Guangxi, South China. Quaternary International 354, 35-45. DOI: 10.1016/j.quaint.2013.12.008.

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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