Giganotosaurus, el dinosaurio carnívoro más grande de Jurassic World Dominion

El gigantismo es un proceso evolutivo que se observa en varios grupos de dinosaurios carnívoros a lo largo de su historia. Uno de estos grupos de dinosaurios colosales, los carcarodontosáuridos, dominó el mundo durante el Cretácico y fue competencia directa de los famosos tiranosáuridos.

 

Si preguntamos en el imaginario popular el nombre de un gran carnívoro de la era de los dinosaurios, sin duda, nos viene a la mente el tiranosaurio. Y es que, Tyrannosaurus rex es, probablemente, uno de los dinosaurios carnívoros más estudiados y más famosos en la cultura popular. Además, es el dinosaurio que ha ocupado la gran pantalla como protagonista a lo largo de toda la saga de “Parque Jurásico”.

Los estudios sobre esta especie, así como miembros de su grupo, van desde estudios meramente anatómicos a estudios de paleobiogeografía, su distribución mundial, y a estudios de biomecánica, tamaño corporal y otras características biológicas.

La fascinación por este dinosaurio parte de su aspecto feroz, y, en especial, de su enorme tamaño, con un enorme cráneo a pesar de sus irrisorias pequeñas extremidades. Sin embargo, el gigantismo en dinosaurios carnívoros no es un proceso único de este grupo, ni tampoco es un grupo que dominase la Tierra durante todo el periodo Cretácico.

De hecho, a día de hoy, nuevos descubrimientos muestran que los parientes más primitivos durante el Cretácico Inferior de este dinosaurio dentro de su grupo, los tiranosauroideos, eran de pequeño tamaño y que, durante este periodo, había otros grandes carnívoros que dominaban el mundo, los carcarodontosáuridos.

Montaje del esqueleto de Giganotosaurus en el MEF (Trelew, Argentina). Crédito: Elena Cuesta
Montaje del esqueleto de Giganotosaurus en el MEF (Trelew, Argentina). Crédito: Elena Cuesta

Giganotosaurus, el terror de Argentina

Dentro de este grupo, los carcarodontosáuridos, cabe destacar a la especie que, posiblemente, alcanzase un mayor tamaño, Giganotosaurus carolinii. Sin duda, las características de este dinosaurio lo hacían merecedor desde hacía mucho tiempo de protagonizar grandes escenas en alguna de las películas de la gran saga de Steven Spielberg. El último tráiler de la última entrega, “Jurassic World: Dominion”, que se estrenará el próximo 9 de junio, así como imágenes del prólogo promocional y en algunas revistas de cine, muestra, por fin, su presencia en las películas, protagonizando algunas de las escenas de acción de la película.

Los restos de este dinosaurio fueron hallados por el aficionado Rubén Carolinii en Neuquén, Argentina, en 1993 y fueron publicados por primera vez en la revista Nature, por Rodolfo Coria y Leonardo Salgado en 1995. Actualmente, sus restos fósiles, que tratan de un esqueleto casi completo, se pueden visitar en el Museo Ernesto Bachmann de Villa El Chocón (Neuquén Argentina).

Giganotosaurus vivió hace unos 100 millones de años, en la edad llamada Cenomaniense, al inicio del Cretácico Superior, y es uno de los carcarodontosáuridos posteriormente evolucionados dentro de su linaje.

Recientemente, diversos estudios sobre su cerebro y oído interno, dirigidos por la neuropaleontóloga Ariana Paulina Carabajal, junto a otros paleontólogos argentinos como Juan Canale y Nicolás Nieto, indican que este dinosaurio tenía mayor sensibilidad a los movimientos laterales de giro de la cabeza, aunque menos eficientemente que en tiranosáuridos, y que presentaba un cerebro muy expandido como su pariente africano Carcharodontosaurus iguidensis, aunque de menor tamaño que en Tyrannosaurus.

Al igual que otros de sus parientes argentinos como Mapusaurus y Tyrannotitan, Giganotosaurus presenta un cráneo engrandecido comparado con su tamaño corporal, con mucha ornamentación facial y con menos sacos de aire internos que en Tyrannosaurus, haciendo que su cráneo sea muy robusto y endurecido y que su mordedura fuese muy potente y fuerte.

Este aumento en el cráneo, junto con otras características, se observa durante la evolución del grupo de los carcarodontosáuridos, pero también en otros grupos como en los tiranosauroideos y los abelisauroideos, que además tienen en común que algunos de sus representantes son de enorme tamaño. Entonces, ¿está relacionado este proceso de crecimiento del cráneo con ese aumento del tamaño corporal? ¿Y lo mismo pasaría con los brazos tan pequeños de algunas especies de estos grupos?

Réplica del cráneo de Giganotosaurus. Crédito: Kabacchi/Wikimedia Commons
Réplica del cráneo de Giganotosaurus. Crédito: Kabacchi/Wikimedia Commons

Gigantismo en dinosaurios carnívoros

No cabe duda que Tyrannosaurus es un dinosaurio considerado un gigante del Cretácico por su gran tamaño. Sin embargo, no es el único dinosaurio carnívoro que presenta esta característica. Existen otros dinosaurios del linaje de los terópodos, el linaje que da lugar a las aves actuales, donde encontramos una diferencia de tamaño entre sus especies más primitivas, normalmente de pequeño o mediano tamaño, y aquellas más modernas, de proporciones enormes. 

Este proceso se conoce como gigantismo y lo tenemos en grupos como los abeliauroideos, dinosaurios del hemisferio sur como Carnotaurus o Abelisaurus, los tiranosauroideos, con el ya nombrado Tyrannosaurus rex y otros relativos como Albertosaurus o Gorgosaurus, los carcarodontosáuridos como Giganotosaurus y Mapusaurus, y otros grupos de terópodos, que aunque cambian su dieta carnívora por una dieta basada en el consumo de plantas, también presentan casos de gigantismo como los ornitomimosaurios con el caso de Deinocheirus.

En todos estos grupos, además del aumento del tamaño general corporal, encontramos que hay variaciones en las proporciones de algunos elementos en su esqueleto, como el cráneo o las extremidades. Estos cambios se deben a lo que se conoce en biología como alometría, el crecimiento desigual de distintas partes del cuerpo en el desarrollo de una especie. ¡Imagínense que al aumentar el tamaño del esqueleto, tanto cráneo como extremidades y cola aumentasen también su tamaño proporcionalmente! Esto supondría un gasto tremendo de energía y, además, sería poco funcional. Cuando estos cambios se dan a lo largo del proceso evolutivo y vemos cambios de la maduración de especies respecto a sus ancestros, hablamos de heterocronía. El gigantismo de estos grupos está asociado a estos procesos de heterocronía, donde unas partes crecen más lentas en las especies más evolucionadas respecto a sus ancestros, como es el caso de los brazos en Carnotaurus, un abelisauroideo de Argentina, y el famoso caso en Tyrannosaurus, motivo de bromas en la cultura popular, y otras partes crecen más rápido en estas especies que en sus ancestros, teniendo una robusta cabeza con cuernos en Carnosaturus  o el cráneo fuertemente desarrollado de Giganotosaurus. Por el contrario, en otros grupos, observamos lo opuesto, en el caso de Deinocheirus, cuyo nombre significa “manos terribles” debido a que presenta unos brazos enormes, vemos que su cabeza es, por el contrario, de pequeño tamaño en proporción a su enorme cuerpo.

A pesar de que estos grupos tienen en común que sufrieron un proceso de gigantismo a lo largo de su evolución, un estudio reciente muestra que este gigantismo sigue estrategias de crecimiento distintas en tiranosáuridos y carcarodontosáuridos. En este estudio se analizaron finos cortes de los huesos que permiten observar cómo eran los modos de crecimiento de los mismos. “Los resultados mostraron que mientras que los tiranosáuridos crecían mucho y rápidamente en sus primeros años, para luego estabilizarse cuando llegaban al tamaño adulto; los carcarodontosáridos crecían de manera un poco más lenta pero constante durante toda su vida” afirma uno de sus autores, el paleontólogo Juan Canale, especialista en carcarodontosáuridos argentinos, “no cabe duda que Tyrannosaurus y Giganotosaurus fueron los mayores predadores de sus respectivos ecosistemas, pero sus tamaños excepcionalmente grandes fueron adquiridos por procesos evolutivos diferentes”.

Giganotosaurus y Tyrannosaurus, reconstrucción 3D.
Giganotosaurus y Tyrannosaurus, reconstrucción 3D. Foto iStock

Carcarodontosáuridos y tiranosáuridos, compitiendo por el nicho ecológico

Históricamente se pensaba que los carcarodontosáuridos eran exclusivos de Gondwana, el continente que unía lo que ahora es África, Oceanía, Antártida y América del Sur durante el Mesozoico. Sin embargo, posteriores descubrimientos de miembros de este grupo en Norteamérica, Europa y Asia como Acrocanthosaurus, un dinosaurio carnívoro del Cretácico “medio” de Norteamérica o Concavenator, un carcarodontosáurido primitivo del Cretácico Inferior de Cuenca (España), muestran que este grupo tenía una distribución a nivel global durante el Cretácico, especialmente en el Cretácico Inferior y “medio”.

Su presencia durante estos periodos en los ecosistemas de Laurasia (el continente del hemisferio norte que engloba América, Asia y Europa) ha sido considerada la causa del retraso de los tiranosáuridos como depredadores ápices en los ecosistemas de este continente. Y es que no es hasta el Cretácico Superior, casi terminal, cuando los carcarodontosáuridos son escasos en Laurasia, que los tiranosáuridos, como Tyrannosaurus y otros de sus parientes, no ocupan lo más alto de la cadena alimenticia en este continente. De hecho, los tiranosáuridos son exclusivos del hemisferio norte debido a que el hemisferio sur sigue siendo dominado por los carcarodontosáuridos y los abelisáuridos durante el Cretácico Superior. La dominancia de estos grupos supuso limitar la expansión de los grandes dinosaurios “tiranos” en el hemisferio meridional, ya que la presencia coetánea de miembros de ambos grupos como grandes depredadores sería una fuerte competencia por los recursos en estos ecosistemas.

Así que, a diferencia de lo que vemos algunas imágenes de “Jurassic World: Dominion”, estos dos grandes titanes, Giganotosaurus y Tyrannosaurus, no se hubiesen encontrado nunca, ni temporal ni geográficamente, pero, de haberlo hecho, serían fuertemente competidores y, sin duda, al igual que en la película, protagonizarían una batalla épica. Sabiendo que la mordida de Giganotosaurus es posiblemente más poderosa, ¿se resolverá esta batalla con su victoria sobre la protagonista clásica de esta saga?

Referencias:

Canale, J. I., Novas, F. E., Salgado, L., Coria, R. A. (2015). Cranial ontogenetic variation in Mapusaurus roseae (Dinosauria: Theropoda) and the probable role of heterochrony in carcharodontosaurid evolution. Paläontologische Zeitschrift, 89(4), 983-993.

Cullen, T. M., Canale, J. I., Apesteguía, S., Smith, N. D., Hu, D., Makovicky, P. J. (2020). Osteohistological analyses reveal diverse strategies of theropod dinosaur body-size evolution. Proceedings of the Royal Society B, 287(1939), 20202258.

Coria, R. A., Currie, P. J. (2006). A new carcharodontosaurid (Dinosauria, Theropoda) from the Upper Cretaceous of Argentina. Geodiversitas, 28(1), 71-118.

Paulina-Carabajal, A., Canale, J. I. (2010). Cranial endocast of the carcharodontosaurid theropod Giganotosaurus carolinii Coria & Salgado, 1995. Neues Jahrbuch fur Geologie und Palaontologie–Abhandlungen, 258, 249-256.

Paulina-Carabajal, A., Nieto, M. N. (2019). Brief comment on the brain and inner ear of Giganotosaurus carolinii (Dinosauria: Theropoda) based on CT scans. Ameghiniana, 57(1), 58-62.

Elena Cuesta Fidalgo

Elena Cuesta Fidalgo

Nací en Santa Cruz de Tenerife pero estudié mi carrera y doctorado en Madrid. Soy licenciada en Geología-Paleontología (UCM), Máster en Geología Ambiental (UCM) y Doctora en Biología (UAM). Mi especialidad es la paleobiología de los dinosaurios terópodos, centrándome en sus relaciones filogenéticas y en su morfología funcional. Realicé mi tesis doctoral en el dinosaurio Concavenator corcovatus del yacimiento de Las Hoyas en Cuenca (Cretácico Inferior).

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